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CAPÍTULO 3. ¿Esposaste a mi hada madrina?

Author: Antho Mo
last update Petsa ng paglalathala: 2025-07-14 06:40:44

Jennifer:

—¡¡¡Entra Charlie!!! —gritó fuertemente, el hombre que me sujetaba.

—¿Charlie...? ¿Ese es tu nombre? —pregunté, conteniendo el llanto, recordando que cuando el desconocido deliraba, llamaba a un tal Charlie.

Este no me respondió, sino que de una patada tumbó la puerta, abriendo sus ojos como platos. Al ver a su jefe, como desmayado o dormido en un destartalado catre, de inmediato gritó:

—¿Brad? ¿Brad, que tienes? —Preguntó Charlie, acercándose a él, tratando de reanimarlo y mirándome con desprecio— ¿Dime que tiene? ¿Qué le has hecho? —Gritaba.

—¡Solo curar su herida! —respondí atemorizada, al ver cómo me apuntaba con su arma, mientras el herido intentaba despertar.

—¿Qué herida? —preguntó de nuevo, acercándose a Brad.

—Él, estaba herido de bala cuando lo encontré, lo recogí y me lo traje arrastra para limpiar y curar su herida —respondí en voz alta, aunque asustada.

«¡Creo que ahora si estoy en problemas graves!», pensé, todos abrieron sus ojos con asombro, cuando pronuncié en voz alta mi respuesta.

«Deduzco, que no solo tendré problemas graves, con los otros inmigrantes, sino con estas personas, todos bien vestidos, parecen del gobierno», reflexioné, escuchando los murmullos a mi alrededor.

—¡¡¡Ven acá!!! —Gritó el tal Charlie, haciéndole un gesto a su subalterno para que me soltara y me permitiera entrar— ¿Dónde lo encontraste herido? —inquirió este.

—¡En una de las playas! Le juró, que ahí lo encontré —contesté, asustada.

—¿En qué lugar exactamente? Y ¿Por qué debo creer lo que me dices? —indagó él.

—¡Lo encontré al lado de una roca! Fue después del cañonazo. Yo estaba huyendo de la guardia fronteriza, cuando tropecé con su cuerpo —respondí temblando totalmente, al darme cuenta, que estaba metida en un gran problema.

»Al examinar su cuerpo, me di cuenta de que estaba desmayado y herido —hice una breve pausa, para luego continuar…

»Por eso me lo traje, sin informar a nadie, porque después no me permitirían que lo ayude, por estar herido de bala —aseguré, arrepentida de haberme quedado callada.

—¿Sabes quién lo hirió? —interrogó él, halándome y sacudiendo fuertemente mis brazos y mi cuerpo, al punto de casi perder el equilibrio.

Entretanto, esperaba mi respuesta, sacó su celular, el cual no tenía señal, por lo intrincado de la zona, hablando después por radio, pidió una camilla para trasladar a su jefe a una clínica.

—¡No, no sé quién lo hirió! No había nadie con él, estaba solo e inconsciente —agregué, llorando y llevándome las manos a mi rostro.

—¡¿Y yo te tengo que creer todo cuanto dices?! —agregó sarcásticamente, haciendo que me sujetaran con los brazos hacia atrás, maltratando y provocando en mí, un gran dolor.

—¡Te estoy diciendo la verdad! —grité furiosa, sin dejar de llorar. Ante mi grito, Brad se movió, él estaba muy débil, por lo que Charlie, se volteó rápido.

—¡Dejen quieta a la chica! ¡No la maltraten! —Ordenó, cayendo nuevamente sobre el catre, por el esfuerzo que hizo.

—¡Brad! ¿Cómo te sientes? —llamó desesperado Charlie, a su jefe, quien volvió a desmayarse.  

—¡Se desmayó! —afirmé, mirando a este.

—¿Sabes, que no te puedo dejar? Tú debes responder por esto e incluso todas las respuestas que el médico requiera saber, sobre lo que le hiciste o le diste a Brad —aseveró Charlie.

»Esposa a la chica, la llevaremos con nosotros —ordenó él, con fastidio a uno de sus hombres.

—¡Señor, por favor! Únicamente lo quise ayudar, no lo podía dejar solo y menos cuando yo sé de primeros auxilios —supliqué llorando y desesperada.

—Mi jefe, pesa más de cien kilos ¿Quién lo trajo hasta aquí? —inquirió este, observando mi delgado cuerpo, de forma despectiva.

«Seguro imagina, que no soy lo suficientemente fuerte, para poder con él», pensé.

—¡Lo arrastré sola hasta aquí! —aseguré.

—¡¡Y te creí!! —expresó Charlie, mordazmente.

—Aunque no lo crea, lo desperté a bofetadas —confirmé— e hice que se apoyará en mí y así me lo traje.

»Luego, lavé, desinfecté y curé su herida, por eso le estoy haciendo tratamiento. Él ya está mejorando. Hoy comió, lo cual no había hecho desde que lo tengo aquí —manifesté.

—¡Lo siento, pero no te puedo dejar! Te vienes con nosotros —afirmó Charlie, justo en el momento que entró un equipo paramédico para sacar a Brad. Ellos, me llevaron con las esposas puestas y me subieron a una camioneta.

—¡Jennifer, Jennifer! —Gritó mi prima— ¿Por qué te llevan? Y ¿adónde? 

—¡No sé! —respondí llorando, sin saber qué pasará conmigo…

El Narrador:

La prima de Jennifer y su amiga quisieron intervenir, pero fueron duramente amenazadas por estos hombres. Cuando la camioneta partió detrás de la ambulancia, Charlie, habló con ellas y les participó que si su jefe se salvaba, la chica volverá sana y salva.

«¿Y si no?», se preguntaron mentalmente las dos al borde de pánico, puesto que no saben con exactitud, si estos hombres, eran personas buenas o no.

 Una vez, que se marcharon, llevándose a Jennifer, todos les echaron en cara, que la angelical jovencita del grupo, tenía a un hombre secuestrado en su catre, por lo que debido a esto, las dos debían irse y las expulsaron del refugio.

—¿Qué solidaridad la de ustedes? —Gritó Roxy— Cuando estuvieron enfermos, mi prima se desveló, los cuidó y los atendió para que siguieran su travesía.

»Ahora, nos expulsan, a sabiendas de que no tenemos adonde ir, solo porque en su vocación de servicio, ella hizo con un extraño, lo mismo que ha hecho con todos ustedes, durante el tiempo que tiene con nosotros —argumentó ella, con rabia y furia ante la injusticia.

—¡Tienes razón Roxy! Todos aquí se han aprovechado de la experiencia y bondad de Jennifer. Sin embargo, ante la primera caída de ella, de una vez, la rechazan y le sacan el cuerpo —declaró Rocío, recogiendo sus cosas, para partir del refugio.

—A todos les consta, que en estos tres meses que llevamos aquí, ella a quien sea ayuda, si tiene que quitarse el bocado de comida de la boca, para dárselo a otro, lo hace, como hizo con este desconocido —agregó Roxy.

Finalmente, el grupo de inmigrantes, que se había puesto en contra de las tres, al reconocer lo que estas expresaban, les llamaron, pidieron disculpas y solicitaron que se quedaran, siempre y cuando, esto no trajera peores consecuencias. Esto fue aceptado por ellas.

(***)

Entretanto, en la ambulancia donde trasladaban a Brad, el médico que lo atendió, estaba asombrado, de lo bien que se veía la herida, a pesar del lugar donde lo encontraron. La sutura de la herida era perfecta, posiblemente no deje pronunciada cicatriz.

Obviamente, al llegar a la clínica, lo primero que hicieron fue someter a Brad a todo tipo de exámenes y estudios, para descartar cualquier consecuencia negativa de una mala praxis, al ser atendido por alguien, que ni siquiera ostenta el título de Licenciada en Enfermería.

Después de una exhaustiva revisión, los doctores hablaron con Charlie:

—Hay que reconocer, que de no ser por la intervención oportuna de la joven, que le practicó los primeros auxilios, Brad hubiese muerto desangrado —aseguró el médico de cabecera, a Charlie.

—¡De acuerdo! —Respondió este, sintiéndose aliviado al escuchar el diagnóstico del médico.

—Se evidencia de los resultados del laboratorio que perdió mucha sangre, así que le haremos una transfusión. Él, se encuentra muy débil, no obstante, se recuperará rápidamente, porque todos sabemos que Brad es un hombre sano —avaló el médico.

»Además, que indudablemente contó con los auxilios necesarios para sobrevivir —aseguró el galeno.

—¡Me alegro! —Aceptó Charlie con una sonrisa— Sinceramente, estaba preocupado, puesto que en ese lugar donde lo tenían, no había condiciones higiénicas para mantener un herido.

—Ahora, vamos para que hables con él —pidió el galeno a este.

Al entrar a la habitación, Brad estaba despierto, mirando al techo, cuando vio a Charlie, su rostro cambió y serio preguntó a este:

—¿Por qué te tardaste tanto en encontrarme? —reclamó con severidad.

»Según la enfermera está terminando el tercer día de enero y yo recuerdo que después del cañonazo, me fugué por el balcón de mi habitación, para sentir un poco de libertad…

»Caminé por la orilla de la playa, cuando de repente, escuché unos disparos, sé que me dieron y luego un ángel o una hada bellísima, bajada del cielo, cayó sobre mí —anunció él, borrando su mirada amenazadora.

—¿Así que te encontraste un hada? Y yo pensando que te habían herido y secuestrado —cuestionó su segundo al mando, relajando su actitud.

—Si me van a secuestrar mujeres así, que producen en mí esta adrenalina, esta intensa emoción, ¡a la carga! ¡Las prefiero! A estar contigo —exclamó él.

—Ya lo han dicho otros, ¡de mal agradecidos está lleno el mundo! Ahora dime, ¿quién te disparó? —preguntó Charlie, mirando con curiosidad y listo para buscar a quien sea.

—¡No lo sé! Escuche primero tres disparos y luego, dos más, que fue cuando me dieron. Parecía, como si persiguieran a alguien —contestó él, tratando de hacer memoria.

—¿Y qué más recuerdas? ¿Sabes cómo llegaste al lugar donde te encontré? —interrogó Charlie inquisitivo.

—¡No, no sé! Recuerdo que alguien me pegó en la cara —añadió él, forzando su memoria— luego, caminé con otra persona, creo, no estoy seguro —confesó él, con dudas y vacilaciones.

—¿Sabes, si era tu misma hada? —sondeó Charlie, con una mirada picará y una amplia sonrisa.

—¡De repente, pero no recuerdo claramente! —aseguró Brad.

—¿La quieres ver? —interrogó Charlie, divertido.

—¿Dónde la tienes? ¡Sí, la quiero ver, de inmediato! —ordenó, sentándose en la cama, con esfuerzo.

—¡La tengo en la camioneta esposada! —respondió Charlie.

—¡O sea…! Además, de no cuidarme bien, ¿esposaste a mi hada madrina? ¡Te depravaste, Charlie! —sentenció este…

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