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Capítulo 2

Author: Patricia Muñoz
Por un instante, Andrés pareció vacilar. Luego la miró con impaciencia.

—¿Otra vez?

Esbozó una sonrisa arrogante y burlona.

—Está bien. ¿Cuándo quieres divorciarte?

Rosalía abrió la puerta del auto y subió.

—Ahora mismo.

Poco después llegaron al despacho de un abogado para iniciar el trámite de divorcio. Cuando el abogado les preguntó si estaban seguros de querer separarse, Andrés miró a Rosalía con una sonrisa difícil de interpretar.

Ella respondió con calma:

—La relación se terminó.

El rostro de Andrés se ensombreció de inmediato.

El abogado miró el vientre de Rosalía e intentó hacerla reconsiderar.

—Señora Flores, todas las parejas discuten. No tome una decisión por enojo. Su bebé está por nacer; ¿está segura de que quiere separarse justo ahora?

Apenas el abogado terminó de hablar, Andrés firmó la solicitud de divorcio y el poder para que el abogado lo representara ante el juzgado, sin cambiar de expresión.

—Rosalía, eres una tonta si crees que puedes manipularme con el bebé. Seguro que vas a cambiar de opinión antes de que termine el trámite. A ver si te calmas y recuperas el sentido común. ¡Esta es la última vez que te sigo el juego!

Arrojó el bolígrafo y se marchó a grandes pasos, sin volver a mirarla.

Los empleados intercambiaron miradas y luego observaron a Rosalía con lástima.

Las lágrimas cayeron sobre los papeles mientras ella firmaba con cuidado. Después se los entregó al abogado.

—Gracias.

Era la tercera vez que Rosalía pedía el divorcio.

La primera había sido cuando Cecilia la acusó de robar. Andrés, en lugar de defenderla desde el principio, permitió que Cecilia le revisara el bolso delante de todos para demostrar que Rosalía no había robado.

Aquella fue la primera vez que Rosalía comprendió lo poco que él la valoraba. No durmió en toda la noche. A la mañana siguiente pidió el divorcio, hizo las maletas y volvió a su pueblo.

Andrés, que para entonces estaba en el extranjero por trabajo, pasó más de diez horas en un avión para regresar esa misma noche. Permaneció hasta el amanecer frente a la casa de los padres de Rosalía.

Con los ojos enrojecidos, le explicó que sabía que ella no había robado. Había dejado que Cecilia revisara su bolso porque le parecía la forma más rápida de demostrar su inocencia.

Rosalía lo amaba. Al final, cedió y volvió con él.

La segunda vez, Cecilia tomó capturas de pantalla de las conversaciones entre Rosalía y Andrés, seleccionó únicamente los mensajes en los que Rosalía expresaba su amor y los publicó en el grupo general de la empresa.

Lo que había sido un intercambio entre ambos quedó reducido a las declaraciones de ella, como si nunca hubiera recibido respuesta.

Su reputación quedó destrozada. Sus compañeros se burlaban de ella y la excluían. Desesperada, reveló que estaba casada con Andrés y que Cecilia había publicado aquellos mensajes fuera de contexto.

Pero él, para proteger a Cecilia, negó públicamente su relación con Rosalía y la despidió.

Después se lo explicó como si no tuviera importancia:

—Si cuentas la verdad, Cecilia quedará humillada ante toda la empresa. Yo sé que eres mi esposa. Con eso basta.

Aquella vez tuvieron una pelea terrible, y Rosalía volvió a pedir el divorcio. Sin embargo, estaba tan alterada que se desmayó y tuvieron que llevarla al hospital. Cuando despertó, supo que estaba embarazada.

Por el bebé, volvió a soportarlo.

Con cada nueva concesión y a medida que su vientre crecía, Andrés parecía convencerse de que sus amenazas de divorcio eran solo una manera de llamar su atención.

Pero esta vez hablaba en serio.

Cuando salió del despacho después de firmar, alcanzó a ver el auto de Andrés alejarse.

La brisa agitó su falda y Rosalía recordó el día en que se habían casado por lo civil. Aquel hombre, acostumbrado a enfrentar cualquier situación sin dejar ver sus emociones, había sonreído con una alegría poco habitual cuando les tomaron la fotografía.

La había tomado de la mano, con cierta culpa en la mirada.

—Rosalía, a mis padres les preocupa la diferencia entre nuestras familias. Solo aceptaron que nos casáramos con la condición de mantenerlo en secreto y no celebrar una boda. Sé que es injusto para ti. Dame un poco más de tiempo. Voy a convencerlos y celebraremos una gran boda lo antes posible.

En aquel entonces, ella había creído que él la amaba al menos un poco.

Ahora entendía lo poco que él la había amado y lo frágil que había sido ese amor.

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