Hace años me metí a ver entrevistas antiguas y lo que encontré sobre Layne Staley fue una mezcla de
confesiones breves, silencios cómodos y muchas evasivas.
He visto fragmentos grabados donde Layne admite que gran parte de las
letras surgían de su dolor, la adicción y la
soledad, pero raramente se ponía a desmenuzar verso por verso. En entrevistas en radio o en cortos clips para TV solía hablar en general: que
escribir era una válvula, que las canciones eran reflejos oscuros de su vida y de la de quienes lo rodeaban. Lo que me quedó claro es que prefería que la gente sintiera la música en vez de recibir una explicación literal.
También es importante recordar que en «Alice in Chains» muchas canciones eran fruto del trabajo conjunto: Jerry Cantrell, por ejemplo, aportaba tanto música como letras en varios temas, y otras piezas salían de jam sessions o
intuiciones compartidas. Por eso, cuando alguien busca una explicación definitiva de una letra, suele encontrarse con respuestas parciales, declaraciones sobre temas generales (pérdida, desesperanza, drogas) o simplemente con la negativa de Layne a encarcelar la canción con una sola interpretación. En mi opinión eso hace sus temas más potentes, porque siguen hablando hoy a distintas generaciones sin perder misterio.