4 Answers2026-01-20 15:53:06
Me fascina cómo en Cuaresma la cocina española se vuelve creativa sin carne; es una fiesta de sabores marinos y dulces tradicionales. En mi casa siempre hemos reservado el bacalao como protagonista: lo preparo desalado con paciencia, cambiando el agua varias veces, y después lo convierto en «bacalao al pil-pil» para ocasiones especiales, o en «bacalao a la vizcaína» con una salsa de pimiento choricero que me recuerda a las sobremesas largas. También hay platos muy reconfortantes como el «potaje de vigilia», que mezcla garbanzos, espinacas y trozos de bacalao, y suele llevar huevo duro al final para darle redondez.
Me gusta intentar versiones regionales: en Andalucía aparecen las «tortillitas de camarones» y los buñuelos, mientras que en muchas zonas se comen «torrijas» y «pestiños» durante la Semana Santa. Para los que tienen prisa, el bacalao en conserva puede salvar una cena y hasta convertirse en una ensalada templada con pimientos asados. Sea sencillo o festivo, Cuaresma en España es una excusa para jugar con salazón, frituras y repostería humilde; siempre me deja con ganas de repetir la receta del abuelo y compartirla con amigos.
4 Answers2026-01-20 00:16:37
Me fascina ver cómo la Cuaresma pinta las ciudades de tonos sobrios y un ritmo más lento; en mi barrio se nota en los escaparates y en las conversaciones de bar.
Empiezo mencionando lo esencial: la Cuaresma arranca con el Miércoles de Ceniza, y durante cuarenta días mucha gente practica ayuno y abstinencia, aunque con grados distintos según la edad y la tradición familiar. En la calle se vive sobre todo a medida que se acerca la Semana Santa: procesiones, nazarenos con túnicas y capirotes, pasos cargados por costaleros, bandas de música tocando marchas fúnebres y gente que se reúne a mirar en silencio. Las imágenes, muchas de ellas barrocas, generan una mezcla de estética y devoción que a mí me conmueve cada año.
También hay otra cara: la gastronomía de vigilia. En casa preparo potaje de vigilia con bacalao o garbanzos, y no faltan las torrijas como postre en Semana Santa. Me parece una temporada en la que lo público y lo íntimo se entrelazan, y siempre salgo con la sensación de haber asistido a un rito comunitario que endurece la memoria local.
4 Answers2026-01-20 23:51:21
Recuerdo el olor a cera y azahar en las calles durante la Cuaresma, como si la ciudad respirara más lento y con más cuidado.
Desde mi infancia he visto cómo cambian las rutinas: el Miércoles de Ceniza marca el inicio con la imposición de ceniza en la misa, y muchas familias adoptan pequeñas renuncias o promesas. Los viernes suelen ser días de abstinencia para los más religiosos, y en los mercados se nota porque el pescado y las legumbres sustituyen al género de carne. También hay vía crucis y actos litúrgicos que llenan los templos.
Lo que más me conmueve son las procesiones de Semana Santa: nazarenos con capirotes, pasos cargados por costaleros, bandas que afinan y el silencio que cae cuando pasa un Cristo. En ciudades como Sevilla o Málaga la solemnidad se mezcla con la emoción popular; en lugares como Zamora o Valladolid la austeridad tiene una belleza casi pictórica. En la mesa, torrijas, pestiños y potajes de vigilia forman parte del ciclo culinario. Para mí la Cuaresma es un tiempo de pausa ritmada por fe, memoria y sabores que se repiten cada año.
4 Answers2026-01-20 12:29:57
Tengo una costumbre: cuando se acerca la Cuaresma vuelvo a los místicos españoles porque sus textos atraviesan el calendario litúrgico como pocos.
Si buscas lecturas clásicas, no pueden faltar los «Ejercicios espirituales» de Ignacio de Loyola; aunque su propósito es más amplio, muchas comunidades los usan como guía para retiros cuaresmales y sus pautas para la oración y la reflexión encajan perfecto con ese tiempo de conversión. También vuelvo una y otra vez a Santa Teresa de Jesús: «Camino de perfección» y «Las Moradas» son manuales prácticos y poéticos para el recogimiento propio de la Cuaresma.
San Juan de la Cruz aporta la dimensión poética y nocturna con poemas como «Noche oscura del alma» y el «Cántico espiritual», que ayudan a interiorizar el ayuno y la contemplación. Si prefieres algo más directo y pastoral, Fray Luis de Granada escribió textos devocionales como «Guía de pecadores» y «Introducción al devoto cristiano», pensados para acompañar la práctica cuaresmal.
En casa suelo combinar un pasaje místico por la mañana y alguna meditación práctica por la noche; así la Cuaresma se siente menos liturgia fría y más trayecto íntimo. Me quedan ecos de esas lecturas cada año.