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Capítulo 5

Author: Regina Sole
Elias me había llamado dieciséis veces y me había mandado cincuenta y tres mensajes.

“¿A dónde te fuiste?”

“¿Por qué ya no están tus cosas?”

“Liliana, ¿por qué dejaste en el recibidor la pulsera que te regalé?”

“Por favor, te lo ruego, no me hagas a un lado”.

Habían pasado veinte horas desde que me fui, y él no había descansado ni un momento tratando de comunicarse conmigo. Con el celular en la mano, leí sus mensajes uno por uno. Su tono se volvía cada vez más urgente, hasta que al final ya solo
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    Renté un departamento pequeño y acogedor cerca del campus; por fin tenía mi propia habitación y una cama que me pertenecía. Al día siguiente de instalarme, organicé mi base de datos y denuncié formalmente a Giulietta ante el comité universitario por el plagio de mi manuscrito.A su asesor le había gustado mucho el artículo y le había pedido que lo puliera y lo enviara a una revista académica. Pero Giulietta no tenía la capacidad para terminarlo y, al no contar con mi registro completo de variables, no podía avanzar nada.Eso ya había despertado las sospechas del docente. En cuanto presenté la denuncia, fue fácil descubrir la verdad. Giulietta intentó justificarse, pero ni siquiera pudo decir de dónde habían salido los datos. Nadie iba a creerle. Al final, la universidad la expulsó.Un día después de la expulsión de Giulietta, mi madre vino a la universidad a buscarme.Al ver lo envejecido de su rostro y que el cabello se le había puesto casi blanco, a pesar de todo me ablandé un poco y

  • Adiós, Compañero Destinado   Capítulo 8

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    Mis días de trabajo de campo en el extranjero eran intensos y gratificantes. Al lado del profesor Reed, aprendí muchísimo. Elias seguía intentando recuperarme. Yo no volví a responderle.Tres días después de que me fui, mi madre me escribió de la nada:“Liliana, ¿otra vez estás haciendo berrinches? ¿Ahora vas a dejar la universidad?”“¡Si sigues con estos caprichos, no voy a pagarte la colegiatura!”Me quedé callada un rato y después escribí despacio una respuesta:“Se te olvidó. Yo he pagado mi educación desde el principio”.Cuando dije por primera vez que quería estudiar un posgrado, mi madre se opuso rotundamente. Dijo que, después de criarme tantos años, lo que me tocaba era trabajar, ganar dinero y retribuirle a la familia en vez de seguir estudiando.Por suerte, había trabajado durante toda la universidad y había ganado una beca, y mis ahorros alcanzaban para pagar el posgrado. Solo cuando supo que no tendría que pagar nada, mi madre aceptó a regañadientes que siguiera estudiando

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    Elias me había llamado dieciséis veces y me había mandado cincuenta y tres mensajes.“¿A dónde te fuiste?”“¿Por qué ya no están tus cosas?”“Liliana, ¿por qué dejaste en el recibidor la pulsera que te regalé?”“Por favor, te lo ruego, no me hagas a un lado”.Habían pasado veinte horas desde que me fui, y él no había descansado ni un momento tratando de comunicarse conmigo. Con el celular en la mano, leí sus mensajes uno por uno. Su tono se volvía cada vez más urgente, hasta que al final ya solo suplicaba.“Liliana, al menos dime por qué te fuiste. ¿Puedes dejar de ignorarme, por favor?”Miré su último mensaje y apreté un poco el celular. No tenía idea de cómo responder a su pregunta.¿Por dónde se suponía que debía empezar? ¿Por la universidad a la que se había postulado a mis espaldas, por el tormentoso viaje de veinticuatro horas en autobús, o por el catre en la sala?Al final le mandé una sola línea.“Ya te había dicho que terminábamos. Solo que no me creíste. Lo dije en serio”.De

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