Desperté con la mejilla apoyada sobre el pecho desnudo de Dante.El calor de su piel era constante y apacible, acompasado por el latido firme de su corazón. Me incorporé apenas unos centímetros para contemplar su rostro dormido bajo la claridad de la mañana.Verlo así, desprovisto de su habitual armadura, me encogió el vientre. Recordé cómo esa misma boca me había devorado apenas unas horas antes, entre las sábanas y bajo el agua, haciéndome olvidar el mundo exterior. Alcé una mano y le acaricié la mandíbula con la yema del índice, subiendo despacio hacia sus labios y el puente recto de su nariz.De pronto, su mano tibia se cerró sobre mi muñeca.En una fracción de segundo, Dante giró con agilidad limpia y se colocó sobre mí.Contuve el aliento, pero en sus ojos grises no había violencia. Una sonrisa suave y relajada curvaba sus labios, desprendiendo una calma tan luminosa que parecía un hombre distinto, ajeno a las sombras y a la pólvora:—Buenos días, mi reina —susurró con una voz a
Última actualización : 2026-10-21 Leer más