No puedo evitar sonreír cada vez que pienso en Timothy Hutton en «Leverage». En mi caso, con cuarenta y pico y habiendo visto montones de series de robos y equipos, el personaje de Nathan "Nate" Ford me pareció un guiño perfecto a los héroes imperfectos: un ex investigador de seguros que se convierte en la mente maestra de un grupo de estafadores que buscan hacer justicia fuera de la ley. Hutton le da a Nate esa mezcla de
cansancio, inteligencia y culpa que lo hace creíble; no es el clásico líder carismático sin fisuras, sino alguien golpeado por la vida que sigue tratando de hacer lo correcto a su manera.
Me encanta cómo su historia personal —la pérdida que arrastra y su aversión a
los gigantes que abusan del sistema— alimenta las motivaciones del equipo. Ver a Nate planear tiradas complejas,
delegar en Sophie, Parker, Hardison y Eliot, y luego pagar el costo emocional, es de lo que hacía especial a «Leverage». La actuación de Hutton no sólo aporta autoridad; aporta humanidad: esos pequeños gestos de resignación y humor seco que equilibran los momentos más tensos.
Al repasar la serie ahora, reconozco que sin ese pilar que era Nate la química del grupo habría sido diferente. Para mí, la interpretación de Hutton sigue siendo la razón por la que muchas escenas siguen funcionando cuando las vuelvo a ver: es la brújula moral
rota que termina guiando a los demás, y eso lo hace entrañable y memorable.