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Capítulo Cuatro — La propuesta

Author: Mitha Souza
last update publish date: 2026-09-18 06:14:05

Carmen González

¡Dios mío! ¿Qué fue lo que acaba de pasar? Estoy paralizada ante la dinámica de lo que acabo de presenciar en mi consultorio.

—Es mejor que te vayas, Pablo. Este es mi lugar de trabajo y no tienes derecho a venir aquí a armar este espectáculo. —Logré decir, conteniendo las ganas de llorar de pura vergüenza.

—¿Qué historia es esa de que tienes prometido? Si hasta ayer ni siquiera tenías novio —soltó Pablo en tono burlón, y me entraron unas ganas enormes de cruzarle la cara a este idiota.

—¿Desde cuándo te debo explicaciones, Pablo? Jamás me las diste tú cuando estábamos juntos, ¿por qué habrías de exigírmelas ahora? —mantenerme firme era mi única opción.

Mi ex no parece digerir que me vaya bien en la vida, y eso enciende una alarma en mí. ¿Acaso a mi familia le divierte y le satisface verme miserable?

—¿No oíste lo que dijo Carmen? —mi paciente, el mismo que acaba de meterme en este embrollo, presionó a Pablo.

—Me voy. Pero no te vas a quedar sin darme una explicación sobre ese cuento del compromiso.

Primero llega acusándome de maltratar a su adorada mujer y ahora pretende que le explique por qué «estoy con alguien». Parece haber olvidado en un segundo el motivo por el cual vino.

En cuanto sale del consultorio, vuelvo a respirar. La tensión acumulada en esta estancia amenazaba con asfixiarme.

—Señor Giordano, le pido disculpas por todo esto. Por favor, ni se moleste en pagar la consulta, ¿de acuerdo?

Comienzo a dar pasos por la habitación, visiblemente alterada y avergonzada por el trago amargo que me vi obligada a pasar.

—No tienes de qué disculparte, Carmen. Ese sujeto es un descarado y un estúpido. ¿Por qué dejas que te trate así?

Me detengo, aún con el cuerpo hormigueando de pura angustia, y miro al hombre parado frente a mí. Durante días recordé la mirada de desesperación que me dio en el aeropuerto.

Era la misma mirada con la que me encontré al abrir la puerta del consultorio y verlo entrar. Jamás esperé volver a cruzármelo.

¿Qué probabilidades había de encontrarme dos veces con la persona que, por unos instantes, me hizo sentir valiosa y esencial?

Contemplarlo así, impecable y bien vestido, sin toda esa sangre cubriéndole el rostro y el cuerpo, lo hace ver como la imagen viva de Apolo. Menudo hombre tan perfecto, con esa actitud seria, serena y de presencia imponente.

Ni siquiera puedo insinuar que un hombre de este calibre se interesaría en mí; es demasiado para mi cuerpo.

¿Y ahora? ¿Cómo salgo de esta? Mintió diciendo que era mi prometido. ¿Cómo le voy a explicar esto a mi madre? Todos se van a reír en mi cara.

—Pablo es un problema del pasado que se ha convertido en una pesadilla. Le ruego que me perdone. Lo ayudaré a vestirse para que pueda marcharse y olvidar este circo.

—Puedes ayudarme a vestirme, pero no me iré. Vine a hacerte una propuesta y acabo de darme cuenta de que tengo la solución para dos problemas.

—¿De qué está hablando? Le mintió a mi ex, que ahora es el prometido de mi prima, mientras toda mi familia me presiona para tragarme la traición y convivir con ellos como si nada hubiera pasado.

Comienzo a abrocharle la camisa con dedos torpes y manos temblorosas, incapaz de embocar los botones en su sitio. Su aroma es embriagador, su piel tibia y su mirada me penetra hasta el alma.

—¿Cómo voy a desmentir ahora la historia de que tengo un prometido?

—No la desmientas —me sostiene la mirada y me doy cuenta de que habla totalmente en serio—. Necesito un equipo médico que me acompañe en casa o a donde sea que deba ir.

—Quiero que seas la médica a cargo de ese equipo y te quedes conmigo las 24 horas durante el tiempo que dure mi recuperación definitiva.

—No puedo aceptar una oferta de exclusividad. Tengo compromisos con el Hospital San Jerónimo y no puedo renunciar a mi empleo.

—No te preocupes por eso. Lo que te pagaré será más que suficiente para que te establezcas e incluso montes tu propio consultorio privado.

Camino hacia mi sillón y me siento, intentando controlar el temblor que me recorre. En menos de una hora mi vida dio un vuelco inesperado.

—¿Por qué hace esto? ¿Por qué yo? Ya entendí que puede tener lo que quiera y contratar al equipo que se le antoje.

—Tienes razón. Puedo tener lo que quiera y te quiero a ti en mi equipo; no acepto un no por respuesta. A cambio de que aceptes cuidarme, yo acepto ser tu prometido de mentira ante tu familia.

Me pongo de pie nuevamente. Qué locura de situación. ¿De dónde salió este hombre guapo, perfumado y prácticamente perfecto queriendo fingir ser mi novio? Y encima adinerado.

Ahora me siento entre la espada y la pared. He vivido un calvario desde que terminé con Pablo, y ahora todos querrán saber quién es este prometido surgido de la nada. ¿Cómo lo voy a gestionar?

—Vine aquí a agradecerte lo que hiciste por mí y a ofrecerte este trabajo —se levanta de la camilla con dificultad, pero manteniendo una postura dominante. A este hombre no le hace falta abrir la boca para imponer su presencia.

—El papel de prometido de fachada es el incentivo que te ofrezco para que aceptes mi propuesta. Esta es mi tarjeta; llámame para decirme cuándo puedo enviar a mi chófer a buscarte. Te quedarás a vivir en mi casa durante todo el contrato.

—Espere. Ni siquiera sé quién es usted.

—No te preocupes, tendrás la oportunidad de conocerme, al igual que yo a ti. Serás muy bien recompensada, tenlo por seguro.

—No me preocupa el dinero. Lo que me está proponiendo es una... locura. ¿Quién le hace una propuesta así a una desconocida?

Se acerca un poco más a mí, invadiendo mi espacio personal. Su perfume amaderado con notas cítricas desata un revuelo en mi mente y en mi cuerpo que me deja sin aliento.

—Yo necesito una médica y tú necesitas un prometido. Podemos unir lo útil con lo agradable. Mis motivos no importan; lo único que me interesa es que aceptes.

Ese «unir lo útil con lo agradable» dejó flotando algo más en el aire. ¡Calma, Carmen! Eres una mujer adulta y no vas a comportarte como una princesa desamparada esperando al príncipe azul.

Sea cual sea la razón que lo lleva a hacerme esta propuesta, podría cambiar mi vida, y creo que puedo darme el lujo de aceptarla.

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