LOGIN—No, no metas la lengua... En el reducido espacio del asiento del copiloto, aquel hombre fornido me sujetó firmemente por los tobillos y me dobló las piernas con facilidad hasta dejar expuesta mi intimidad empapada. Jadeaba; su aliento ardiente me hizo estremecerme toda: —Te lo suplico... No. Eres mi cuñado... Dominado por el deseo, ignoró mis súplicas; se pasó la lengua por los labios y bajó la cabeza...
View MoreEscuchar las palabras “tu esposo” me estremeció. Nunca habría imaginado, ni en sueños, que Isaac sintiera algo por mí desde hacía tanto.Incluso estaba dispuesto a hacer a un lado su orgullo y suplicarme que lo amara.Decir que no me conmovía habría sido mentira. Después de todo, era el único miembro de la familia que no me maltrataba y siempre se preocupaba por mí.Desde el día en que entré a formar parte de los Palacios, mi cuñado, tan poderoso e inaccesible, me intimidaba. Sin embargo, me defendía cuando mi suegra me insultaba. También intervenía cuando la empleada doméstica intentaba hacerme la vida imposible.Al ver la intensidad con que me miraba, me conmoví.—Demuéstrame cuánto me amas —le dije después de besarlo sin poder contenerme.Isaac se quedó inmóvil por un instante, pero reaccionó, me sujetó por la nuca y me besó con más intensidad. Sus besos encendieron mi deseo; lo rodeé con las piernas y me apreté contra su cintura firme. Isaac, desbordado por el deseo, entrelazó los
Todos decían que Isaac era despiadado y que, cuando se ponía implacable, no perdonaba ni a su familia. Después de todo, alguien en su posición tenía que ser así. De otro modo, ¿cómo habría conseguido que la empresa cotizara en bolsa en apenas unos años?Máximo se asustó al ver la seriedad de Isaac. Rompió en llanto y empezó a suplicarle:—Me equivoqué. ¡Nunca volveré a aceptar dinero de nadie! De verdad estoy arrepentido. Por favor, perdóname esta vez.Más o menos entendí lo que sucedía. Máximo no trabajaba. Apostaba o se iba de fiesta y, cuando se quedaba sin dinero, se lo pedía a Isaac.Cuando Isaac se hartaba de él, Máximo buscaba atajos turbios para conseguir dinero. Esta vez hasta se había atrevido a aceptar un soborno destinado a Isaac. Isaac levantó la mirada hacia él y habló con calma:—Tienes dos opciones. La primera es que te envíe a prisión para que reflexiones sobre tus actos. La segunda...Hizo una pausa. Parecía haberme descubierto escondida junto a la escalera; me miró d
Después del desayuno, llegó el chofer de Isaac. Isaac le pidió que me llevara a casa. Durante todo el camino estuve inquieta, pues temía que mi suegra me bombardeara con preguntas cuando volviera.Había pasado toda la noche fuera.Al llegar, me puse las pantuflas con mucho cuidado y entré. Entonces llamé en voz baja:—¿Hola?Contra todo pronóstico, mi suegra no estaba en casa. Respiré aliviada.Acababa de sentarme en el sofá cuando recibí un mensaje de Isaac: “Descansa. Esta noche volveré por mi Aily”.El mensaje me dejó confundida.¿Qué pretendía decir? ¿Ya me consideraba suya? No le respondí. Lo de la noche anterior solo fue un accidente; no tenía sentido seguir dándole vueltas. Además… Máximo había vuelto.Máximo pasó toda la noche viendo fútbol acompañado y, cuando volvió, tenía unas ojeras muy marcadas.—Amor... —Máximo se sentó a mi lado con toda naturalidad y me abrazó—. Hace mucho que no lo hacemos. Quiero...—¡Es de día! ¿En qué estás pensando?Lo aparté y me negué. Máximo ya
—¿Cómo puedes ser tan torpe? ¿Ni siquiera sabes tomar aire?—¡Isaac, eres un pervertido! —protesté, avergonzada y furiosa, mientras daba un pisotón.—Sí, sí —admitió sin rodeos—. Soy un lobo pervertido que solo quiere comerse a Aily.Pasó los brazos por debajo de los míos y me levantó con facilidad. Me llevó a la recámara abrazada a él como un koala.Isaac me recostó en la cama y se echó encima de mí.—¿Cuántas rondas querías a cambio de todo ese afrodisíaco que me diste esta noche, eh?Sus palabras me dejaron sin respuesta. Me rozó la mejilla con el dorso de la mano y luego me dio un suave toque en la punta de la nariz.—Dime… ¿qué quieres?Miré su cara, parecida a la de mi esposo, y sin pensar respondí:—Quiero un hijo…Al oírme, Isaac también se quedó atónito. Bajó despacio la cabeza, miró mi vientre plano y lo tocó como por impulso. El calor de su palma hizo que se me contrajera el vientre.—Entonces voy a darte un hijo —dijo Isaac, para mi sorpresa.Creí haber oído mal, pero despu
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