Tengo una técnica que cuido especialmente para limpiar mis
moyetes de colección y proteger los detalles que más me gustan. Antes de tocar cualquier pieza, me detengo un momento a observar el material, la pintura y las partes móviles: no trato igual una figura de PVC con pintura delicada que un muñeco de vinilo macizo o una pieza de resina sin barniz. Ese pequeño hábito me ha salvado muchas figuras de limpiezas demasiado agresivas y me ayuda a elegir herramientas y productos que no alteren colores ni texturas.
Mi método básico es simple y seguro: primero, polvo con un pincel de cerdas suaves o un pincel para acuarela seco; eso quita la mayor parte de la suciedad de las grietas. Para suciedad más adherida, preparo una mezcla de agua tibia y unas gotas de jabón de platos suave o champú para bebé; mojo apenas un paño de microfibra o un hisopo y doy toques suaves, evitando frotar fuerte sobre áreas pintadas. Para zonas pequeñas uso bastoncillos de algodón envueltos en el paño, y para las ranuras muy finas le paso aire comprimido a baja potencia o un palillo envuelto en microfibra. Uso guantes de nitrilo para no transferir aceites de la piel, y siempre trabajo con la figura apoyada sobre una toalla suave para prevenir arañazos.
En manchas difíciles hay que tener mucha precaución: alcohol isopropílico al 70% puede funcionar en tintas o pegotes, pero lo pruebo en una parte oculta y lo aplico con un hisopo, sin empapar. No utilizo acetona ni disolventes fuertes en piezas pintadas, porque se llevan la pintura. La famosa esponja mágica puede ayudar con manchas en gabinetes plásticos sin pintura, pero es ligeramente abrasiva, así que paso primero una prueba discreta. Para piezas de resina sin sellador, me limito al agua jabonosa y pincel suave; en resina pintada antigua prefiero dejar la limpieza ligera o consultar a un restaurador. Si una figura tiene pegamento viejo o restos de adhesivo uso aceite vegetal en muy poca cantidad para ablandar y luego limpio con jabón, pero mantengo esa técnica como último recurso.
La prevención es mi parte favorita: exhibo en vitrinas cerradas para reducir polvo y luz directa, coloco silica gel si la zona es húmeda y rotulo las cajas para evitar manipulaciones innecesarias. Evito ubicarlas en ventanas o bajo iluminación halógena intensa y las cambio de posición con cariño para que no se decoloren por demasiada exposición. Para guardar largos periodos envuelvo en papel libre de ácido o microfibra y uso cajas acolchadas. Si alguna pieza es realmente valiosa o antigua, opto por asesoría profesional en restauración en lugar de experimentar en casa. Mantener una rutina de limpieza suave y ver la colección como algo vivo hace que cada intervención sea una pequeña ceremonia; así mis moyetes no solo se mantienen limpios, sino que duran más y conservan su alma de colección.