Mis dedos rozaban la moldura dorada de un retrato de 1920 cuando el crujido de la madera anunció su llegada.No me di la vuelta; no podía apartar los ojos de aquella pared. Eran decenas de vidas ajenas congeladas en lienzo, plata y papel fotográfico. Distintas épocas y distintos nombres, pero bajo cada peinado y tras cada mirada, el mismo rostro: mis pómulos, mis cejas, mis labios y ese color de ojos abisal que siempre creí una condena solitaria.Dante me rodeó por detrás, pasando sus brazos por mi cintura y apoyando el pecho contra mi espalda. Inhaló el aroma de mi cabello, pero sus músculos estaban tensos como cuerdas a punto de quebrar.—¿Quiénes son, Dante? —mi voz tembló en la quietud—. ¿Por qué estoy en todas partes?Apretó el agarre, pegándome a él:—Hace más de tres siglos, la matriarca de tu sangre, la Bruja de Ébano o la Gran Bruja, lanzó una maldición que se cosió a los huesos de los Moretti. Al principio eran finas líneas rojas que apenas ardían, pero con cada generación e
Última actualización : 2026-10-21 Leer más