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Fugitiva con el hijo del magnate
Fugitiva con el hijo del magnate
Autor: Noorie

Capítulo 1

Autor: Noorie
Hace apenas un mes, me sentía la mujer más feliz sobre la faz de la tierra.

Ethan, mi esposo desde hacía cinco años, no tenía límites para demostrarme su afecto. Incluso insistió en que dejara de diseñar vestidos para la élite. No soportaba verme agotada.

Para probar su amor, compró una isla privada y la bautizó con mi nombre. Aquel gesto me convirtió en la mujer más envidiada de la ciudad. A cambio, lo único que deseaba de mí era un hijo. Un heredero para su imperio que se pareciera a mí.

Llevaba cinco años en el intento y, al fin, estaba embarazada. ¡Por fin! Deseaba darle la noticia a Ethan lo más pronto posible. No obstante, el celular vibró. Se reveló el nombre del comprador que, una semana atrás, transfirió una fortuna a mi cuenta por un vestido de edición limitada. Aunque a Ethan le disgustaba mi oficio, yo seguí con mi carrera bajo un seudónimo. Sin embargo, sentí que el suelo se abría bajo mis pies cuando el nombre del comprador apareció en la pantalla:

Ethan Morgan.

Había pagado cien millones de dólares por la prenda una semana y yo no tenía idea. Si su intención era regalármelo, jamás recibí el obsequio. En ese instante, el teléfono vibró de nuevo. Esta vez se trataba de una reseña. Una clienta posaba con el mismo vestido en una playa. A su lado, yacía un hombre semidesnudo y fue suficiente echar un vistazo para reconocerlo. Era Ethan, mi esposo. La mujer por la que gastó millones era su secretaria, esa por la que me pidió no preocuparme.

Las rodillas me fallaron. Me desplomé sobre la costosa alfombra persa. El lujo de nuestro hogar se transformó, de repente, en una tumba gélida y estéril. La mujer de la foto, Maya, su «abnegada» secretaria, lucía el vestido en el que yo había dejado el alma. Lo peor de todo es que se revolcaban en la misma isla que él compró para mí.

El teléfono casi se me cae de las manos. Pero las notificaciones no dejaban de taladrarme la cabeza. Lo tomé con manos temblorosas. Era Maya. Escribía a mi cuenta oficial, una identidad que nadie conocía, ni siquiera Ethan. Siempre cargué con la culpa por llevar una vida secreta y ocultar mi pasión por el diseño al hombre que solo buscaba que pudiera descansar. Quién iba a decir que eso me permitiría descubrir su verdadero rostro.

Maya escribió lo siguiente:

¡Gracias por el vestido, Aris! Mi novio me lo regaló y no puedo dejar de admirarlo. En cuanto me vio con él, se volvió loco. Por poco lo desgarra para desnudarme. Gracias al cielo, despejó toda la isla antes de traerme. ¡Detalles de salir con un billonario, ya sabes! Dice que su esposa no satisface sus necesidades reales. Solo yo logro excitarlo. Si no fuera porque necesita que ella le dé un heredero, ya estaría fuera de su vida.

Un sollozo ronco y desgarrador escapó de mi garganta. No era un simple llanto. Era el sonido de un cuento de hadas de cinco años que se destrozaba frente a mis ojos. Cada «te amo», cada beso en la frente y cada «quédate en casa a descansar, mi reina» se reveló como lo que en verdad era: una ilusión.

Clavé la vista en el mensaje una vez más.

«Casi lo desgarra».

Mis uñas se hundieron en la pantalla con tal fuerza que el cristal se astilló. El hecho de que la llevara a nuestra isla, un refugio que solo nos pertenecía, me partió el corazón. Las lágrimas que reprimí durante tanto tiempo al fin brotaron y recorrieron mis mejillas por lo que parecieron horas. No cesaba mi llanto el silencio sofocante.

Luego, las vibraciones de las notificaciones se detuvieron. El silencio de la casa se instaló a mi alrededor y dejó una claridad fría.

Me compró una isla para aislarme. Destruyó mi carrera para depender de él. No buscaba una esposa. Deseaba un ave en una jaula de oro a la espera de producir un trofeo. ¡Si quiere a esa mujer en su cama, que se la quede! ¡Si anhela un linaje, que lo engendre con cualquier otra! Pero la criatura que llevo en mi vientre, el heredero que tanto deseaba, ¡jamás será suyo!

Pensó que yo era una diseñadora frágil bajo su amparo. Olvidó que para armar un vestido de alta costura hay que ser experta en cortar por lo sano.

Lo primero que hice fue limpiarme las comisuras de los ojos. Me prometí no derramar una gota más por un hombre que no lo merecía. Lo segundo fue marcar un número que no usaba desde hace años: el de mi viejo mentor en París.

—Soy Aris —espeté con voz firme—. Voy de regreso. Ayúdame a crear una identidad nueva que borre por completo el rastro de la anterior.

—¿Se terminó tu etapa de mujer enamorada? ¿Tu marido ya no te molestará porque trabajas? —inquirió mi mentor.

—¿Esposo? ¿Quién? ¡Voy a divorciarme de Ethan Morgan! —sentencié—. Por favor, ayúdame también a preparar los papeles del divorcio.

El silencio al otro lado de la línea era palpable. Podía percibir su asombro a través de aquel silencio. A fin de cuentas, yo había cortado vínculos con todos mis allegados solo para estar con Ethan. Y ahora, lo dejaba.

—¿Lo has pensado bien? Sacarte de aquí frente a las narices de Ethan no será tarea sencilla. Tiene influencias en cada rincón. Te sugiero que lo pienses una vez más antes de dar el paso definitivo, Aris.

—La decisión está tomada —afirmé.

—Está bien —repuso él—. Dame quince días para organizar tu nueva identidad. Pero recuerda algo: una vez que abandones a Ethan y asumas esa otra vida, no habrá marcha atrás. No debes dejar rastro alguno que le permita encontrarte.
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Último capítulo

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