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Ivana se dio cuenta de que su reacción no había sido muy profesional y recuperó la compostura de inmediato:—Señorita Bustos, en un juicio de custodia, lo principal que evalúa el juez es el interés superior del menor. La situación sentimental de los padres no es, por sí sola, un factor determinante ante la ley, pero eso no quita que tenga cierto peso. Si la contraparte tiene una pareja estable, o si planea rehacer su vida y formar una nueva familia, el juez podría tomarlo en cuenta al evaluar el entorno en el que va a crecer la niña. Además, cuenta mucho si esa nueva pareja está dispuesta a aceptar y tratar bien a una criatura que no es suya. Llegado el momento, podemos sembrar dudas razonables sobre eso.Noelia recordó lo que Cecilia le había contado sobre la pregunta de Lorena, de si le gustaría tener otra mamá. Por lo visto, Marcos ya había tocado el tema con Lorena y, al menos en apariencia, ella la aceptaba. De solo pensar que Marcos podría quitarle a su hija para armar una famil
Noelia se acomodó al volante, haciendo un esfuerzo por no mirar a la pareja que se alejaba abrazada, y encendió el motor. Mientras salía del residencial, el viento helado de la noche se colaba por la ventana entreabierta, llevándose el olor a alcohol que flotaba en el carro y congelándole la poca calma que todavía le quedaba en el rostro.De ahora en adelante, cada quien iría por su lado. Cualquier mínima esperanza entre ellos se había esfumado por completo.***Toda esa época de fiestas había sido un verdadero calvario para Noelia. Sentía que esos días eran solo una tregua, una falsa calma antes de la tormenta.Diez días después del Año Nuevo, la posada volvió a abrir sus puertas. La nieve en las montañas todavía no se derretía por completo, y el aire fresco de la sierra atrajo a algunos huéspedes que buscaban tranquilidad y paisajes invernales. La vida parecía retomar su curso normal entre la rutina y los pendientes de cada día, pero Noelia sabía muy bien que el vacío en su pecho
Un vuelco repentino en el corazón, mezclado con un sutil pálpito oculto y una secreta esperanza, la sacudió por dentro. Noelia desaceleró aún más el carro y miró de reojo hacia el asiento del copiloto.Marcos seguía perdido en ese sueño pesado de borracho. Después de haber pronunciado su nombre, frunció todavía más el ceño y su respiración se volvió agitada. ¿Estaría soñando con ella? ¿Y qué era lo que soñaba? Noelia aguzó el oído, conteniendo la respiración, a la espera de que dijera algo más.Y Marcos no la hizo esperar. Volvió a hablar, pero esta vez no fue un balbuceo incomprensible. Cada palabra salió clara, nítida y demoledora:—¡Te odio!Esas palabras, frías y cortantes, cargadas con todo el peso de una pesadilla, resonaron en el espacio cerrado del auto y le dieron un golpe seco en el pecho a Noelia. La ilusión se le vino abajo por completo.Ahí estaba. Sus peores sospechas se confirmaban: él la odiaba. Incluso en su estado más vulnerable, con la mente nublada por el alcohol
Noelia estaba a punto de negarse rotundamente, pero Horacio volvió a suplicarle con voz lastimera:—Ándele, señorita Bustos, usted que es tan guapa y de noble corazón, hágame el paro, por favor. Este hombre me va a romper la espalda.Noelia recordó entonces que Horacio había atendido a Cecilia cuando estuvo enferma. De cierta forma, le debía un favor. Intentó hacerse a la idea de que no estaba ayudando a Marcos, sino sacando a Horacio del apuro, y con ese pensamiento se tranquilizó un poco.Se acercó y, con mucho cuidado, le sostuvo el brazo a Marcos. Sus músculos se sentían firmes. Incluso estando borracho y a punto de caerse, la fuerza de su cuerpo bajo el traje era innegable. Al sentir el nuevo apoyo, Marcos se inclinó hacia ella casi por puro instinto. Su cabeza giró un poco y su respiración pesada y caliente, cargada con un fuerte aliento a alcohol, le rozó a Noelia la oreja y el cuello. La sensación le dejó la piel de gallina.De golpe, la invadió el recuerdo de aquella vez que
El encendedor brillaba sobre la palma de la mano de Noelia. Ese reflejo plateado se sentía tan frío como la noche en que él lo había perdido, trayéndole de golpe todos los recuerdos de lo que había pasado.Al ver que Marcos ni siquiera hacía el intento de tomarlo, Noelia agregó para romper el hielo:—Se ve que es fino, te ha de haber costado caro...Marcos no la dejó terminar. Le arrebató el encendedor de la mano y, con un movimiento brusco, lo lanzó lejos. Un destello metálico surcó el aire antes de estrellarse dentro de un basurero a unos pasos.—Ya no lo quiero.Y sin decir más, dio media vuelta y la dejó ahí sola. Noelia se quedó estática, mirando primero la espalda de Marcos y luego el bote de basura. Le parecía absurdo que se comportara de esa manera. ¡Tirar algo tan valioso nomás porque sí!¿De verdad estaba rechazando solo el encendedor, o había algo más detrás de ese gesto? Una punzada de amargura le apretó el pecho. Le tomó un buen rato respirar hondo y recuperar la calma
Ese rincón de la pérgola estaba apartado del bullicio de la fiesta. Ahí solo se escuchaba el leve murmullo del viento entre las hojas y el eco lejano de las risas y las pláticas de los invitados.—Hola, mi amor.—¡Mami! Ya regresamos de la montaña y ya estamos en la casa. ¿Cuándo vas a venir?—Todavía me falta un poquito, mi vida. Ve a acostarte temprano con la abuela y te prometo que te llevo un pastelito cuando regrese.—¡Súper! ¡Qué rico, va a haber pastelito!—¿Y qué tal? ¿Te divertiste hoy en la montaña?—¡Sí, muchísimo! Juntamos un montón de piñas. Me van a servir perfecto para la tarea de manualidades del kínder.Cecilia se soltó hablándole con emoción del mundo sobre sus planes para el proyecto escolar. Noelia la escuchó con una sonrisa, prestándole toda la atención hasta que se despidieron.Al colgar, Noelia cruzó la pérgola y, justo cuando estaba por salir, escuchó la voz de Leandro detrás de una gran mampara decorativa de bienvenida.—Conque estar casada conmigo apenas no es







