Siempre he sentido curiosidad por trazar la lista de reconocimientos de Gonzalo Celorio y, al revisar lo que recuerdo y lo que suele aparecer en fichas bibliográficas, lo que emerge es más un patrón que una enumeración cerrada: su carrera se ha visto marcada por premios y distinciones tanto en el ámbito literario como en el académico.
Desde mi lectura de reseñas y notas culturales, Celorio ha recibido reconocimientos que suelen otorgarse a quienes combinan producción narrativa y trabajo académico: galardones literarios nacionales por algunos de sus títulos, menciones y distinciones en círculos universitarios, y honores vinculados a su labor institucional. También es frecuente encontrar referencias a su integración en espacios oficiales de la cultura —nombramientos y cargos— que funcionan como reconocimientos públicos a su trayectoria. En conjunto, estos premios y distinciones reflejan una carrera valorada por su aporte a la literatura y a la crítica, más que una lista larga de trofeos mediáticos. Personalmente me parece interesante cómo esos reconocimientos subrayan su rol como puente entre la producción literaria y la divulgación académica.
Me encontré con este problema cuando decoraba mi habitación con posters y el celo dejaba esos molestos residuos blancos. Lo que mejor me funcionó fue usar aceite de cocina: apliqué un poco con un paño sobre la zona, dejé que actuara unos minutos y luego froté suavemente. El residuo salió casi como por arte de magia. Para superficies más delicadas, probé con alcohol isopropílico diluido, pero siempre testeando primero en un área pequeña.
Otra opción interesante es el calor. Usé mi secador de pelo en temperatura media, moviéndolo constantemente para no dañar la superficie. Al calentarse, el adhesivo se volvió más manejable y pude retirarlo con una tarjeta plástica. Eso sí, requiere paciencia para no raspar accidentalmente.