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Mi Vecina Madura Se Atoró En La Lavadora

Mi Vecina Madura Se Atoró En La Lavadora

Esa atractiva mujer estaba atorada en la lavadora. Se retorcía con incomodidad, suplicándome ayuda, y yo capté el mensaje al instante. Con una mano le jalé el cabello largo y con la otra la sujeté... Justo cuando todo estaba a punto de ponerse interesante... La celosa y bella estudiante irrumpió de repente, anunciando que ella también quería unirse al juego...
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En Vivo: La Hundí con Pruebas en Su Boda

En Vivo: La Hundí con Pruebas en Su Boda

Una empleada de mi empresa se fue a desahogarse en TikTok porque, según ella, yo no le aprobaba la licencia por matrimonio. “Tenemos un bajo índice de matrimonios, una baja natalidad, y es culpa de ustedes, malditos capitalistas. ¡Ni siquiera me apruebas la licencia por matrimonio! ¿Para ti solo soy una esclava? Me creí tus mentiras, eso de ‘vamos a ser una empresa de puras mujeres, una empresa amigable con las mujeres’, y mírate ahora: se te cayó la máscara; ya se te vio la cara de capitalista que exprime a la gente hasta dejarla seca.” El video explotó de la nada; un montón de jóvenes se sintieron identificados y se me fueron encima en redes, al punto de que hasta me mandaron navajas por correo. Yo, como jefa, me lancé a hacer un live y me le fui directo contra ella. “Lo siento, pero la licencia por matrimonio de Blanca no la voy a aprobar. Puede denunciar ante el Ministerio de Trabajo y pedir una audiencia de conciliación; si no hay acuerdo, puede demandarme en un juzgado laboral si quiere.” El live reventó de gente. Entre los que la apoyaban, aparecieron supuestos abogados y hasta se ofrecían a ayudarla gratis a demandarme, pero Blanca se quedó con el gesto tenso, como si no tuviera salida. “Yo solo quería mi licencia; nunca pensé en renunciar, y mucho menos en demandar a Samantha…”
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Cuando Me Fui, Ella Cayó del Trono

Cuando Me Fui, Ella Cayó del Trono

Después de que la empresa consiguiera el financiamiento, mi esposa, la presidenta Esther Arreola, estaba a punto de hacer pública nuestra relación. Pero Joel Chávez, su excompañero de la universidad, más joven que ella y recién incorporado a la empresa, subió de repente al escenario y, con una sonrisa arrogante, soltó: —Esther, ¿no crees que me estás consintiendo demasiado al hacer público lo nuestro? Esther ni siquiera lo negó. Al contrario, sonrió y de inmediato metió a Joel en uno de los proyectos clave de la empresa para inflarle el currículum. Al instante, todos los empleados presentes rompieron en aplausos y se deshicieron en elogios, como si de verdad fueran la pareja perfecta. Un colega con el que llevaba años trabajando, al ver que yo no decía nada, incluso se inclinó hacia mí y me susurró: —Felipe, ¿no eras buenísimo para quedar bien con todo el mundo? ¿Qué haces ahí parado? Ve y felicítalos. No armé ningún escándalo ni reclamé nada. Simplemente le deslicé a Joel mi credencial de jefe de proyecto y, con una generosidad fingida, dije: —Solo participar en el proyecto es poca cosa para alguien como tú. Mejor quédate con mi puesto de jefe de proyecto. Considéralo mi regalo por haber hecho pública tu relación con Esther.
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Renacimiento: Elegir a un Esposo Universitario

Renacimiento: Elegir a un Esposo Universitario

Mi hermana y yo teníamos una fertilidad excepcional, un don especial que nos permitía concebir con facilidad. Ella se casó con un campesino pobre de la aldea y dio a luz cinco hijos varones. La familia prosperó y salió de la miseria. Yo me casé con el hijo del jefe de la aldea, Diego Suárez, pero solo tuve hijas. Atrapado en las ideas feudales que valoran más a los hijos varones, mi esposo me consideró una vergüenza y me mató a golpes junto a mis niñas. Al abrir los ojos de nuevo, había renacido en el día en que la casamentera vino a proponer los matrimonios. Al ver que Diego, contra todo pronóstico, eligió a mi hermana Lucía García, quien tenía una discapacidad en la pierna, entendí: él también había renacido. Creía que al casarse con ella tendría hijos varones, sin saber que él padecía un trastorno genético que le impedía engendrarlos. Señalé al joven estudiante pobre, delgado y silencioso en el rincón, y declaré sin rodeos: —¡Yo me casaré con él!
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Después de fingir mi muerte

Después de fingir mi muerte

Después de declararme ciento una veces a mi amor de la infancia, él terminó casándose con la mujer de sus sueños. Con el corazón hecho pedazos, tomé una decisión impulsiva, casarme con su hermano, quien siempre había estado enamorado de mí. Luego de casarnos, él me consintió en todo. Su amor era intenso, abierto, casi desbordante. Todos decían que yo era increíblemente afortunada por haberme casado con un hombre que me amaba tanto. Pero el día en que la mujer de su hermano y yo caímos al agua al mismo tiempo, lo vi con mis propios ojos, él, que ni siquiera sabía nadar, se lanzó sin dudarlo… pero no por mí. Nadó desesperadamente hacia ella, y bajo el agua le dio respiración boca a boca. Mientras yo luchaba por mantenerme a flote, rogando que me mirara aunque fuera una vez, él solo se preocupó por llevarla a la orilla, dejándome a merced del mar. Cuando apenas recobraba la conciencia en el hospital, escuché cómo él y su hermano acabaron a los golpes por quién se quedaría a cuidarla… y entre gritos, él le dijo lleno de dolor: —Me casé con Elena sacrificándome, solo para que no interfiriera en tu felicidad con Victoria. Déjame verla… aunque sea una vez, ¿sí? Y en ese momento fue entonces cuando lo entendí. Nunca nadie me había amado de verdad. Así que tomé una decisión. Contraté un servicio para fingir mi muerte y desaparecer para siempre. Pero cuando la noticia de mi “muerte” llegó a sus oídos, aquel hombre siempre frío y sereno apartó a Victoria, se inclinó y escupió sangre. Y en una sola noche, su cabello se volvió completamente blanco.
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Arrepentimiento: Mi Don heredó a su cuñada

Arrepentimiento: Mi Don heredó a su cuñada

En el quinto aniversario de mi matrimonio con Álvaro Rosales, la tragedia llegó sin aviso: su hermano murió de repente y él tuvo que asumir el papel de Don. Pero la familia impuso una condición cruel… debía tener un hijo con mi cuñada Sara Olmeda para preservar el linaje. Me negué. Álvaro también… o eso creí. Aún recuerdo cómo apretó mi mano y prometió: —Elena, jamás voy a aceptar eso. Solo tú puedes ser la matriarca de la familia Rosales… y nuestro hijo será el único heredero. Pero con los días, algo cambió. Él regresaba cada vez más tarde, consumido por responsabilidades del clan y con un perfume que no era mío. Hasta que un video anónimo lo confirmó todo. Allí estaba él, junto a Sara, en una consulta prenatal. Su mano sobre su vientre… con una ternura que alguna vez fue mía. —Sara… gracias por darme al heredero de la familia Rosales —le dijo. Y en ese instante, mi mundo se rompió. Su promesa ya era ceniza. Así que hice lo único que me quedaba… incendié el hogar que una vez fue nuestro y me fui sin mirar atrás. Después de todo, mi padre —el Don de la familia Velasco— llevaba años esperando mi regreso… y había llegado el momento de reclamar lo que siempre fue mío.
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Aprobó El Examen Sentada En Mis Piernas

Aprobó El Examen Sentada En Mis Piernas

—Señor instructor, ¿qué es eso duro que siento ahí abajo? En la escuela de manejo, dentro del Instituto de Artes de San Pedro, estaba dándole clases a una alumna de primer año bastante atractiva. Nunca me imaginé que esa chica, que a primera vista parecía ingenua, vendría vestida de manera tan provocativa e insistiría en sentarse sobre mis piernas para que le enseñara a manejar “mano a mano”. Durante todo el trayecto, tuve que resistir mis impulsos y concentrarme en enseñarle bien, ignorando a propósito cómo se frotaba contra mí, a veces sin querer y otras no tanto. Pero quién iba a decir que soltaría el embrague demasiado rápido. El motor se apagó y dio una sacudida. Ella cayó de sentón entre mis piernas. El impacto se sintió en su zona más íntima. Y lo único que traía puesto era una faldita corta y ropa interior de tela muy delgada.
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Bajo el Silencio del Dolor

Bajo el Silencio del Dolor

María Valero nació siendo una muda que nadie quería, pero por casualidad se casó con el hijo mayor de una familia rica, los Bonnet. Ella sabía que Robert Bonnet nunca la amaría. Y, cuando la primera novia de él, Nahia Dumas, regresó al país, y Robert, efectivamente, reavivó su amor con ella, María ocultó su embarazo y se dio cuenta de que era el momento de decirle adiós a ese mal llamado amor.
Cerita Pendek · Romance
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Tras la humillación en la piscina

Tras la humillación en la piscina

Lo que debía ser un viaje tranquilo con mi suegra se convirtió en una pesadilla. Tras llegar al hotel, fuimos juntas a la piscina del lugar a relajarnos. Sin embargo, una mujer elegantemente vestida se nos acercó, tapándose la nariz y con total desprecio nos dijo: —Este es un hotel de lujo, ¿cómo es posible que haya gente como ustedes aquí? No serán esas personas que se cuelan para usar la piscina, ¿verdad? ¡Es un asco compartir la piscina con ustedes! Me da miedo que nos contagien alguna enfermedad. Mi suegra y yo nos sentimos muy incómodas por sus palabras, pero aún así le respondí, indiferente: —La piscina del hotel es pública , todos los huéspedes pueden usarla. Si no te parece bien, construye una en tu casa. La mujer, furiosa, levantó las cejas y, gritando, dijo: —¿Te atreves a responderme? ¿Sabes quién es mi esposo? Este hotel es de él, y la suite más cara siempre ha sido mía. ¡Les ordeno que se larguen inmediatamente! Huelen a pobreza y han contaminado el agua. ¡Qué asco! Mi suegra y yo nos miramos y, al instante, pudimos ver el mismo desprecio en nuestros ojos. Este hotel es propiedad de Nicolás, ¿en qué momento se convirtió él en el esposo de esa mujer?
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La Mentira que Me Alimentó

La Mentira que Me Alimentó

Estuve cinco años casada con el heredero de la familia Romano, la más poderosa del crimen organizado en Italia. Cada noche, me abrazaba y susurraba: —Solo dame un heredero, y le daré todo el imperio Romano. Pero nunca quedé embarazada, y la decepción del jefe de la mafia hacia mí crecía con cada mes que pasaba. Hasta que descubrí que mi esposo había estado cambiando a escondidas mi ácido fólico por pastillas anticonceptivas. Aún me tambaleaba por la furia cuando vi una publicación de su exnovia: una foto de ultrasonido. Su mensaje era dulce y presumido: —Diez semanas. Vincent dice que no puede esperar para conocer al bebé. Al ver la avalancha de felicitaciones, tomé una decisión. Busqué los datos de contacto de mi exnovio, aquel que había pasado los últimos cinco años intentando recuperarme, y le envié un solo mensaje: "Dame un mes. Luego voy contigo."
Cerita Pendek · Mafia
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