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Capítulo 7

Author: Echo
El hospital psiquiátrico privado «Eden» era tan lujoso como un hotel de cinco estrellas, pero igual de asfixiante.

Todos los días me obligaban a tragar puñados de tranquilizantes.

Los medicamentos apagaban mis emociones. Con el paso de las semanas, empecé a sentir que mi mente se hundía en una niebla espesa, en la que los días se confundían y los recuerdos perdían sus contornos.

Perdí la noción del tiempo y casi llegué a olvidar quién era. Lo único que quedaba en mi mente era aquel sangriento
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  • La prueba de mi padre: De amantes a enemigos   Capítulo 7

    El hospital psiquiátrico privado «Eden» era tan lujoso como un hotel de cinco estrellas, pero igual de asfixiante.Todos los días me obligaban a tragar puñados de tranquilizantes.Los medicamentos apagaban mis emociones. Con el paso de las semanas, empecé a sentir que mi mente se hundía en una niebla espesa, en la que los días se confundían y los recuerdos perdían sus contornos.Perdí la noción del tiempo y casi llegué a olvidar quién era. Lo único que quedaba en mi mente era aquel sangriento video de las cámaras de seguridad.Hasta que un día, tres meses después…algo rompió la monotonía de mi encierro.Mientras estaba en el área de recreación del pabellón de alta seguridad, vi a través del grueso vidrio blindado a alguien que no podía estar allí.Julian.El hombre del video. Mi primer amor, al que supuestamente había asesinado.Llevaba una bata de hospital a rayas y estaba sentado en una silla de ruedas, mirando fijamente por la ventana.Mi cerebro, embotado por los medicamen

  • La prueba de mi padre: De amantes a enemigos   Capítulo 6

    Aquella mañana acababa de tirar la basura del motel en el contenedor de afuera. Al darme la vuelta, vi a Victor. Me estaba dando la vuelta para regresar al trabajo cuando una voz familiar me dejó paralizada.—Buenos días, hija mía.Victor acababa de bajar de un coche.No tuve tiempo de gritar. Dos enormes guardaespaldas se abalanzaron sobre mí y me estrellaron contra el capó. Las frías esposas se cerraron alrededor de mis muñecas con un chasquido metálico.—¡¿Qué están haciendo?! ¡Suéltenla! —gritó el dueño del motel, un hombre gordo que salió corriendo con el teléfono en la mano—. ¡Voy a llamar a la policía!—Lamento mucho haberlo asustado, señor —respondió Victor con elegancia, acercándose a él como si acabara de ocurrir un pequeño malentendido.Sacó varios documentos de aspecto oficial de su maletín y se los entregó.—Soy su padre. Mi hija padece esquizofrenia grave con tendencias violentas. Estaba bajo custodia, pero escapó hace dos semanas después de agredir a alguien.Para

  • La prueba de mi padre: De amantes a enemigos   Capítulo 5

    —¡Váyanse! ¡No sé nada!Me apoyé en el único brazo que tenía sano para incorporarme, tratando de alejarme de ellos y poner fin a aquel interrogatorio antes de que todo se viniera abajo.—¡Estoy mal de la cabeza! ¡Consumo drogas ilegales, estoy loca! ¡Todas estas heridas me las hice yo misma! Me tiré del cabello, desesperada por conseguir que creyeran mis mentiras. Si lograba convencerlos de que estaba delirando, quizá dejarían de investigar. Quizá no entrarían nunca en aquella habitación.Los policías observaron mi crisis con rostros inexpresivos.—Me temo que eso no es cierto, señorita Nessa —dijo el detective, levantando un informe—. Su análisis toxicológico salió completamente limpio. No está bajo los efectos de ninguna sustancia. Y las marcas de su cuerpo son, sin duda, producto de un maltrato prolongado.Dejó caer una carpeta con un sello oficial sobre la mesa de noche.—Esta es una orden de registro. Victor Cassano está en el pasillo. Ahora mismo nos va a llevar a la mans

  • La prueba de mi padre: De amantes a enemigos   Capítulo 4

    Me froté los ojos, intentando convencerme de que aquello que estaba viendo no era real, de que las imágenes desaparecerían si cerraba los párpados y volvía a abrirlos.Pero no desaparecieron.Las imágenes que se reproducían en la pantalla eran como cuchillos envenenados que se me clavaban en el cerebro. Cada segundo que pasaba, aquellas escenas se grababan más profundamente en mi memoria, desgarrando todo lo que todavía quedaba de mí.Imposible. Aquello era imposible.—¿Ahora lo ves claro? —La voz helada de Victor resonó en la habitación—. ¿Ya te rendiste?Antes de que pudiera responder, me agarró de la ropa, a la altura del cuello, y me propinó una bofetada que me hizo perder el equilibrio.—Hace mucho que deberías estar en el infierno, Nessa —maldijo, con una frialdad que me caló hasta los huesos.Esta vez no me moví.La mejilla se me hinchó y un hilo de sangre me resbaló del labio, pero apenas fui consciente del golpe. El dolor físico había quedado relegado a un segundo plano; aquel

  • La prueba de mi padre: De amantes a enemigos   Capítulo 3

    —Maya… —sollocé, aferrándome a ella.En aquella familia fría y demente, ella era la única persona que todavía me trataba con cariño, la única que no me hacía sentir que mi propia existencia era algo despreciable.—No tengas miedo, Nessa. Esta noche cambian de turno los guardias. Te sacaré por la vieja abertura para los perros que hay en la cerca de atrás. Tengo ahorros. Nos iremos a otra ciudad y no volveremos jamás.Asentí, incapaz de contener del todo las lágrimas, pero aferrándome a sus palabras como si fueran lo único que me quedaba. Por primera vez en mucho tiempo, podía imaginar una vida lejos de Victor, una vida en la que no tuviera que despertar cada mañana preguntándome qué castigo me esperaba..Cayó la noche y la mansión quedó sumida en un silencio sepulcral. Maya esperó el momento adecuado antes de conducirme hacia el jardín trasero. Avanzamos pegadas a los muros, procurando no hacer ruido y aprovechando las sombras para evitar las miradas de los guardias. Cada paso me a

  • La prueba de mi padre: De amantes a enemigos   Capítulo 2

    Un dolor agudo me hizo recobrar el conocimiento.Cuando conseguí abrir los ojos, descubrí que estaba tirada sobre el césped del jardín trasero de la mansión. El viento nocturno se colaba entre mis ropas y me calaba hasta los huesos. Apenas podía moverme, y cada intento de incorporarme hacía que las heridas me ardieran como si acabaran de abrirse.Junto a la fuente, varios cuervos se habían acercado a picotearme las heridas abiertas, confundiéndome con un cadáver.Los espanté como pude y, reuniendo las pocas fuerzas que me quedaban, conseguí ponerme en pie. Regresé tambaleándome a la mansión y subí a mi habitación, procurando no hacer ruido para que nadie reparar en mí.Ya no podía seguir soportándolo. No pasarme la vida esperando que mi padre terminara por matarme. Si quería sobrevivir, tendría que encontrar la manera de escapar por mis propios medios.Después de que mi tercer prometido me abandonara, había acudido a la policía. En aquel momento estaba convencida de que mi padre los h

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