Me encanta rastrear cómo los clásicos españoles dialogan con ideas filosóficas profundas y, al hacerlo, veo que el
jusnaturalismo aparece en muchas novelas aunque no siempre con la etiqueta teórica. Por ejemplo, «Don Quijote» de Cervantes plantea una tensión constante entre códigos morales (esa idea de una justicia natural o ideal) y las leyes humanas de la sociedad; el protagonista actúa según un código que él considera justo, aunque choque con la ley vigente. Esa pulsión por una ley interior también la encuentro en autores del siglo XIX y XX.
Miguel de Unamuno es imprescindible: en «Niebla» y sobre todo en «San Manuel Bueno, mártir» la conciencia y la verdad interior se colocan por encima de normas sociales o religiosas, lo que es una lectura muy afín al jusnaturalismo desde lo moral y existencial. Benito Pérez Galdós, con novelas como «Doña Perfecta» o «Fortunata y Jacinta», explora cómo las leyes y costumbres chocan con derechos naturales de las personas, mostrando la violencia de las convenciones. También Clarín en «La regenta» cuestiona la hipocresía social y plantea tensiones entre leyes sociales y la voz interior de sus personajes.
Si te atrae la idea de rastrear jusnaturalismo en la novela española, seguir ese hilo entre Cervantes, Galdós y Unamuno ofrece un mapa rico: no siempre te encontrarás con tratados filosóficos, pero sí con personajes que reivindican una ley moral anterior a la legalidad escrita. Esa sensación de verdad interior sigue siendo fascinante y muy vigente.