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Três Súplicas ao Pai Bilionário

Três Súplicas ao Pai Bilionário

Eu fui forçada a trocar meu coração com o primeiro amor do meu marido. Depois disso, morri no corredor do hospital particular que ele mesmo criou. Antes de eu morrer, meu filho de seis anos, Otávio Júnior, chorou e implorou a pai dele três vezes. Na primeira vez, Otávio segurou a mão daquele homem e disse que eu estava vomitando sangue. Ele riu com desprezo: — Dessa vez ela finalmente aprendeu algo, até ensinou você a mentir. Em seguida, ele mandou os seguranças expulsarem Otávio do quarto. Na segunda vez, Otávio agarrou a manga de sua camisa e disse que eu estava delirando de dor. Ele franziu a testa: — É só uma troca de coração. Os médicos já disseram que ela não vai morrer. Mais uma vez, os seguranças puxaram Otávio para fora. Na terceira vez, Otávio se jogou no chão, segurou firme a barra da calça dele e chorou dizendo que eu já estava inconsciente. Dessa vez, ele perdeu a paciência. Ele agarrou Otávio pelo pescoço e o jogou para fora do quarto: — Eu já disse que Heloísa Dias não vai morrer. Se você vier aqui incomodar o descanso da Bianca Nunes de novo, eu juro que vou expulsar vocês dois deste hospital. Desesperado para me salvar, Otávio penhorou seu escapulário, algo que ele considerava um tesouro, para uma enfermeira: — Tia, eu não quero viver cem anos. Só quero que minha mamãe continue viva. A enfermeira aceitou o escapulário e se preparou para me transferir para o último quarto disponível. Mas o primeiro amor do meu marido, Bianca, bloqueou a porta com seu cachorro no colo e disse: — Sinto muito, garotinho. Seu pai está preocupado que eu me sinta sozinha sem o meu cachorro. Este quarto foi reservado para meu cachorro.
Short Story · Romance
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Por Um Manga Eu Cancelei Um Pedido de 1 Bilhão do Meu Namorado

Por Um Manga Eu Cancelei Um Pedido de 1 Bilhão do Meu Namorado

Quando eu tinha sete anos, o papai trouxe pra casa uma mulher bonita. Ela me deu uma caixa de mangas. Naquele dia, enquanto eu comia as mangas toda feliz, a mamãe assinou o acordo de divórcio e se jogou do prédio. Desde então, manga virou o meu pesadelo. Por isso, no dia do meu casamento, eu disse pro meu marido, Ivan Ribeiro: — Se algum dia quiser se divorciar de mim, basta me dar uma manga. Ele me abraçou em silêncio. Desde então, manga também virou o tabu dele. No quinto ano de casamento, na véspera de Natal, a amiguinha de infância dele, Rafaela Lima, deixou uma manga em cima da mesa do escritório. No mesmo dia, Ivan anunciou o fim da amizade com Rafaela e a demitiu da empresa. Naquele momento, eu achei que ele era o homem da minha vida. Mas meio ano depois, voltei do exterior com um contrato de um bilhão fechado. Na festa de comemoração, Ivan me entregou um copo de bebida. Depois de meio copo, Rafaela, a mulher que ele havia expulsado da empresa, apareceu atrás de mim, sorrindo: — Tá gostoso o suco de manga? Olhei pro meu marido, incrédula, enquanto Ivan tentava segurar o riso: — Não fica brava, a Rafaela insistiu pra eu fazer uma brincadeira com você. — Eu nem te dei uma manga de verdade, só um suco de manga. — Mas olha, acho que ela tem razão, o seu problema com manga é exagero! — Você estava bebendo toda animada agora há pouco! De cara fechada, levantei a mão e joguei o resto do suco no rosto dele. Depois, virei as costas e fui embora. Algumas coisas nunca são brincadeira. Manga não é. E o meu pedido de divórcio também não.
Short Story · Romance
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Fui El Reemplazo De Mi Hermana

Fui El Reemplazo De Mi Hermana

Tras la muerte de mi hermana, firmé un contrato matrimonial por cinco años con su esposo, Horton Falcone, un hombre de la mafia. Me convertí en la madrastra de mi sobrino de cinco años, Luca. El día de mi cumpleaños, me puse el collar con la cruz de diamantes de mi difunta hermana, sin darme cuenta de lo que representaba. Durante la cena familiar, Luca se me acercó con una copa de vino tinto y me la aventó a la cara. El vino tinto escurrió por mis mejillas; su olor penetrante me ardía en los ojos y manchaba mi vestido blanco. Echó la cabeza hacia atrás para mirarme; tenía los ojos tan crueles como los de su padre. —No creas que vas a reemplazar a mi mamá nada más porque te casaste y entraste a la familia Falcone —dijo con una sonrisa maliciosa—. Tú tienes la culpa de que esté muerta. Ojalá te hubieras muerto tú. Así podría romper tu lápida en vez de celebrar este cumpleaños estúpido. ¡Cuando sea grande, voy a tirarte al Río Hudson! El recuerdo ardía tanto como el vino, y lo único que me quedaba era un sabor a desesperanza. Me quedé mirando al niño que había criado como propio durante cinco años y sentí mucho dolor. Había pensado que podía entregarme a la familia Falcone, que podría ganármelo con mi cariño. Pero ahora, ya estaba harta. Era una familia sin amor, con un niño que me veía como su enemiga. Dejé de engañarme. Era hora de dejarlo ir. Pero después de irme, ese padre arrogante y su hijo regresaron arrastrándose hacia mí como perros para suplicar mi perdón.
Short Story · Mafia
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Morí traicionada, renací para destruirlo

Morí traicionada, renací para destruirlo

El mismo día que me tocó dar a luz, la alumna de mi esposo —embarazada y con el orgullo atravesado— decidió largarse sola a escalar la Cordillera de los Andes. Mientras él se la pasaba buscándola sin dormir, como un desesperado, yo estaba en el hospital, desangrándome en un parto complicado que me mandó directo a terapia intensiva. Cuando por fin abrí los ojos, lo primero que vi fue al médico entregándole a mi esposo el parte donde decía que mi vida estaba en riesgo... y él, en vez de acercarse a darme un poco de consuelo, me aventó en la cara los papeles del divorcio. —Camila es mi mejor estudiante —me soltó, serio—. No me voy a quedar de brazos cruzados viendo cómo hace semejante locura. Tú vas a ser mamá, te toca aguantar. En esa vida no firmé. Apenas salí de la sala de partos, me fui directo a la universidad a denunciarlo por la relación que tenía con su alumna. A ella la terminaron sacando del posgrado, y la presión fue tan fuerte que un día se cortó la garganta delante de mí. Cuando él llegó, ya no había nada que hacer: dos vidas se habían ido de golpe. Él no dijo una sola palabra, organizó el entierro y después me trató como si nada hubiera pasado. Yo, ingenua, pensé que por fin la vida iba a darme un respiro. Pero el día que nuestra hija cumplió un año, él le pisó al acelerador y el carro en el que íbamos se fue directo al precipicio. Ese mismo día... se cumplía un año de la muerte de su alumna. Cuando volví a abrir los ojos, estaba otra vez en la sala de partos, justo en el momento en que casi se me iba la vida.
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Un Mango Fue el Final de Nuestro Matrimonio

Un Mango Fue el Final de Nuestro Matrimonio

A los siete años, papá llevó a casa a una mujer hermosa y fue ella quien me regaló una caja de mangos. Ese mismo día, mamá me vio comerlos con tanto gusto. Firmó los papeles del divorcio sin decir nada y, poco después, se lanzó del edificio. Desde entonces, el mango se convirtió en la pesadilla que me acompañaría toda la vida. Por eso, el día de mi boda le dije a mi esposo, Héctor Preciado, que si algún día quería divorciarse, solo tenía que regalarme un mango. Él me abrazó sin responder y, desde ese momento, el mango también se volvió su tabú. Cinco años después de casarnos, en Nochebuena, su amiga de la infancia dejó un mango sobre su escritorio. Ese día, Héctor anunció que cortaba toda relación con Violeta Sánchez y la despidió de la empresa. Y ahí sí creí, sin dudarlo, que él era el hombre indicado para mí. Hasta que, seis meses después, regresé del extranjero tras cerrar un trato de cien millones de dólares. En la cena de celebración, Héctor me pasó una bebida. Y, cuando ya me había tomado la mitad del vaso, Violeta, la mujer a la que había despedido de la empresa, apareció detrás de mí con una sonrisa provocadora y preguntó en tono despreocupado: —¿Está bueno el jugo de mango? Me giré para mirar a Héctor con incredulidad. Él apenas contenía la risa. —No te enojes —dijo—. Violeta insistió en que te hiciera esta broma. —No te di un mango, solo jugo de mango. Luego añadió, como si nada: —Pero, creo que Violeta tiene razón: que no comas mango es una manía tuya. —Mira lo feliz que estabas tomándolo hace un momento. Mi expresión se endureció. Levanté la mano, le arrojé el resto del jugo en el rostro y me di media vuelta para irme. Porque hay cosas con las que no se bromea. El mango no lo es. Y mi decisión de divorciarme, tampoco.
Short Story · Romance
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