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Todas las personas lo entendieron.Si Diana hubiera tomado la poción de goblin en la dosis correcta, habría dado a luz a un híbrido normal. Pero quiso tener varios de golpe; duplicó y triplicó la dosis y terminó por deformarlo.La noticia corrió como pólvora por todos los clanes. El Clan de los Dragones Plateados volvió a ser el blanco de las burlas.La reputación del clan se fue al piso y la situación de Diana se volvió un infierno.***Un mes después, salí a dar una vuelta por la ciudad. De regreso a casa, vi a Diana a lo lejos, cargando algo en los brazos, moviéndose a escondidas y a toda prisa.Había oído que últimamente estaba fuera de sí, que veía a los hijos de otros como si fueran suyos.No le di más importancia y seguí mi camino.Pero al llegar, encontré la puerta de mi casa entreabierta. La incubadora estaba vacía. Los dos huevos de dragón habían desaparecido.El corazón se me hundió. De golpe recordé el camino por el que la vi irse: conducía directamente a mi casa.Entré cor
Cuando desperté, Lorenzo estaba sentado al lado de la cama, con la mirada tierna.A un lado, dentro de una incubadora con control de temperatura, reposaban dos huevos de dragón. La superficie brillaba con un resplandor dorado tenue.Desde el cuarto de al lado se oyó el grito agudo de Diana.—¡Me duele! ¡Ya no quiero tener a este niño, mátenme! ¡Me duele demasiado!—¡Aguanta un poco más, ya casi sale!Así que no alcancé a salir de la casa de mi papá antes de dar a luz. Diana estaba en el cuarto contiguo.Lorenzo se inclinó y me abrazó, en un susurro:—Amor, ¿cómo estás?Sus dedos rozaron mi mejilla pálida. En sus ojos solo había preocupación por mí.—¿Quieres que te lleve a casa?Negué con la cabeza.En mi vida pasada, la noche en que di a luz, Daniel se preocupó de principio a fin únicamente por el niño que le serviría para arrebatar el poder. Yo seguía sangrando, temblando de frío, y él ya me había puesto al bebé en los brazos, con la voz helada:—El niño necesita leche materna.Pero
De golpe, todo quedó en silencio.Lorenzo se incorporó de inmediato, saltó de la cama, se vistió en un par de movimientos y salió corriendo a llamar al sanador.Al poco rato, trajeron a un sanador al cuarto.El sanador, con guantes de hilo de plata, me examinó. Se le fue frunciendo el ceño, y la expresión le cambiaba una y otra vez.Lorenzo se quedó al lado de la cama, sin decir una palabra, tan tenso que parecía a punto de romperse.Después de un largo rato, el sanador por fin habló:—Felicidades, mi rey. La reina lleva en el vientre un feto híbrido de linaje dracónico de casi dos meses. Su sangre está estable, pero el pulso es extraño.Yo me mantuve relativamente tranquila, pero lo siguiente me dejó la mente en blanco.—Con este cuadro, es probable que pronto expulse la cáscara embrionaria.—¿Cáscara? —me quedé helada—. ¿No son diez meses de gestación y luego el parto, como en los humanos?Lorenzo soltó una risita contenida, me acarició el cabello y habló en voz baja, con un tono ásp
El representante del Clan de los Dragones Plateados habló con una frialdad cortante:—Lo siento. No reconocemos a ese cachorro. El acuerdo de la Alianza fue claro desde el inicio: el heredero debe ser concebido por una humana y el Rey de los lobos, o por una humana y el Rey de los dragones. ¿Un cachorro gris? No cumple con los requisitos.Un alto mando del Clan de los Lobos Negros se rió con desprecio y tomó la palabra:—Si van a jugar así, entonces cualquiera puede andar fabricando híbridos a lo loco. Si se ponen a mezclar sangre sin control, lo único que van a producir son monstruos. Nuestra postura es clara: nos negamos a reconocerle a ese cachorro ningún derecho de sucesión.Los elfos, que estaban a un costado, también marcaron distancia:—Nuestra raza ya no participa en estas deliberaciones. No nos metemos en política.Una abstención. Dos votos en contra.Y el Clan de los Dragones Negros, como siempre, al margen, apartado de todo. En un momento así, ni siquiera hacía falta que abr
—Este es el hijo de Daniel.Diana se puso de pie y alzó la voz.—¡Entre los lobos, el color del pelaje también se hereda! ¡¿Con qué derecho me insultan?!Lo que Diana no sabía era que, para mantener la sangre pura, la realeza del norte jamás se casaba con otras ramas de lobos. Desde tiempos antiguos eran lobos plateados y solo lobos plateados. Era imposible que naciera uno gris.Daniel se incorporó lentamente. Se le marcaron las venas de la frente y el rostro se le desencajó.—Dime la verdad.La miró fijamente, como si quisiera atravesarla.—¿De quién es ese cachorro? Si no hablas, hoy mismo lo estrello contra el suelo.Ya había extendido la mano para arrebatarle el cachorro.Mi padre se apresuró a frenarlo, hablando a toda prisa, desesperado:—Daniel, Diana no haría algo como… como acostarse con alguien más. ¿Cómo podría ella…?Como quien se agarra de un salvavidas, Diana le empujó el cachorro a los brazos.—¡Míralo bien! ¡La nariz, la boca, es igualito a ti!Daniel alzó al pequeño lo
—Señorita Manzur, sé que no te casas conmigo por voluntad propia. Pero puedo garantizarte algo: todo lo que yo tenga, lo compartiré contigo. No tienes por qué preocuparte por el dinero.Volví en mí y lo vi de pie a mi lado. El aroma del incienso que llevaba me llegó a la nariz: frío, limpio y, sin embargo, extrañamente tranquilizador.Alcé la vista, sonreí y le dije:—No tengo ninguna queja. Elegirte fue la mejor decisión de mi vida. Y de ahora en adelante, llámame Sonia.Una emoción fugaz le cruzó los ojos; después asintió.***El día de la boda, por parte de los lobos la ceremonia fue muchísimo más grande que en mi vida pasada.Daniel, siguiendo el gusto de Diana, tiñó todo el territorio del norte de rojo. El palacio estaba lleno de faroles y adornos, y hasta invitaron a los elfos —que casi nunca se dejan ver—, además de enanos, centauros y una bruja poderosa. Del lado humano, prácticamente todos los nobles fueron a celebrarlo.Por parte del Clan de los Dragones Negros, solo asistier







