Me froté los ojos, intentando convencerme de que aquello que estaba viendo no era real, de que las imágenes desaparecerían si cerraba los párpados y volvía a abrirlos.Pero no desaparecieron.Las imágenes que se reproducían en la pantalla eran como cuchillos envenenados que se me clavaban en el cerebro. Cada segundo que pasaba, aquellas escenas se grababan más profundamente en mi memoria, desgarrando todo lo que todavía quedaba de mí.Imposible. Aquello era imposible.—¿Ahora lo ves claro? —La voz helada de Victor resonó en la habitación—. ¿Ya te rendiste?Antes de que pudiera responder, me agarró de la ropa, a la altura del cuello, y me propinó una bofetada que me hizo perder el equilibrio.—Hace mucho que deberías estar en el infierno, Nessa —maldijo, con una frialdad que me caló hasta los huesos.Esta vez no me moví.La mejilla se me hinchó y un hilo de sangre me resbaló del labio, pero apenas fui consciente del golpe. El dolor físico había quedado relegado a un segundo plano; aquel
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