Aunque conozco la historia de Ernesto Guevara, me gustaría confirmar detalles del autor detrás de 'Diarios de motocicleta' antes de profundizar en sus memorias de viaje.
2026-07-21 03:05:43
172
Follow14
Share
TeoArena
Lector fiel
Editor
ABO Personality Quiz
Take a quick quiz to find out whether you‘re Alpha, Beta, or Omega.
Scent
Personality
Ideal Love Pattern
Secret Desire
Your Dark Side
Start Test
8 Answers
Bennett
Buen lector
Ingeniera
He consultado varias versiones de «Diarios de motocicleta» y siempre vuelvo al mismo dato clave: el autor es Ernesto Guevara. Las entradas que forman el libro proceden de sus diarios personales durante el viaje en motocicleta por América Latina que hizo junto a Alberto Granado. Aunque mucha gente asocia el nombre a una figura política, aquí lo que se publica son notas de viaje, impresiones juveniles y descripciones humanas que, publicadas años después de esos hechos, muestran el germen de una conciencia crítica.
Desde una perspectiva más analítica, la obra adquiere distintas capas según la edición: algunas incluyen fotos, otras incluyen textos complementarios de Granado o anotaciones editoriales. Eso altera ligeramente la experiencia lectora. Personalmente valoro esas variantes porque permiten entender mejor el contexto y confirmar que, sí, la voz central es la de Ernesto, pero el testimonio se enriquece cuando se suman las memorias de su compañero.
2026-07-22 06:42:03
9
Tristan
Amigo lector
Estudiante
Me sigue fascinando que un cuaderno íntimo pueda transformarse en algo tan universal y reconocible. Yo suelo decirlo cuando recomiendo lecturas de viaje: «diarios de motocicleta» recoge las anotaciones de Ernesto Guevara —más conocido como el 'Che'— sobre el trayecto que hizo por Sudamérica en 1952 junto a su amigo Alberto Granado. Esas páginas son suyas, escritas en primera persona, y describen encuentros, paisajes y la forma en que la experiencia fue moldeando su mirada hacia la desigualdad social.
Con el paso de los años esas notas fueron recopiladas y publicadas, y en varias ediciones aparecen también aportes o comentarios de Granado, porque él acompañó y vivió buena parte de lo narrado. Leerlo me dejó la sensación de estar en la carretera con dos jóvenes curiosos: no solamente por la figura política que Guevara sería después, sino por el proceso humano que se ve en cada tramo. Terminé el libro pensando en lo frágil y potente que puede ser un viaje compartido.
2026-07-23 00:56:09
9
YagoToro
Voz lectora
Enfermero
Che Guevara lo escribió. A veces me pregunto qué habría pasado si este diario nunca se hubiera publicado. ¿Cómo sería nuestra percepción del Che? Probablemente más plana, más dogmática. Este libro le devuelve la complejidad, lo muestra como un ser humano en evolución, no como un icono estático. Por eso es tan valioso, incluso para sus críticos más acérrimos. Entender de dónde vino alguien es el primer paso para entender sus elecciones, aunque no las compartas. 'Diarios de motocicleta' es ese primer paso, contado en primera persona. Es un privilegio raro tener acceso a los pensamientos íntimos de una figura histórica en el momento justo en que su mundo se estaba expandiendo de forma traumática y gloriosa.
2026-07-24 16:45:40
3
CiroRojo
Buen lector
Editor
Fue escrito por Ernesto Che Guevara. La gente suele pensar que es una autobiografía de aventuras, y en parte lo es, pero en realidad es el diario de viaje que escribió durante su travesía por Sudamérica con Alberto Granado. Lo fascinante es que captura las reflexiones de un joven estudiante de medicina, antes de que se convirtiera en la figura revolucionaria mundialmente conocida. El tono es íntimo, lleno de observaciones sobre la pobreza y la injusticia social que vio, semillas de lo que luego sería su pensamiento. Muchos lo descubrimos por la película, pero el libro tiene una crudeza y un detalle que el cine solo puede sugerir. Es un texto fundamental para entender no solo al personaje histórico, sino también el poder transformador de un viaje. Su publicación póstuma reunió esos escritos juveniles, dándoles una coherencia narrativa que él quizás nunca buscó.
2026-07-24 20:17:27
15
Violet
Gran lector
Abogada
Mi recuerdo más claro del libro no es la portada sino la sorpresa de descubrir quién escribió realmente ese diario: Ernesto 'Che' Guevara. Al abrir «Diarios de motocicleta» me encontré con un joven que mira y anota, no con el mito ya construido; las páginas son suyas, relatan la travesía que compartió con Alberto Granado, y en algunas ediciones también aparecen comentarios o materiales de Granado que complementan el relato. Yo guardo esa imagen de dos amigos en ruta, y me gusta cómo el texto deja espacio para la sencillez y la reflexión sin pretensiones.
Esa humildad de los apuntes es lo que me sigue resonando cuando pienso en la autoría: es la voz de Ernesto, acompañada por la presencia viva de Granado, y eso le da autenticidad al testimonio final.
2026-07-24 21:54:50
15
View All Answers
Scan code to download App
Related Books
Secreto Ciclista En La Montaña
Mangonel
10
6.7K
Tengo dos genitales masculinos. El doctor me dijo que mi caso era rarísimo, una enfermedad incurable. Tampoco es que sea tan grave; ahí abajo tengo algo diferente a los demás y es bastante salvaje.
Pero a mí eso me arruinó la vida. Cada vez que llevaba a una mujer a casa, en cuanto me bajaba los pantalones y ella veía los dos mienbros, salía corriendo, muerta de miedo.
Mi amigo, Darío, sabía lo desesperado que estaba y me invitó a unirme a un club de ciclismo. Al principio no le di importancia. ¿Qué tiene de divertido estar en bicicleta? Pero él me dijo:
—No subestimes este club; está lleno de mujeres. Cuando subamos a la montaña de noche y esté tan oscuro que no se vea nada, ahí aprovechas para cogértelas. Las dejas bien contentas; te garantizo que no se van a resistir, y ya con eso la vida va a ser una maravilla, ¿no?
Me ganó la calentura y acepté ahí mismo.
El día de la boda, expuse su diario de infidelidades
MIA
0
1.4K
Después de que me despidieran, mientras buscaba trabajo, me encontré con una publicación:
—¿Qué trabajo da dinero más rápido?
La respuesta con más me gusta decía:
—Obvio, conseguir un sugar daddy es lo más rápido. El mío tiene poco más de treinta y ya es presidente de un grupo empresarial. Me mantiene con varios miles de dólares al mes, es guapo, atento… y en la cama ni se diga, puede pasar toda la noche conmigo sin cansarse.
Alguien preguntó cómo lo había conocido.
—En mayo del año pasado discutió con su novia. Estaba solo en un bar, borracho. Al verlo, fui a consolarlo y, al final terminamos juntos. Me dijo que su novia era una aburrida y anticuada, que parecía una vieja en la cama. Y que ya había perdido el interés en ella. Los hombres son así, siempre buscan algo nuevo afuera.
Cuando leí eso, mis dedos se quedaron congelados. Pues en mayo del año pasado, yo también había discutido con mi novio, Bryan. Esa noche no volvió a casa. Y cuando regresó al día siguiente, traía un fuerte olor a alcohol. Seguí mirando, y vi que la chica también había subido una foto.
—Miren, le dije que no tuve cuidado cocinando y que sin querer me corté el dedo, le dije que me dolía y él prometió que venía a cuidarme esta noche.
En la imagen, llevaba un anillo de diamantes en el dedo anular, cubierto parcialmente por una curita. Ese anillo era exactamente igual al anillo de compromiso que Bryan me había dado.
Casi al mismo tiempo, sonó mi teléfono. Del otro lado de la llamada se escuchó la voz de Bryan.
—Bella, surgió algo urgente en la empresa. No me esperes en la noche, no regresaré.
Le dediqué treinta años de mi vida a Julián Marchetti después de que terminó la guerra.
Construí su imperio, crié a nuestros hijos y mantuve unida a la familia desde las sombras.
Pero, cuando murió, su testamento ni siquiera mencionaba mi nombre.
La mitad de su fortuna fue para nuestros hijos. La otra mitad, para Lidia Carter, la hija del hombre que le había salvado la vida en Normandía.
La misma mujer que había robado mi identidad y construido toda su vida sobre las ruinas de la mía.
Lo único que me dejó fue una simple nota, garabateada con su inconfundible caligrafía: «Te amé. Tuvimos treinta años maravillosos. Pero le debo demasiado a Lidia. Esto es lo mínimo que puedo hacer por ella.»
Caí muerta de un ataque al corazón ahí mismo, en su estudio, aferrada a ese patético pedazo de papel.
Cuando volví a abrir los ojos, había vuelto a 1945, justo cuando la guerra acababa de terminar.
Esta vez no iba a reprimir mi rabia ni a sufrir en silencio. Estaba decidida a defenderme y a reclamar todo lo que legítimamente me pertenecía.
Después de renacer, tomé la firme decisión de dejar de obsesionarme con mi amigo de la infancia, Federico Torres.
En su fiesta de cumpleaños colgó un cartel que decía: «Prohibido perros y Clementina». Sin titubear, me largué a Hawái y puse océanos de por medio.
Cuando comentó que el simple olor de mi perfume le revolvía el estómago, obedecí y me mudé sin chistar.
Al graduarnos anunció que no pensaba respirar el mismo aire que yo en ninguna ciudad; hice mis maletas —rápido— y desaparecí para siempre.
Por último, aseguró que mi mera existencia podía malinterpretarse ante su amor imposible.
Asentí y, muy pronto, presenté en redes a otro chico como mi novio.
Una y otra vez elegí lo contrario a lo que hice en mi vida pasada.
Porque, en aquella otra vida, cuando por fin me casé con él, su amor ideal se arrojó desde un acantilado.
Él me llamó asesina, me torturó, me quebró… y acabé devorada por los peces.
Esta vez, lo único que quiero es vivir de verdad.
Así que tomé de la mano a mi nuevo novio.
Pero Federico se plantó en medio de la calle, con los ojos encendidos de rabia.
—Clementina, ven conmigo ahora y olvidaré esta broma.
Hace ocho años, le rompí el corazón al único hombre que he amado.
Ahora, tras pasar casi una década en el extranjero, Liam Hayes por fin volvía a casa. Y no venía solo: traía a su nueva novia para presentarla a su familia.
Ese mismo día, el hospital me dio su veredicto final. El cáncer había ganado. Ya no quedaba nada por intentar, ningún tratamiento que probar. Me enviaron a casa sabiendo que mis días estaban contados.
Cuando el señor Liam me vio en el hospital, mientras mi madre me ayudaba a subir a una silla de ruedas, una sonrisa gélida curvó sus labios.
—Ocho años —dijo, con una frialdad que calaba los huesos—. ¿Y en esto te convertiste? ¿Ya ni siquiera puedes caminar sola?
El desprecio se filtraba en cada una de sus palabras.
Yo solo tiré de la manga de mi abrigo hacia abajo, ocultando las marcas de los pinchazos de las agujas en el dorso de mi mano.
—No es nada —respondí en un susurro—. Me caí y me fracturé un hueso. Eso es todo.
Él soltó una carcajada seca y amarga.
—En ese caso, ya que me voy a casar pronto, ¿por qué no vienes a la boda? Serías la dama de honor perfecta para mi prometida.
Le sonreí, fingiendo que sus palabras no me estaban desgarrando el alma.
—Te lo agradezco, pero no podré. Estoy a punto de irme a un lugar muy, muy lejano.
Luego, le di una palmadita en la mano a mi madre, pidiéndole en silencio que me sacara de ahí y me llevara a casa.
Me quedé mirando el contrato matrimonial de los Vercetti que mi padre empujó sobre la mesa. Sin pensarlo dos veces, escribí el nombre de mi media hermana, Demi, y se lo devolví deslizándolo.
Mi padre se quedó de piedra, antes de que entonces sus ojos se encendieron con una emoción tan absurda que parecía que acababa de ganarse la lotería.
—¿Cómo puedes darle a tu hermana una oportunidad tan perfecta?
En mi vida pasada, mi matrimonio había sido el chiste de todos.
Yo era la pelirroja indomable, la brujita salvaje que se atrevió a meterse en la órbita de Cassian Vercetti, heredero y líder de la familia criminal Vercetti, de sangre vieja.
Nunca fui perfecta ni obediente.
Mientras a él le encantaban los vestidos de diosa, yo usaba minifaldas y bailaba arriba de las mesas.
Él exigía una intimidad misionera: tradicional, ordenada, correcta. Yo quería subirme encima, montarlo, perderme por completo.
En una gala, las esposas de la alta sociedad se reían de mi cabello, de mi vestido, de mi «“salvajismo».
Pensé que, al menos, él fingiría defenderme; pero no lo hizo.
—Perdónenla. Ella no está… debidamente entrenada.
«¿Entrenada? Como un perro.»
Me había pasado toda mi vida pasada asfixiándome bajo sus reglas, doblándome hasta sangrar para encajar en la forma que él quería… hasta la noche en que nuestra casa se incendió.
Tras lo cual, cuando volví a abrir los ojos, me di cuenta de que había regresado al instante exacto en que me enteré del matrimonio arreglado.
Miré el contrato frente a mí.
«¿Otra vez? Creo que a mí me quedan mejor los chicos de la discoteca».
Pero en el momento en que Cassian se dio cuenta de que la novia no era yo, rompió cada regla por la que había vivido.
Mi piel se eriza al imaginar esos paisajes filmados en «Diarios de motocicleta», porque la película toma raíces de una historia real pero la poda para que funcione en cine.
Yo sé que el viaje de 1952 realmente existió: Ernesto Guevara y Alberto Granado recorrieron gran parte de Sudamérica en moto, y los cuadernos que escribió Ernesto más tarde se publicaron como «Diarios de motocicleta». Muchas escenas del filme nacen directamente de esos apuntes, como el encuentro con la miseria, la visita a hospitales y el vínculo humano que va transformando al joven viajero.
Al mismo tiempo, hay libertad artística. Se condensan tiempos, se mezclan personajes y se añaden episodios que ayudan a explicar emocionalmente la evolución de Ernesto hacia una conciencia social más aguda. Yo disfruto esa mezcla; me parece honesta en espíritu aunque no sea un documento fotográfico estricto. Al final, la película captura el impulso humano del viaje y deja una impresión más que una biografía exacta.
Tengo una ruta rápida para encontrar «Diarios de motocicleta» sin darte vueltas: lo primero que hago es revisar los servicios de streaming y después tiro de alquiler digital si hace falta.
En España suele aparecer en plataformas de compra o alquiler como Google Play/YouTube Movies, Apple TV y Amazon Prime Video (a veces en modo compra/alquiler, no incluido en Prime). También compruebo Rakuten TV y Filmin, que a veces tienen clásicos hispanoamericanos o títulos de cine de autor. Si prefieres físico, busco en tiendas de segunda mano y mercados online; un Blu‑ray bien conservado aparece con relativa frecuencia.
Para no perder tiempo uso JustWatch o la búsqueda directa en cada servicio; así veo si está en catálogo o solo para alquilar. Si lo encuentro en versión original o doblada, elijo según apetito: yo suelo verla en VO con subtítulos para captar los matices. Al final, es una película que merece ser vista con calma, y cada plataforma suele ofrecer buena calidad de imagen y subtítulos, así que yo opto por el rental digital cuando quiero verla ya y la he disfrutado muchísimo cada vez.
Me encontré una tarde con «Diarios de motocicleta» y salí del cine con la canción pegada al cuerpo: la película ganó el Premio Oscar a la Mejor Canción Original por «Al otro lado del río», compuesta e interpretada por Jorge Drexler. Ese triunfo fue un hito: no solo por la calidad de la música, sino porque puso el foco en una película latinoamericana que hablaba desde lo íntimo y lo político al mismo tiempo.
Más allá del Oscar, la película obtuvo reconocimiento en múltiples festivales y academias alrededor del mundo. Recibió numerosos premios y nominaciones por la actuación, la dirección y la música en certámenes de América Latina y Europa, así como elogios de la crítica internacional. En mi recuerdo personal, ese Oscar fue la punta del iceberg que legitimó una obra modesta pero poderosa y ayudó a difundir la vida y el viaje de Ernesto Guevara a nuevas audiencias; la canción de Drexler, sobre todo, sigue siendo lo que más me emociona de la película.
Recuerdo perfectamente la sensación: la sala medio llena, hojas mojadas en la calle y el cartel de «Diarios de motocicleta» iluminado en la entrada. Se estrenó en España el 29 de octubre de 2004, y fui ese fin de semana porque todo el mundo hablaba de Gael y de los paisajes sudamericanos que aparecían en cada fotograma.
Me impactó cómo una road movie basada en los apuntes de un joven Ernesto Guevara podía sentirse tan íntima y humana; la fecha quedó grabada no solo como estreno, sino como el día en que descubrí una manera distinta de contar viajes y transformaciones personales. Desde entonces, cada vez que vuelvo a ver la película recuerdo la emoción de aquel estreno español y cómo la música y la fotografía te arrastran aún hoy. Fue una de esas experiencias que se quedan pegadas al calendario personal, y esa noche salí del cine con la cabeza llena de rutas y de canciones.