Justo acabo de ver la publicación en sus redes y todavía me late el corazón de emoción. He estado siguiendo a Kate desde hace tiempo y, según lo que compartió, sí publicó fechas para una serie de firmas: lo anunció en su sitio oficial y también en Instagram y X, con enlaces a las librerías colaboradoras. No dio todos los detalles al mismo tiempo; algunas paradas tienen hora y lugar confirmados, mientras que otras aparecen como “próximamente” porque están cerrando acuerdos con librerías independientes y festivales literarios.
La reacción de la comunidad fue inmediata: fans comentando dónde se apuntan, fotos de las portadas firmadas y preguntas sobre entradas o pases. También publicó información sobre condiciones (si habrá limitación de ejemplares por persona, si habrá sesión de preguntas o solo firma rápida), y enlazó a una lista donde se puede ver el estado de cada evento. Personalmente, ya marqué una fecha en el calendario: me encanta cuando los autores van a librerías pequeñas porque se siente más cercano, más auténtico. Si todo va bien, será una buena mezcla de firmas en grandes cadenas y encuentros íntimos en locales independientes.
En fin, me pareció un anuncio muy bien pensado: claro, con la suficiente flexibilidad para ajustar detalles y con la energía de siempre. Estoy animado y con ganas de organizar una quedada con amigos lectores en una de esas paradas, porque estas giras son tan de comunidad como de promoción.
No puedo negar que he estado atento a cualquier novedad y, por ahora, lo que percibo es una mezcla entre anuncios firmes y rumores: hay fechas públicas compartidas, pero también circulan comentarios de posibles paradas que aún no figuran en la lista oficial. Parece que Kate ha publicado un calendario inicial en sus canales, con algunas firmas confirmadas y otras pendientes de concretar con librerías y organizadores.
Lo que me deja tranquilo es que la comunicación ha sido constante; ya sea por redes o por su página, ha habido actualizaciones y matices sobre el tipo de evento (si habrá charla previa, si la firma será breve, o si habrá límite de ejemplares). Como lector ocasional que disfruta de estas giras, valoro ese equilibrio entre confirmar lugares y mantener margen para añadir más ciudades según la demanda. En resumen, hay movimiento y señales claras de una gira en marcha, pero conviene estar pendientes de las actualizaciones finales para tener la info completa.
En mi caso, siguiendo cuentas de organizadores y de librerías, noté que Kate compartió una primera tanda de fechas, pero no es la lista definitiva. Su anuncio oficial incluía algunas ciudades confirmadas y varias entradas marcadas como pendientes; suele pasar que los autores confirman unas paradas primero y van añadiendo más conforme cierran logística con espacios locales. Además, muchas veces publican información adicional en su boletín para suscriptores antes de actualizar el calendario público.
Desde el punto de vista práctico, lo que llamó mi atención fue que especificó modalidades distintas: firmas abiertas, eventos con cupo limitado y apariciones en ferias del libro. También dejó claro que ciertas firmas requieren entrada o registro previo por cuestiones de aforo, algo muy habitual hoy en día. Personalmente aprecio cuando los comunicados incluyen ese tipo de detalles porque evitan confusiones y ayudan a planear el viaje o la asistencia con tiempo.
En resumen, hay fechas confirmadas, otras en proceso y buena comunicación; eso me da la tranquilidad de que la gira probablemente se ampliará con más paradas y con protocolos claros, lo que facilita que más gente pueda verla en directo.
2026-07-21 10:56:58
3
View All Answers
Scan code to download App
Related Books
Las tarjetas del perdón se acabaron
Junio
0
2.1K
Diego Pinto organizó sesenta y seis viajes solo para pedirme matrimonio.
Y fue recién en el intento número sesenta y siete que logró de verdad tocarme el corazón.
El día después de la boda, le preparé sesenta y seis tarjetas de perdón.
Teníamos un trato: cada vez que me hiciera enojar, podía usar una para ganarse mi perdón sin discusiones.
Durante seis años de matrimonio, cada vez que me enojaba por su amiga de toda la vida, él venía y me pedía que le quitara una tarjeta.
Pero cuando usó la tarjeta número 64, Diego se dio cuenta de que algo en mí ya había cambiado.
Tenía tres meses de embarazo cuando ocurrió el accidente automovilístico.
En esos últimos instantes, mientras mi conciencia se desvanecía, marqué desesperadamente a la línea privada y encriptada de Damian, aquella reservada solo para emergencias.
Él nunca contestó.
Para cuando me llevaron de urgencia al quirófano, recibí un golpe devastador: Damian había reasignado por la fuerza a mi médico privado principal al Distrito Sur. Necesitaba al mejor doctor para atender a su amor de la infancia, Evelyn, quien acababa de enviudar.
Cuando por fin desperté, envuelta en una neblina de agonía, mis dedos temblorosos deslizaron la pantalla y abrieron Instagram. Vi la publicación más reciente de Evelyn:
«Sabía que, sin importar la distancia ni el tiempo, Damian movería cielo y tierra para llegar hasta mí. Incluso trajo a su Médico Jefe solo para ayudarme a sanar de mi dolor».
En la foto que acompañaba el texto, Damian —un hombre conocido por sus ojos fríos y letales— miraba a la mujer a su lado con una ternura que yo no había visto en años.
Mientras yo me aferraba a la vida al borde de la muerte, luchando por salvar a nuestro hijo, mi esposo jugaba a ser el protector de otra mujer embarazada.
Una risa hueca y llena de burla hacia mí misma escapó de mis labios. Sin pensarlo dos veces, deslicé la alianza de bodas fuera de mi dedo anular. Abrí mi bandeja de entrada y presioné «Confirmar» en la invitación del Instituto Internacional de Finanzas más elitista del mundo.
Si Evelyn es lo único que le importa, entonces les daré mi bendición.
En siete días, desapareceré de su mundo para siempre… y me llevaré a mi bebé conmigo.
Finn, mi novio mafioso, siempre peleaba con Amanda, su amiga de la infancia.
Para mi cumpleaños, ella me regaló un mini vibrador.
—Toma. Por si llegan a una segunda ronda. Nadie conoce su resistencia mejor que yo.
Finn le lanzó un frasco de base de maquillaje.
—Ponte un poco más. Tal vez así alguien quiera tocarte.
Salieron empujándose entre sí y dieron un portazo. Las velas del pastel se consumieron por completo mientras yo permanecía sola, sentada frente a la mesa.
La primera vez que nuestras familias se reunieron para una cena formal, Amanda sonrió y deslizó un pequeño frasco de lubricante hacia Finn.
—Toma. Así la pobre no sufrirá tanto.
La expresión de Finn se volvió sombría.
—Mejor eso que quedarte llorando todas las noches abrazada a una almohada corporal.
Esta vez, Finn preparó unas vacaciones en una isla privada.
Un amigo en común me dijo en secreto que Finn planeaba pedirme matrimonio al atardecer, en un acantilado.
Tras siete años de espera, creí que por fin había llegado el momento. La meta ya estaba a mi alcance.
Me arreglé con esmero, me puse mi vestido más caro y caminé hacia el helipuerto. Abrí la puerta del helicóptero.
Amanda ya ocupaba el asiento del copiloto. Arqueó una ceja al verme.
—Chloe, llegaste. Soy claustrofóbica, así que no te importa si me siento adelante, ¿verdad?
Finn, con las manos en los controles, giró la cabeza hacia mí.
—Chloe, siéntate atrás. Me preocupa que le dé uno de sus berrinches y empiece a arañar y morder. Nos arruinaría el viaje.
No alcancé a responder; Amanda ya estaba discutiendo con él.
—¿Qué quieres decir con eso? ¿Crees que soy una carga?
—No es la primera vez que lo pienso. ¿Por qué hoy haces tanto drama?
La forma en que se respondían era tan natural que parecía un libreto ensayado mil veces.
En ese instante, todo el cansancio acumulado durante los últimos siete años me invadió.
Y, por primera vez, comprendí que ya no quería decirle que sí cuando me pidiera matrimonio.
Llevaba cinco años con mi compañero, el Alfa Callum Nash… pero ya había aplazado la ceremonia de coronación de la Luna cincuenta y dos veces.
La primera vez, Seraphina Vance, una Omega renegada a la que Callum había acogido, perdió el control y se transformó en su forma de lobo en el campo de entrenamiento. Él corrió enseguida a calmarla… y me dejó sola, olvidada en el terreno sagrado durante todo el día.
La segunda vez, a mitad de la ceremonia, Callum sintió que uno de los ancianos estaba molestando a Seraphina. Sin pensarlo, interrumpió el ritual de juramento y regresó a la manada solo para defenderla. Yo me quedé sola sobre el altar… escuchando cómo todos se reían de mí.
Desde entonces, cada vez que intentábamos celebrar la ceremonia de coronación de la Luna, Seraphina siempre encontraba algún problema que necesitaba la atención inmediata de Callum.
Al final… me cansé.
Me cansé de esperarlo.
Me cansé de creerle.
Así que decidí romper nuestro vínculo de apareamiento.
El día que abandoné el territorio de la manada, cuando Callum dejó de percibir mi olor… se volvió completamente loco.
Una empleada de mi empresa se fue a desahogarse en TikTok porque, según ella, yo no le aprobaba la licencia por matrimonio.
“Tenemos un bajo índice de matrimonios, una baja natalidad, y es culpa de ustedes, malditos capitalistas. ¡Ni siquiera me apruebas la licencia por matrimonio! ¿Para ti solo soy una esclava? Me creí tus mentiras, eso de ‘vamos a ser una empresa de puras mujeres, una empresa amigable con las mujeres’, y mírate ahora: se te cayó la máscara; ya se te vio la cara de capitalista que exprime a la gente hasta dejarla seca.”
El video explotó de la nada; un montón de jóvenes se sintieron identificados y se me fueron encima en redes, al punto de que hasta me mandaron navajas por correo.
Yo, como jefa, me lancé a hacer un live y me le fui directo contra ella.
“Lo siento, pero la licencia por matrimonio de Blanca no la voy a aprobar. Puede denunciar ante el Ministerio de Trabajo y pedir una audiencia de conciliación; si no hay acuerdo, puede demandarme en un juzgado laboral si quiere.”
El live reventó de gente.
Entre los que la apoyaban, aparecieron supuestos abogados y hasta se ofrecían a ayudarla gratis a demandarme, pero Blanca se quedó con el gesto tenso, como si no tuviera salida.
“Yo solo quería mi licencia; nunca pensé en renunciar, y mucho menos en demandar a Samantha…”
Siete Ausencias en el Registro: Mi Última Despedida
Gordo
0
17.6K
La séptima vez que Simón Narváez faltó a nuestra cita para registrar el matrimonio, corté todo vínculo con él de forma radical.
En las reuniones de amigos donde él asistía, yo faltaba deliberadamente.
Cuando lo invitaron al acto del aniversario universitario, abandoné el lugar antes de su presentación.
Si la empresa donde trabajaba optaba por colaborar con él, presentaba mi renuncia inmediata.
Incluso en Nochevieja, cuando vino a mi casa para dar los saludos del Año Nuevo, inventé una excusa para no estar en casa.
Lo bloqueé en el móvil, eliminé nuestros contactos mutuos, una ruptura total y definitiva.
Ni yo lo contactaba, ni él tenía forma de encontrarme.
Durante treinta años de mi existencia, había dedicado la mayor parte de mi tiempo a amarlo con devoción ciega, a cuidarlo con esmero.
No fue hasta esa séptima vez en el registro civil, cuando una vez más me dejó esperando sola, que finalmente abrí los ojos.
¡Bastó ya de aquella situación!
Preferí mil veces la soledad absoluta que seguir aguardando noche tras noche en un hogar vacío.