Hace un tiempo me topé con las transmisiones de rphang mientras estaba navegando por Twitch buscando algo tranquilo para escuchar
antes de dormir, y lo que recuerdo con claridad es que empezó a narrar
audiolibros en la plataforma a finales de 2020, alrededor de
noviembre de ese año. Lo que más me llamó la atención fue la mezcla de calma y profesionalismo: no son lecturas improvisadas, sino sesiones con ritmo, pausas dramáticas y una selección de textos que parecía pensada para escuchar concentrado. En ese otoño-
invierno de 2020, muchos creadores migraron a formatos más íntimos por la pandemia, y rphang aprovechó ese momento para conectar con una audiencia que necesitaba compañía narrativa.
En mis primeras semanas siguiendo sus streams, noté cómo consolidó un horario regular —no tantas horas diarias, pero sí con consistencia semanal— y se especializó en novelas clásicas y relatos contemporáneos, alternando géneros para no cansar. La comunidad creció rápido porque sus retransmisiones eran un
refugio: gente comentando en calma, recomendaciones cruzadas y, a menudo, audios o fragmentos compartidos después en clips. Desde mi perspectiva de fan joven y curioso, fue una bocanada de aire: encendía la transmisión, me servía té y me dejaba llevar por la voz y el ritmo. También recuerdo que en aquellos primeros meses hubo debates sobre derechos y fragmentos leídos, y rphang fue cuidadoso con créditos y pausas entre capítulos.
No solo fue el momento lo que marcó, sino cómo evolucionó: lo que comenzó como sesiones puntuales en noviembre de 2020 se convirtió en una sección querida dentro de su canal, con momentos especiales —maratones de lecturas, colaboraciones y episodios dedicados— que consolidaron a rphang como referente de audiolibros en Twitch para muchos. Personalmente agradezco haberlo descubierto entonces: sus lecturas me acompañaron en noches de estudio y de descanso, y todavía guardo algunos clips como cápsulas de nostalgia. Al final, esa etapa inicial quedó como la semilla de algo que creció con cuidado y gusto.