Madrid y Barcelona han sido un buen laboratorio para ideas nuevas con quinua; yo la encuentro especialmente en platos rápidos y saludables. Uno de mis básicos es la quinoa con garbanzos y espinacas salteadas: cocino la quinua, rehogo ajo con una cayena suave, incorporo garbanzos cocidos y espinacas favoritas, remuevo todo y finalizo con limón y comino. Es una mezcla sencilla pero con mucho cuerpo, ideal para cenas entre semana.
Otra receta muy popular en las tapas modernas es la quinoa con gambas al ajillo y calabacín en dados: las gambas dan ese toque marino que a mucha gente le recuerda a la gastronomía local, y el calabacín aporta textura. Para el desayuno la alternativa es la papilla de quinua con leche (o bebida vegetal), canela, manzana rallada y frutos secos; la llamo mi versión reconfortante del porridge. Además, la quinoa salad con aguacate, huevo poché y semillas (calabaza, chía) se ha convertido en un plato frecuente para los que trabajamos fuera y queremos algo nutritivo que aguante.
Como consejo práctico: variar entre quinoa blanca, roja o negra da color y textura; la roja aguanta más en ensaladas porque queda más firme. Además, aliños a base de aceite de oliva y cítricos funcionan mejor que salsas pesadas, y el toque de
hierbas frescas —albahaca, perejil o cilantro— eleva cualquier mezcla simple. En mi cocina suelo experimentar con especias y aprovechar productos locales para mantener platos reconocibles pero con personalidad.