Mi dulce pecado
El placer estaba subiendo por su columna, iluminando su rostro con una belleza dolorosa.
—Te amo... —susurró por fin, y la palabra salió como un suspiro arrancado de lo más profundo de sus entrañas—. Te amo, Kyler. Te amo tanto que me da miedo respirar.
Sonreí, y con un último impulso, la atraje hacia mí para besarla con una pasión renovada. Nos movimos juntos, en una sincronía perfecta, hasta que el mundo estalló en mil fragmentos de luz y sombra frente a la chimenea.