INICIAR SESIÓNEl posgrado estaba por empezar y Elias Thorne, mi compañero destinado, se había ofrecido a comprar mi boleto de avión. Sin embargo, el día de la partida, me entregó una entrada de autobús con una sonrisa burlona. —Queríamos ver cómo terminaría una lobita débil como tú tras un día entero de viaje, así que solo te compramos esto. Tomó la mano de mi hermana y abordó un vuelo en clase ejecutiva, mientras yo me iba arrastrando la maleta para empezar sola un viaje de veinticuatro horas en autobús; debido a eso, llegué a la universidad en el último momento del día de inscripción. Cuando le entregué al empleado mis documentos a nombre de Liliana Moretti, me dijo que tenían errores y que no coincidían con la información del sistema. Creía que el retraso me había costado la última oportunidad de inscribirme. Cuando estaba ahí parada, llorando y sin saber qué hacer, apareció Elias, me señaló y se rio a carcajadas. —¡Caíste! Tus padres te cambiaron los documentos hace mucho. Mi hermana, Giulietta Moretti, también salió de detrás de la esquina con el celular en alto. —Te ves ridícula ahora mismo, Liliana. Lo grabé todo. A mamá y a papá también les parece gracioso. Elias me dio unas palmaditas en el hombro. —No te enojes. Solo fue una broma pesada. Al ver sus sonrisas y el lente oscuro de la cámara que me apuntaba, ya no pude derramar ni una lágrima más. Ya no pensaba seguirles el juego con eso que ellos llamaban una broma pesada.
Ver másRenté un departamento pequeño y acogedor cerca del campus; por fin tenía mi propia habitación y una cama que me pertenecía. Al día siguiente de instalarme, organicé mi base de datos y denuncié formalmente a Giulietta ante el comité universitario por el plagio de mi manuscrito.A su asesor le había gustado mucho el artículo y le había pedido que lo puliera y lo enviara a una revista académica. Pero Giulietta no tenía la capacidad para terminarlo y, al no contar con mi registro completo de variables, no podía avanzar nada.Eso ya había despertado las sospechas del docente. En cuanto presenté la denuncia, fue fácil descubrir la verdad. Giulietta intentó justificarse, pero ni siquiera pudo decir de dónde habían salido los datos. Nadie iba a creerle. Al final, la universidad la expulsó.Un día después de la expulsión de Giulietta, mi madre vino a la universidad a buscarme.Al ver lo envejecido de su rostro y que el cabello se le había puesto casi blanco, a pesar de todo me ablandé un poco y
Cuando regresé, me quedé en un hotel cerca de la universidad mientras buscaba un lugar propio. Pero Elias me encontró al salir de mi primera clase tras mi regreso al país. Se veía demacrado, con ojeras, la barba sin afeitar y un botón de la camisa abrochado en el ojal equivocado.Cuando me vio, se le iluminaron los ojos de alegría.—Regresaste, Liliana. Pensé que te ibas a quedar en el extranjero.Di un paso atrás y puse distancia entre los dos.—Todavía tengo clases. Pero que haya regresado no tiene nada que ver contigo. Ya terminamos.Había muchos estudiantes observando a nuestro alrededor. Algunos que conocían la verdad comenzaron a explicársela a los demás, por lo que las miradas de desprecio hacia él no tardaron en multiplicarse. Elias no parecía notar nada de eso y seguía mirándome con anhelo.—¿Podemos hablar, Liliana? Por la historia que tuvimos, al menos concédeme la oportunidad de explicarte.Mencionó nuestro pasado y la opresión en mi pecho se intensificó. Lo nuestro había s
Después de dos semanas en el extranjero, el trabajo de campo terminó oficialmente. El profesor Reed elogió mi desempeño; aseguró que poseía bases sólidas y me otorgó un día libre para recorrer la zona.En un restaurante cercano, ordené varios platillos típicos de la región, tomé una foto y la publiqué. Elias y mi madre le dieron «me gusta» enseguida.Desde que me fui, todos habían estado más atentos que de costumbre. Era como si, de la noche a la mañana, todos hubieran vuelto a quererme.Después de cenar, cuando regresé al hotel, Giulietta me llamó. Al teléfono, hablaba con una dulzura empalagosa y calculada.—¿Todavía no se te pasa, Liliana? Elias ya te compró una cama individual nueva y el mejor colchón que tenían.Respondí con indiferencia:—Úsenla ustedes. No voy a regresar.Giulietta habló con la generosidad condescendiente de quien concede un favor:—Deja de hacerte la ofendida, Liliana. Si regresas ahora, hasta te dejaré compartir la habitación principal con Elias.Hablaba tan c
Mis días de trabajo de campo en el extranjero eran intensos y gratificantes. Al lado del profesor Reed, aprendí muchísimo. Elias seguía intentando recuperarme. Yo no volví a responderle.Tres días después de que me fui, mi madre me escribió de la nada:“Liliana, ¿otra vez estás haciendo berrinches? ¿Ahora vas a dejar la universidad?”“¡Si sigues con estos caprichos, no voy a pagarte la colegiatura!”Me quedé callada un rato y después escribí despacio una respuesta:“Se te olvidó. Yo he pagado mi educación desde el principio”.Cuando dije por primera vez que quería estudiar un posgrado, mi madre se opuso rotundamente. Dijo que, después de criarme tantos años, lo que me tocaba era trabajar, ganar dinero y retribuirle a la familia en vez de seguir estudiando.Por suerte, había trabajado durante toda la universidad y había ganado una beca, y mis ahorros alcanzaban para pagar el posgrado. Solo cuando supo que no tendría que pagar nada, mi madre aceptó a regañadientes que siguiera estudiando


















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