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Capítulo 2

作者: Fernanda Paz
“Inteligente”. Era la palabra que más había escuchado desde que tenía uso de razón. Blythe era más bonita que yo y tenía una personalidad más simpática. Lo único que tenía a mi favor era ser inteligente. Me bastaba leer un libro una vez para memorizarlo o mirar un problema para comprenderlo al instante. Aun así, mis padres jamás me quisieron más por eso.

Gary también era inteligente, así que estaban muy orgullosos de él. Yo, en cambio, solo le sacaba un suspiro de cansancio a mamá.

—¿Para qué necesita una chica ser tan inteligente? Sería mejor que se pareciera más a Blythe, un poco más ingenua y dulce. Eso sí hace que la gente te quiera.

Con el tiempo, esa frase se convirtió en la justificación de todos para tener preferencias. Como decían que yo era inteligente y sabía valerme por mí misma, siempre le daban a Blythe la mejor comida, la ropa nueva y hasta el cariño de mis padres se lo llevaba ella.

La misma cualidad por la que se enorgullecían de Gary se convirtió, en mi caso, en el motivo exacto por el que no merecía que me quisieran.

Hasta que conocí a Callum, que iba un año arriba de mí en el colegio. En ese entonces él todavía no conocía a Blythe. Cuando le conté todo, se limitó a fruncir el ceño.

—¿Cómo te van a querer más por ser tonta? ¿A quién se le ocurre? Darcy, ser inteligente no es ningún defecto.

Tiempo después conoció a Blythe. Más de una vez lo descubrí riéndose sin poder evitarlo.

—Tu hermana no es la más despierta, pero tiene su gracia —me dijo.

Aun así, Callum me seguía gustando porque había sido la primera persona en decirme que mi inteligencia no era un defecto. Ahora, sin embargo, hasta él decía exactamente lo mismo que los demás.

La sala quedó en silencio por un momento. Gary fue el primero en impacientarse y golpeó la mesa de centro con los nudillos.

—¡Darcy, di algo de una vez! Mamá y papá hacen esto por la familia. Tampoco es que quieran lastimarte.

Mantuve la vista baja, con un nudo en la garganta que no me dejaba tragar. Tras un largo silencio, apenas alcancé a murmurar:

—Está bien.

Todos respiraron aliviados. Como si se hubieran puesto de acuerdo, cada uno sacó una bolsa que tenía escondida a la espalda.

—Ay, no pongas esa cara de amargada. Son tus regalos de graduación. Ya le dimos los suyos a Blythe y tú tienes los tuyos, para que después no andes diciendo que tenemos preferidos.

Miré los cuatro obsequios y mis ganas de llorar solo aumentaron. ¿Qué pretendían con esto? ¿Primero me lastimaban y luego me daban premios de consolación? Además, lo había visto todo minutos antes. Los regalos de Blythe eran el último modelo de teléfono, una laptop, un bolso de edición limitada y las entradas para el concierto al que llevaba meses queriendo ir. Lo que me entregaron a mí fue una pluma estilográfica cualquiera, un libro, un bolso de tela sencilla y un vestido al que ya le habían quitado la etiqueta del precio.

Tomé los regalos y me levanté para irme.

—Darcy —me llamó mamá. Vaciló un segundo antes de preguntar—: ¿Te quieres quedar a cenar?

Bajé la cabeza con una mueca amarga. Se suponía que esta también era mi casa, pero hasta para comer ahí tenían que invitarme a “quedarme”.

Tragué saliva para pasar el nudo en mi garganta y negué con la cabeza.

—No, gracias.

En cuanto salí del edificio, tiré los cuatro regalos al basurero de la entrada.

En el autobús de regreso, revisando el teléfono, me encontré con una publicación nueva de Blythe en sus redes sociales:

[Por fin se fue la fastidiosa. Ahora sí podemos cenar tranquilos.]

En la foto salían mis padres, Gary y Callum sentados a la mesa, que estaba llena de cangrejos, camarones, ostras y otros cinco platos. Todo eran mariscos, a los que tengo una alergia gravísima.

En ese instante casi agradecí no haberme quedado. De haberme quedado, me habría tocado comer pasta sola.

Al llegar al apartamento, comencé a empacar. En la sala, volteé los muñecos de trapo hacia la pared, como niños castigados en un rincón.

En el lugar más visible de mi escritorio había una postal debajo de un libro. Callum me la había dado antes de saber siquiera que Blythe existía. Era una foto del lago del campus y, en una esquina, estaba escrito con su letra desordenada: «Darcy, te estaré esperando en Stratton.»

La miré durante dos segundos, la saqué y la rompí por la mitad.

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