El día que llegué a Dunmore estaba lloviznando. Había muchas personas afuera de la estación. Mientras arrastraba mi maleta hacia la salida, las ruedas iban dejando líneas húmedas en el suelo con un leve traqueteo.Nadie me esperaba, nadie gritaba mi nombre entre la gente y, sin embargo, no sentía ni un poquito de tristeza.Durante años me la pasé esperando que mamá y papá voltearan a mirarme, que Gary me dijera al menos una palabra amable y que Callum recordara las promesas que me había hecho.Solo cuando dejé de esperar me di cuenta de todo el peso que me había quitado de encima.Al encender el teléfono, la pantalla se llenó con más de una docena de llamadas perdidas de mamá, papá, Gary y Callum. Me quedé mirándolas un momento, con el dedo apoyado sobre el cristal. Si esto hubiera sido antes, les habría devuelto la llamada enseguida, aunque supiera de sobra que lo único que harían sería reclamarme. Esta vez, en cambio, deslicé las notificaciones para borrarlas todas y volví a poner el
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