Daydreamer
Mi esposa, Janice Frost, era una viajera entre mundos.
A las personas como ella se les prohibía crear vínculos afectivos con los habitantes de otras realidades. Aun así, Janice se enamoró de mí desde el momento en que nos conocimos.
Pero su amor tenía un precio.
Cada vez que sus sentimientos por mí se intensificaban, un dolor insoportable le desgarraba el alma. Janice había soportado aquel tormento noventa y nueve veces con tal de permanecer a mi lado.
Por eso jamás imaginé que sería ella quien terminaría condenándome.
Tiempo después, un grupo de la resistencia me secuestró y me llevó a North Kaman. Durante días me torturaron hasta dejarme al borde de la muerte.
Cuando sentí que ya no resistiría mucho más, recordé el método que Janice me había enseñado para comunicarnos a través de los mundos. Reuní las pocas fuerzas que me quedaban y conseguí abrir el canal arcano.
Pero no solo escuché su voz. También oí la conversación que mantenía con su mentor al otro lado.
—Janice, ¿cómo pudiste contactar personalmente a la resistencia para que secuestraran a Samuel? —le reprochó su mentor, incapaz de creerlo—. Pensé que lo amabas.
—Esta prueba estaba destinada a Tim —respondió Janice con una frialdad que apenas reconocí—. Tenía que hacerlo para salvarlo. Samuel es el protagonista de este mundo y el destino lo protege. No le ocurrirá nada.
Guardó silencio durante unos segundos antes de continuar:
—Cuando complete la misión, podré quedarme para siempre en esta realidad. Después encontraré la forma de compensarlo.
Sentí una presión en el pecho que me dejó sin aire.
Cuando mis captores regresaron y volvieron a acercarse, ya no intenté defenderme.
Simplemente dejé de resistirme.