Me llaman la atención los comentarios en redes cuando sale en televisión, y casi siempre es en relación con «El Cascabel», el programa de TRECE que presenta Francisco Marhuenda. No lo veo como un presentador neutro: suele tomar partido y dirigir el debate con bastante claridad. Eso provoca que los invitados reaccionen con más intensidad y que el espectador tenga una idea nítida de la línea editorial del espacio.
En mi caso, disfruto tanto de los momentos de choque como de las pausas más reflexivas; hay programas que evitan la polémica y otros que la buscan, y «El Cascabel» pertenece al segundo grupo. Al terminar el episodio me quedo con una mezcla de entretenimiento y ganas de contrastar fuentes, que es justamente lo que busco cuando miro debates políticos.
Hace un tiempo le presté más atención a los programas políticos y pronto noté que Francisco Marhuenda aparece como presentador de «El Cascabel» en TRECE. No solo participa como tertuliano: asume la responsabilidad de presentar, introducir bloques y conducir debates sobre temas de actualidad. Desde mi punto de vista, eso cambia la dinámica: cuando alguien con peso mediático presenta, la discusión se focaliza y los invitados intentan subir el tono o modularlo según el carácter del conductor.
Me encanta observar cómo se organizan esos minutos televisivos, con intervenciones cronometradas y con una tensión que hace que el programa se sienta vivo. Para quien busca un debate encendido con opiniones claras, «El Cascabel» funciona muy bien y Marhuenda le da esa impronta que provoca sintonía o rechazo, pero nunca indiferencia. Personalmente, lo veo como un buen ejemplo de televisión política que no pretende ser neutral, sino franca y explícita en su postura.
Me suele apetecer ver programas de debate después de cenar, y entre los habituales está «El Cascabel», espacio en TRECE que Francisco Marhuenda presenta con un tono incisivo. En mi experiencia, su papel como conductor es determinante: organiza la escaleta, plantea los temas y, cuando hace falta, mete una puntualización que recoloca la charla. Eso lo distingue de los colaboradores que solo intervienen para defender posiciones; el presentador dirige la orquesta.
Viendo varias emisiones, he notado que Marhuenda combina experiencia periodística con una forma de hablar que no esquiva la confrontación. Eso genera momentos brillantes y otros tensos, pero en conjunto convierte a «El Cascabel» en un programa imprescindible para quienes seguimos la actualidad política con interés. A mí me sirve para entender mejor los argumentos en juego y para ver cómo se construyen las narrativas públicas, y eso siempre me deja pensando al final del programa.
Recuerdo una noche en la que me enganché a un debate en la tele y voilà: allí estaba francisco marhuenda presentando con su estilo directo. En muchas emisiones se le ve al frente de «El Cascabel», el programa que se emite en trece, donde encabeza tertulias políticas y análisis de actualidad. Me gusta cómo articula sus intervenciones; no es solo poner preguntas, también marca el ritmo y guía la conversación para que cada tertuliano saque lo mejor (o lo peor) de sí.
Como espectador que disfruta de las tertulias, valoro cuando un presentador tiene capacidad para provocar debate sin dejar que la discusión se vuelva caótica. En «El Cascabel» Marhuenda suele equilibrar ironía, contundencia y una defensa clara de sus posiciones, lo que en mi opinión hace al programa entretenido y siempre digno de ver, aunque no comparta todo lo que dice. Al final me quedo con la sensación de que aporta personalidad, y eso se nota en la sintonía del espacio.
Una mirada al panorama de tertulias me lleva siempre a recordar a Francisco Marhuenda al frente de «El Cascabel» en TRECE. No es un nombre que pase desapercibido: su estilo, su manera de lanzar los temas y de moderar las respuestas le convierten en la figura del programa. Desde mi punto de vista, eso aporta coherencia al espacio, porque alguien tiene que poner orden y orientar las líneas de discusión.
He visto programas en los que su presencia anima el intercambio y otros en los que el ambiente se caldea demasiado, pero en ambos casos termino reflexionando sobre los argumentos que se presentan. Me parece interesante cómo su papel de presentador filtro tanto la forma del debate como su intensidad, y para mí eso es parte del encanto televisivo: no solo el qué se dice, sino quién lo dice y cómo.
2026-02-05 02:47:37
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Kaugnay na Mga Aklat
Seis Años y Aún Me Debes un Amor
Sofí Valiente
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Hace seis años, Noelia Bustos hizo de todo para enamorar al muchacho más guapo de la facultad de Derecho, Marcos Leiva.
Después de tres meses de relación, ella lo dejó así nada más.
—Me cansé de acostarme contigo —le dijo con total tranquilidad.
Seis años después de que terminaron, se volvieron a encontrar. Pero, todo era distinto.
Antes, ella era la niña rica y él, el muchacho pobre.
Ahora, él era un peso pesado en un bufete de primer nivel, mientras que ella cargaba con deudas, una hija y un pasado de violencia doméstica.
Cuando decidió separarse de su marido, Marcos apareció como su abogado para el divorcio.
—Todo esto te lo buscaste tú sola —le dijo él, con una sonrisa burlona.
Noelia sabía que Marcos la odiaba con toda el alma, e intentó que no volviera a pasar nada entre ellos. Al final, el día que ella se iba, con una sonrisa, le deseó:
—Que tengas una feliz boda.
Pero él cruzó mar y tierra para buscarla.
En el único hostal de un pueblo pequeño, en una habitación a oscuras, Marcos la acorraló y, con los ojos rojos, la abrazó fuerte.
—¿En serio fuiste capaz de dejarme otra vez?
Después de seis años de relación, justo cuando estaba a punto de casarse, su novio la dejó con una sola frase:
—Mi padre nunca permitirá que alguien con tu origen entre en nuestra familia.
Valeria Mendoza sintió una burla amarga en el pecho.
No necesitaba que le explicaran nada más.
La verdadera razón era evidente: el gran amor de Sebastián Ferrer había regresado… y ella ya no tenía lugar.
Cuando estaba completamente destruida, apareció el verdadero dueño del imperio Ferrer, el soltero más codiciado de Santa Verona, Alejandro Ferrer, con una propuesta inesperada.
—Cásate conmigo. Tendrás todo lo que quieres… y también podrás vengarte de él.
La buena noticia:
Diez millones al mes para gastar, recursos ilimitados, un esposo que supuestamente viajaba todo el tiempo por trabajo y una convivencia sin interferencias. Además, podía aplastar a su ex solo por el estatus de la familia Ferrer.
La mala noticia:
Lo de los viajes de negocios era mentira.
Lo de “no molestarse” también.
La misma noche en que firmaron el acta de matrimonio, Alejandro la acorraló contra la cama y la besó hasta dejarla sin aire.
Desde entonces, volvía a casa cada noche, con un interés peligrosamente constante por su “vida matrimonial”.
Más tarde, Sebastián se arrodilló en público suplicándole que volviera con él.
Alejandro rodeó la cintura de Valeria y lo miró con frialdad.
—Sebastián, si vuelves a decir una estupidez, te saco de la familia Ferrer.
Cuando la noche caía en silencio, Alejandro enterraba el rostro en el cuello de Valeria y murmuraba con voz baja y áspera:
—Valeria… olvida a los demás. Ámame solo a mí, ¿sí?
—Valeria, ¿en quién estás pensando?
—Valeria, solo puedes pensar en mí.
—Valeria… tengamos un bebé, ¿sí?
***
Valeria siempre creyó que su matrimonio con Alejandro era solo un intercambio de intereses.
Un acuerdo frío donde ambos salían ganando.
Por eso nunca se atrevió a entregarle su corazón.
Hasta que descubrió la verdad.
Aquel matrimonio que la había salvado del infierno…había sido planeado por él durante seis años enteros.
Después de la muerte de su amada, Leandro Fuentes me odió durante diez años.
Intenté acercarme a él de todas las formas posibles, pero él solo me lanzaba una sonrisa helada.
—Si de verdad quieres agradarme... mejor muérete.
Aquella frase me atravesó el pecho como una daga. Pero el día que un camión se lanzó contra mí, fue él quien dio su vida para salvarme, muriendo en un charco de sangre.
Antes de cerrar los ojos para siempre, me miró profundamente y dijo, con voz entrecortada:
—Si tan solo... nunca te hubiera conocido.
En el funeral, la madre de Leandro, doña Eugenia, se aferraba a su retrato mientras las lágrimas le nublaban la vista.
—¡Yo debí dejarlo estar con Clarisa! ¡Nunca debí forzarlo a casarse contigo!
Su padre, don Ernesto, me fulminó con la mirada, y, con la voz cargada de rabia, añadió:
—¡Leandro te salvó tres veces! ¡Era un hombre excepcional! ¡¿Por qué no moriste tú en su lugar?!
Todos, absolutamente todos, lamentaban que él se hubiera casado conmigo. Incluso yo.
Me echaron del funeral como si fuera una ladrona de paz. Sin rumbo, como un alma errante, caminé sin saber a dónde ir.
Tres años después, un avance científico rompió las barreras del tiempo: se creó una máquina capaz de llevarnos al pasado.
Y yo... yo volví.
Esta vez, decidida a no volver a cruzarme con Leandro, a dejar que él y Clarisa estén juntos.
Esta vez, haré feliz a todos... aunque eso signifique desaparecer de sus vidas.
Mi amigo de la infancia me había prometido que, al graduarnos de la universidad, se casaría conmigo.
Pero el día de nuestra boda llegó tarde y, cuando por fin lo encontramos, estaba en una cama de hotel, enredado con mi hermanastra, Viviana Torres.
Ante todos los presentes, fue el heredero del hombre más rico del país, Sebastián Fuentes, quien dio un paso al frente y declaró, sin reservas, que yo había sido la mujer que amó en secreto durante muchos años.
Llevábamos cinco años de matrimonio. Cada palabra que alguna vez dije, Sebastián la guardó en su corazón.
Yo creía, de verdad, que era la persona que él más valoraba en el mundo.
Hasta que un día, mientras hacía los quehaceres de la casa, encontré por accidente un documento confidencial oculto en el fondo de su escritorio.
La primera página era el currículum de Viviana Torres.
Sobre él, escrito de su puño y letra, se leía:
“Atención prioritaria. Por encima de todo.”
Luego venía un expediente médico que nunca había visto.
La fecha correspondía exactamente a la noche en que sufrí aquel accidente automovilístico.
Esa vez fui llevada al hospital perteneciente al Grupo Fuentes, pero la cirugía nunca llegaba.
Cuando desperté, el bebé que llevaba en mi vientre ya no estaba conmigo, perdido por la hemorragia.
Lloré hasta quedarme sin voz en los brazos de Sebastián, pero jamás le conté la verdad.
No quería causarle más preocupación.
Pero ahora lo sé: esa misma noche Viviana también resultó herida, y la orden que Sebastián envió al hospital fue:
“Movilicen a todos los especialistas. Prioridad absoluta para Viviana Torres.”
Las lágrimas se filtraron entre las páginas, borrando parte de la tinta.
“Si no soy tu máxima prioridad, entonces desapareceré de tu mundo.”
La Farsa De La Heredera: vidas cambiadas en la élite
Anónimo
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El día en que descubrieron que yo no era la verdadera hija de la familia millonaria, la auténtica heredera irrumpió en la casa y me apuñaló varias veces en el vientre, condenándome a perder para siempre la posibilidad de ser madre.
Mi prometido estalló de furia por lo ocurrido y mis padres, desesperados, declararon de inmediato que no volverían a reconocerla.
Para calmarme, mi prometido me pidió matrimonio a toda prisa, mientras que mis padres escribieron una carta de ruptura con ella, pidiéndome que me enfocara en recuperarme.
Después dijeron que ella había huido al extranjero y que había terminado vendida en otro país, un destino trágico y merecido. Yo lo creí.
Hasta que, seis años después de mi matrimonio, vi con mis propios ojos a la supuesta “desaparecida”.
La encontré recargada en el pecho de mi esposo, con un vientre abultado, suspirando con fingida melancolía.
—Si hace seis años no hubiera perdido la cabeza y cometido aquel error, Liliana jamás habría tenido la oportunidad de casarse contigo. Por suerte tú y mis padres siempre estuvieron de mi lado; de lo contrario, esa impostora me habría mandado directo a la cárcel. Esa maldita… jamás se imaginó que he vivido todo este tiempo bajo sus narices… y ahora llevo en mi vientre a tu hijo. Cuando nazca, busca cualquier excusa para “adoptarlo” y así la tendrás de por vida como mi sirvienta. Gracias por estos años, Mauricio.
Su mirada cargada de ternura hizo que el rostro de Mauricio se encendiera.
—No digas eso… casarme con ella fue la única manera de mantener tu nombre limpio y que siguieras viviendo en libertad. Todo vale la pena, si tú estás bien.
En ese instante lo comprendí: el hombre al que llamaba mi verdadero amor me había engañado todo este tiempo, incluso, mis propios padres. Habían hecho absolutamente todo para proteger a su hija biológica.
Bien si así son las cosas… entonces yo ya no los quiero en mi vida.
En la Noche de la Luna Cenital, el heredero del trono celebró un gran banquete en el Palacio de Mármol. Aquella noche, decidió expulsar a todas sus consortes del harén solo por su favorita.
Mientras otras recibían oro y regresaban con alegría a sus hogares para reencontrarse con sus familias, yo no tenía a dónde ir. Solo podía quedarme en silencio, en un rincón, sin ningún lugar a donde ir en este mundo. Lo único que pude encontrar fue una venda de seda blanca para colgarme en la entrada del palacio abandonado.
Llegué a este mundo desde otra realidad y, durante veintiún años, intenté completar las misiones del sistema, que era conquistar a los cuatro hombres más influyentes del imperio. Pero uno tras otro… fracasé. Y ahora, en el último objetivo también había fallado.
El sistema me dio una única salida.
[Cuando este cuerpo muera, podrás regresar con tu familia.]
Y antes de que comenzara a desvanecerme y abandonar este lugar, me dirigí al portón del palacio abandonado. No dejé palabras de despedida, ni tampoco dejé rastro de mi existencia. Solo el silencio.
Y entonces… en medio de la oscuridad, juraría haber escuchado voces desesperadas gritando mi nombre desde el interior del palacio.
Me he topado con su nombre en muchos artículos y, sí, Francisco Marhuenda también tiene publicaciones en formato libro.
He visto que su obra se centra principalmente en ensayos y textos de opinión sobre política, comunicación y memoria personal; suele abordar temas relacionados con la derecha española y la prensa. No voy a listar títulos concretos para no meter la pata con fechas o ediciones, pero es fácil encontrar colecciones de sus columnas y algún ensayo que firmó en solitario o en colaboración con otros autores.
Si te interesa su enfoque, busca en catálogos de librerías o bibliotecas bajo su nombre: allí aparecen sus libros y las reediciones. Personalmente, me llama la atención cómo sus textos mezclan reflexión política con anécdotas del día a día, y eso hace que, aunque no compartas su postura, resulten lectura viva y directa.
Siempre me ha parecido que Francisco Marhuenda actúa como una voz potente dentro del conservadurismo mediático español, con un tono directo que no deja indiferente.
En mis años siguiendo debates políticos, lo he visto defender con constancia posturas alineadas con el Partido Popular: énfasis en la unidad de España, críticas duras a los gobiernos de izquierdas y una apuesta por medidas de seguridad y orden público. Su estilo es combativo y a menudo busca marcar la agenda con titulares y tertulias donde prioriza la inmediatez y la polémica. Eso le da mucha visibilidad, pero también provoca que sus análisis se perciban como parciales por quien no comulga con esa visión.
Al final, creo que su influencia viene tanto de lo que dice como del ecosistema mediático que lo respalda; es una figura que polariza, moviliza y genera conversación, y por eso merece atención crítica, aunque no siempre comparto sus conclusiones.
Siempre me ha interesado seguir la pluma de Marhuenda, y la ruta más directa es abrir «La Razón» —tanto la edición impresa como su web— donde publica sus columnas habituales.
En la web de «La Razón» hay una sección de Opinión donde aparecen sus artículos fechados; muchas veces también están agrupados por autor en la hemeroteca digital, así que puedes buscar su nombre y rebuscar en el archivo. Si prefieres el papel, la versión impresa del diario trae sus columnas en las páginas de opinión y en los quioscos nacionales.
Además, valoro que muchas de sus columnas se comparten en redes sociales y en boletines: a veces él o el propio diario publican enlaces en Twitter (X), Facebook o en el perfil del periódico. Ten en cuenta que algunos textos más extensos o exclusivos pueden quedar detrás de un muro de pago, así que si sigues su escritura con frecuencia, la suscripción al diario puede merecer la pena. A mí me funciona combinar la web con las redes para no perderme nada.