Moon Su
Durante meses pagué cada detalle para celebrar la boda de mis sueños con el hombre que amaba desde la adolescencia. Pero apenas puse un pie en la entrada de la iglesia con mi vestido de novia, unos hombres me impidieron el paso. Mi propia madre salió a la puerta y me echó a la calle como si fuera un perro. Desde ahí, con el corazón roto pero la mente fría, pude ver lo impensable: mi hermana menor y mi prometido se estaban casando en el altar, mientras mis padres y todo nuestro entorno celebraban a lo grande esa infamia.
La traición era tan obscena que dolía, sobre todo porque a gran parte de esa gente los había ayudado económicamente cuando más lo necesitaban, y así me pagaron. Pensaron que, consumida por el dolor y el supuesto amor inmenso que siempre les di, me quedaría callada y cedería como una tonta. Jamás se imaginaron que una traición así se devuelve multiplicada, y que la venganza más fría la diseña la misma abogada a la que intentaron destruir.
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