Home / Romance / ADICTA A MI HERMANASTRO / Mi dulce obsesión

Share

Mi dulce obsesión

Author: Pearl Hart
last update publish date: 2026-09-06 23:38:54

Los pasos se detuvieron justo delante de mi puerta.

Contuve la respiración.

Por un segundo, pensé que la manija giraría.

En cambio, mamá gritó a través de la puerta.

—¡Tamara! ¿Puedes dejar de hacer tanto ruido? ¡Son las tres de la mañana, por Dios!

La habitación estaba impregnada del olor a sexo y vergüenza. Mis muslos estaban pegajosos por mis propios fluidos, mi camiseta de tirantes arrugada y mis dedos aún conservaban la evidencia de lo que acababa de hacer.

—Sí, lo entiendo —respondí, con la voz apenas audible—. Lo siento.

Me quedé allí tumbada un buen rato, mirando al techo e intentando calmar mi respiración. Todo mi cuerpo seguía temblando de vez en cuando; las últimas oleadas de placer se negaban a abandonarme. El sueño había sido demasiado vívido. Las manos de Julian agarrando mis caderas, su grueso pene abriéndome en su coche, mientras yo lo recibía todo como una puta.

 En la oscuridad, quité las sábanas destrozadas, las arrugué con rabia y las metí en el cesto de la ropa sucia. El camino al baño me hizo sentir vergüenza.

Me di una ducha larga y fría, pero no sirvió de nada. El fuego seguía ahí, entre mis piernas.

A las seis ya estaba en el estudio, desesperada por cualquier distracción. El fuerte olor a pintura me picaba los ojos mientras echaba demasiada en el bote. Mi pincel se hundía en el carmesí exactamente como la polla de Julian se había hundido en mí.

—¡Ahhhhhhhhh! —grité—. Esto no funcionaba. Mi maldito hermanastro con su polla enorme.

Trabajé con furia, el sudor hacía que mi camiseta se me pegara a la espalda. Pero por mucho que pintara, no podía escapar del sueño. Lo recordaba todo.

Un suave golpe me sacó de la espiral.

—¿Tamara?

Andrew. Por supuesto que era él.

No me giré. El pincel siguió moviéndose sobre el lienzo.

 —Te perdiste el desayuno —dijo con voz suave y dulce, el mismo tono que usaba para coquetear con las camareras antes de dejarles propinas absurdas.

—No tengo hambre —mentí, intentando mantener la voz lo más firme posible—. Estoy trabajando.

La puerta se abrió de todos modos. Entró, llenando el pequeño estudio con su presencia. Sus hombros casi rozaban el marco, y su bata colgaba suelta, dejando ver un mechón de pelo canoso sobre un pecho que aún se veía fuerte.

—Has estado aquí desde el amanecer —continuó con voz baja—. Tu madre está preocupada. Dijo que estabas... inquieta anoche. Gemías mientras dormías.

Mi vagina se contrajo con tanta fuerza que casi se me cae el cepillo. Un nuevo chorro de humedad empapó mis pantalones cortos. Apreté los muslos, intentando ignorar el fuerte latido.

—Pesadilla —murmuré—. Estrés de la exposición. Ya sabes cómo es.

—Mmm. Vi su reflejo en el cristal de la ventana. —No me pareció una pesadilla —dijo con voz temblorosa.

—Tengo tres piezas que entregar el viernes —dije con voz tensa, cruzando los brazos sobre el pecho—. Ya voy con retraso. ¿Podemos dejar esto para otro momento?

Andrew levantó ambas manos, con las palmas hacia afuera, como si intentara calmar a un animal salvaje.

—Solo quería saber cómo estabas, cariño. Una chica de tu edad debería tener… otras salidas. No puedes pasarte todo el tiempo encerrada aquí.

Retrocedió lentamente hacia la puerta, con esa sonrisa cortés en el rostro.

La puerta se cerró tras él.

Arrojé la paleta al otro lado de la habitación. La pintura salpicó el suelo. Me temblaban las manos. Me dolían los pechos bajo los brazos cruzados, los pezones tan tensos que me dolían con cada respiración. Entre las piernas, mi coño palpitaba, me dolía tanto que quería gritar. Susurré todas las palabrotas que conocía.

 “Madharchod… idiota… bastardo”, pero no sirvió de nada.

Necesitaba aire. Necesitaba sacarme de la cabeza la imagen del pene grueso, venoso, curvo y jugoso de Julian antes de hacer alguna locura como buscarlo en esta casa y rogarle que me arruinara.

Abrí la ventana de golpe. El cálido aire matutino entró a raudales, trayendo consigo el leve aroma a cloro y verano. Fue entonces cuando lo vi.

Julian salía de la piscina de los baños, oculto tras los altos árboles al borde de la finca. El agua corría por su cuerpo musculoso. El bañador mojado se le pegaba a las caderas, marcando cada centímetro de su grueso pene.

Un rastro oscuro de vello bajaba desde su ombligo, desapareciendo en la cintura.

Se me hizo agua la boca al instante. Recordé cómo se veía completamente erecto, tan cómodo que incluso su propia mano podía rodearlo.

«Joder», susurré, apenas audible.

Mi mano bajó sin permiso, deslizándose entre mis muslos. Me acaricié el coño empapado a través de los finos pantalones cortos, presionando con fuerza la palma de la mano contra mi clítoris hinchado. Me moví una, dos veces, mordiéndome el labio para no hacer ruido. La presión era tan placentera que me hacía parpadear.

Julian se enderezó, echándose una toalla sobre un hombro ancho. Luego miró fijamente hacia mi ventana. El cristal era tintado y el resplandor del sol debería haberme ocultado por completo. Pero me sonrió con picardía, como si lo supiera.

Apreté los muslos con fuerza alrededor de mi mano. Mi clítoris palpitaba al ritmo acelerado de mi corazón. Me moví con más fuerza, buscando la fricción, imaginando que era su grueso pene en lugar de mis propios dedos. El cuadro detrás de mí se desvaneció.

Ya no fingía, y definitivamente ya no quería resistirme.

Iba a conseguirlo. Esta vez de verdad.

Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • ADICTA A MI HERMANASTRO    El traslado compartido

    Mi madre estaba de pie en el umbral con el teléfono todavía en la mano, mirándonos forcejear con la ropa como si fuera lo más aburrido que hubiera presenciado en toda la semana. No alzó la voz. No necesitaba hacerlo. "Vístanse. Los dos." Miró su reloj. "Luego búsquenme en el estudio. Diez minutos. No me hagan ir a buscarlos." Se dio la vuelta y se alejó, los tacones clicando por el pasillo hacia el estudio. Me bajé la falda de un tirón con manos que no dejaban de temblar. Julian se abotonó la camisa al revés, maldijo entre dientes, la abrió de un tirón y empezó de nuevo. "Ni siquiera está enfadada," dije. "Esa es la peor parte." No me miró mientras lo decía. Sus manos seguían ocupadas con los botones, pero noté que tampoco estaban del todo firmes. "Diez minutos," dije. "¿Quién se queda tan tranquilo justo después de pillar a su hija…" Ni siquiera pude terminar la frase. "Alguien que ya sabía lo que iba a decir." Julian se enderezó la camisa de un tirón. "Eso no ha sido nada. Me

  • ADICTA A MI HERMANASTRO    El retrato

    ​Snap.​El carboncillo se partió justo por la mitad.​"Mierda," murmuré entre dientes. Me inclinó hacia la lata de metal y agarré otro trozo.​Julian no se movió. Solo se quedó sentado en ese estúpido taburete alto, el pecho desnudo bajo la bombilla del techo, los hombros hacia atrás como le había dicho hace cinco minutos.​Por el pasillo, mi mamá seguía hablando. Alto. Riendo por el teléfono. Si salía de su estudio en ese momento, estaría fuera de esta puerta en tres segundos.​Seguí dibujando. Trazos rápidos y toscos. Líneas de la clavícula. La sombra a lo largo de sus costillas. Mis manos ya estaban completamente negras de polvo hasta las muñecas.​"Estás rechinando los dientes, Tamara," dijo Julian. Voz baja.​"Cállate. Quédate quieto."​"Has estado mirando el mismo punto exacto durante un minuto."Miré hacia arriba. Él ya estaba mirando. Sus ojos oscuros fijos en los míos, como si ya hubiera decidido adónde iban sus manos.​Era la misma mirada que tenía la noche en que Andrew nos

  • ADICTA A MI HERMANASTRO    Se respondió a lo solicitado.

    La casa se sentía muerta. Cuatro días de silencio no habían limpiado la amenaza de Andrew de la habitación. Cada crujido en las tablas del suelo sonaba como si él estuviera volviendo. Cada sombra en el mármol del pasillo parecía una trampa. Solo estábamos esperando, y la espera nos estaba matando.Me senté cerca de las puertas de cristal del estudio del ala oeste. Mi pulgar frotaba el borde de un lienzo en blanco. El carbón viejo me manchaba las manos de gris, con el polvo clavado en lo profundo de mi piel. Los pinceles estaban secos en un frasco de vidrio junto a la trementina. La pelea que Julian y yo tuvimos tres noches atrás aún flotaba en el aire como una pared.Julian entró sin llamar. Hoy sin chaqueta de traje. Solo una camisa negra con los botones superiores abiertos y las mangas enrolladas. Se veía completamente agotado. Ojeras oscuras debajo de sus ojos.Se detuvo cerca del caballete. Se quedó mirando el lino en blanco y luego los óleos sobre la mesa pequeña. Al principio no

  • ADICTA A MI HERMANASTRO    No dejemos que nos atrapen.

    La puerta se cerró de golpe.El pesado silencio dentro de la habitación golpeó como una pared. Olía a la colonia de Andrew. Pesada y barata.Me quedé de pie cerca de la esquina de la cama. Mis piernas temblaban tanto que tuve que trabar las rodillas para mantenerme en pie. Un sudor frío me bajaba por la espalda. Tenía la garganta seca. No podía mirar a Julian.Él estaba sentado en el borde de la cama. Las manos sobre su rostro. Los dedos sepultados en su cabello. Su pecho subía y bajaba rápido.Ninguno de los dos dijo nada. El tiempo simplemente se arrastró.Julian finalmente bajó las manos. Se veía pálido bajo la luz de la lámpara. La mirada fría y suave que siempre tenía había desaparecido. Sus ojos estaban rojos."Me quedé sentado aquí", susurró.Se miró las manos. Le temblaban sobre las rodillas."Me quedé sentado justo aquí y lo dejé", dijo. Con voz áspera. "Tenía formas de detenerlo. Pude haberlo matado antes de que te tocara. Pero me quedé sentado aquí".Le dio un puñetazo al c

  • ADICTA A MI HERMANASTRO    Tú y yo a solas

    Andrew cerró la puerta con un chasquido limpio que resonó en el silencio repentino de la habitación.​Me quedé en el suelo helado, sin moverme. El sabor agrio y pesado me quemaba la garganta, y la viscosidad tibia se sentía como una marca sobre mi barbilla y mi pecho. Me pasé el dorso de la mano por la cara una y otra vez, frotando hasta que la piel me ardió, pero la sensación de suciedad no se quitaba. Todo en mí temblaba, desde los hombros hasta las rodillas presionadas contra las tablas del suelo.​En la cama, Julian no se había movido. Tenía los rostros sepultados entre las manos, los nudillos tan blancos que parecían a punto de atravesar la piel. La tensión en su espalda era rígida, dura como una piedra.​Me puse de pie despacio. Las piernas me flaqueaban, pero me obligué a caminar hacia el baño contiguo. Abrí el grifo del lavabo y me enjuagué la boca una y otra vez, escupiendo el agua fría hasta que el dolor en la garganta sustituyó al sabor. Me lavé la cara con fuerza, refregan

  • ADICTA A MI HERMANASTRO    Nuestra llegada

    Julian se quedó junto a la barandilla a mi lado, con la chaqueta subida más de lo habitual. La isla se fue encogiendo detrás de nosotros hasta convertirse en solo una línea oscura en el horizonte, y luego nada.​Seguí mirando hacia atrás de todos modos. Estúpido. Ya no quedaba nada que ver.​Ninguno de los dos dijo mucho en el camino. El motor simplemente zumbaba. Todavía podía sentir la arena en mis zapatillas, rozando contra mis dedos cada vez que me movía. Cada vez que el barco golpeaba un oleaje, sentía el cambio, el aire volviéndose más denso y pesado.​Detrás de nosotros quedaba una roca plana donde habíamos discutido durante una hora por el nombre de un cangrejo. Detrás de nosotros quedaba un cobertizo para botes en el que él no había puesto un pie en años, aunque todavía hablara de él como si hubiera sido la semana pasada. Mantuve la boca cerrada. No había forma de decir nada de eso sin sonar como si le estuviera suplicando que se quedara de esta manera.​El auto estaba estaci

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status