Al latido del pecado.
Le pidió un segundo, luego de confirmar, para contestar.
—¿Ahora qué pasó?
—Un hermano por un hermano —dijo una voz que reconoció lo suficientemente bien par devolverlo a su viaje a Düsseldorf. A ese ring, a esa pelea.
—¿Qué le hiciste?— no perdió los estribos, aunque el monitor en su mano avisara que se aproximaba algo así.
—Nada. Aún nada, pero ¿esa moto tiene seguro?— preguntó riendo, mientras veía al motociclista reunido con otros dos en salida, preparándose. —Porque lo va a necesitar si llega a fallar a media carrera.