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2-Jair un lobo rebelde.

مؤلف: white08verdun
last update تاريخ النشر: 2023-11-01 22:02:10

No aceptaba aquella relación, para él, aquella loba no era digna de ser la pareja de su hijo. 

Y mucho menos una aventura en que su hijo se aventara de lleno, Jair al escuchar el rechazo de él hacia Carri, lo molestaba, era un fastidio para él que su padre decidiera quién debía ser su pareja. Lo cierto es, que la atracción que siente Jair era solo de querer tenerla en su cama, era una obsesión que traía por ella desde el momento en que ella lo salvo de ahogarse en las aguas del infierno.

Aún no se le había presentado aquella mujer que lo llevaría a sentir, aquella sensación que tanto su padre le habla, para él no existía aquel amor, destino que según su padre la diosa luna, madre de todos las criaturas cambiantes, era protectora. 

—No, no la acepto para que la reclames... Ella no es adecuada para ti — Jair seguía escuchando la voz irritante de su padre, arruga sus enormes manos, para reprimir aquel enfado que estaba sintiendo.

Arcelia, en cambio, estaba atenta a las advertencias de su padre con respecto a la muchacha. Por otra parte, ella sentía una pena profunda por su hermano, no comprendía que ganaba él enojando a su padre de aquella manera. 

— Padre, reconozco que eres mi Alpha, pero lo que yo sienta por ella o no es mi problema. ¡No renunciaré a ella! — refuta de manera seca. Los ojos de Garren, estaban puestos fijos en su hijo. Ambos en ese momento destilaban un enojo que se podría sentir en el mismo aire, Arcelia, se aclara la garganta para unirse a la conversación que tenía su padre con Jair. 

— ¡Alpha!... Comprendo que solo es una omega, débil, sin actitud alguna. Pero ambos sabemos que Jair no la dejaría. ¿Te prepongo a que hables con el líder de la manada Rair y convenzas al mismo para que entregue a la chica como una esclava para usted?— destaca ella, Jair al escuchar las palabras de ella no estaba de acuerdo con sus estúpidas idea. 

—Arcelia, ¿Qué m****a dices?... ¿Para qué querría nuestro padre a una esclava? No estoy de acuerdo— masculla con molestia clara. Garren y Arcelia estaban viéndolo manera expectante. Por una parte, era descabellado pensar que aquella simple omega sería una esclava de su padre. Pero, por otra parte, era la única manera que tenían ellos que Jair dejara de provocar la paciencia de aquel líder que no dudaría en acabar con ellos, declarándolos en una batalla, el cual no era beneficioso para ellos y tampoco para ningún clan vecino.

—Sí, creo que tienes razón... Lo pensaré, mientras tanto tú Jair estarás a cargo de administrar las casas de visitas de la ciudad— Era claro que Jair sería enviado en donde no podría molestar a la joven omega. 

— Pero padre... — Garren alza la mano haciendo que su hijo no dijera una sola palabra más. Ellos sabían que tan riguroso era su padre en cuanto alguien se atreve a contradecirlo. 

—No debo repetirlo, ¿No es así Jair? — Bufó con seriedad mientras bebía la bebida que tenía en su vaso de cristal. Jair odiaba aquella postura de parte de su padre, desde que tuvo memorias siempre lo trato de manera indiferente. ¿Por qué? Nadie lo sabía, ni el propio Jair tenía idea de aquel comportamiento extraño hacia él.

Tras haber escuchado a su padre, Jair se retira de allí para dirigirse en su habitación, toma la perilla de la puerta para abrirla y entrar por ella. Cierra la puerta con una fuerza descomunal para qué resonará en aquel pasillo. Tira sobre su cama su campera de cuero de color negro, para despojar de su cuerpo su remera e introducirse en el baño para tomar una ducha. Por un tiempo prolongado, aquella cascada de agua que caía sobre él, en cierta forma lo estaba relajando, una y otra vez pensaba en Carri. Su expresión en la taberna de enojo y rechazo le dolía mucho. Admitir aquel dolor, no era digno de un futuro Alpha.

Lo cierto es, que debía encargarse de aquellas casas de hospedaje para los turistas, pero, aun así, no renunciaría a ella. Buscaría la manera de reclamarla, tenerla a solas y marcarla. Un vínculo como esa era casi imposible que ella se resista a obedecerlo.

Ya eran casi media noche, cuando Jair Rime se encuentra observando entrar a mucha gente que venían llegando en el último crucero que zarpaba aquella ciudad. 

Antón junto a Jerry estaba parado a una distancia de su líder, debían comportarse de manera discreta, estaba ingresando muchos humanos en estos últimos días. Eso no era algo agradable para Jair.

Detrás de aquella recepción, Jair estaba controlando la cantidad de huéspedes que se encontraba en aquella casa de hospedaje.  Cómo era de costumbre, Jair no tenía el interés de ser amable y conversador con los huéspedes.

Por aquella puerta iban entrando una vieja amiga, una el cual no ha visto durante muchos años.

— ¿Jair, eres tú?— Indaga, una mujer joven, Antón como Jerry, estaban atentos a la bella mujer que estaba parada a una distancia de su líder. Un cuerpo atleta, con una suave piel, parecida la de una seda, con su cabello lacio hasta las caderas, estaba en los ojos de aquel joven que es leal a su líder. 

El aroma que él estaba aspirando lo estaba llamando poderosamente, Jerry, en cuanto se percata de ellos, detiene los pasos de Antón.

— No puedes hacerlo, no en medio de tanta gente... Controla tu impulso lobuno amigo mío —Los ojos de Antón poco a poco se tornaban de otro color, esto solo hace que él se alejara de donde se encontraba. Jair quien estaba mirando fijamente a la mujer que tenía en frente, parecía que no recordaba a la bella y exuberante mujer que tenía en frente.  

— ¿Qué pasa? ¿No me recuerdas?... Las colinas... Los árboles y las aguas del diablo— Exponía mientras seguía observando a Jair, él, en cambio, tenía el semblante serio y con los ojos distanciados por unos momentos. 

— ¡Claris Winter!... ¿Eres tú?—Claris al ver que parecía recordarla por unos instantes, sonríe abiertamente 

— ¿No que los hombres lobos tenían una buena memoria?... Óyeme, eres un asco con respecto a los recuerdos que teníamos junto— Reprochaba ella, Jair estaba un poco apenado de no haberse recordado de ella, Lo cierto es, que había pasado tantos años que ella no ha vuelto en la manada. A pesar de ser una simple humana, entendía perfectamente las reglas, las tradiciones, y que la amistad era lo más importante, como lo es una traición. 

—Ven, déjame abrazarte, vaya, estás completamente hermosa... Has cambiado, ya no eres aquella chiquilla delgada, mal llevada, que paseaba por los bosques conmigo y Arcelia— Lejos estaba de la mente de Jair que aquella mujer, había despertado el repentino interés de Antón. 

La reunión seguía su curso, sin importar que o de quién se presentase en aquel hospedaje, ambos amigos volvieron a reencontrarse después de tantos años. Era claro, que la visita de aquella mujer cambiaría el destino de uno de la manada, un joven corpulento, con el pelo lacio repletos de tatuajes y piercings, estaba conociendo a su pareja destinada él, después de que pensara que jamás llegaría aquel momento, tras haber esperado tantos años, no tuvo suerte en encontrarla. 

Hoy, sin esperárselo, un calor estaba atravesando cada centímetro de su cuerpo, aquel corazón que parecía que jamás iba a contemplar el amor por alguien, se estaba derritiendo una barrera de hielo que por años se había encargado de depreciar a los demás. 

— ¿Qué demonios me paso?... ¿Quién?... ¿Quién es ella? — preguntaba Antón, mientras que extendía su mano por aquellas paredes del hospedaje, sentir como su respiración estaba completamente agitada. Como si corriera cientos y cientos de kilómetros. 

— ¡Bueno, a eso se lo llama Amor!... Al parecer el temible y despreciable Antón ha encontrado su talón de Aquiles—El joven lobo no podía seguir escuchando aquellas palabras, sujeta a Jerry para estamparlo contra las frías paredes — ¡Eso es imposible!... ¿Cómo crees?... Como crees que una humana será mi pareja, eso no lo permitiré, la rechazaré, ya lo verás — bufo agresivamente Antón. Jerry, quien veía sus ojos muy de cerca, estaba seguro de lo que acaba de decir, eran ciertas, una leve sonrisa aparece en su rostro, esto solo perturba aún más a Antón, para verlo de manera seria. 

— ¿Pero de qué carajos te ríes?... Jerry, te...— Antón no termina de hablar al momento de escuchar las palabras de su líder.

—Oigan ustedes... ¿Qué creen que están haciendo? Antón... Jerry...— Antón afloja su brazo para dejar a Jerry se ponga más cómodo

—No es nada jefe... Aquí solo estábamos conversando de algo... bueno, algo sin importancia— Menciona Jerry, llevando sus brazos alrededor de la nunca de Antón. 

—Como sea... Jerry, tú llevarás a mi invitada a la residencia, en cuanto a ti Antón, ven debemos seguir verificando la zona— termina diciendo Jair para que Jerry solo obedezca las órdenes de su líder. 

Antón camina hacia la mujer para seguir a su jefe, en ese momento, una vez más él estaba aspirando la aroma de aquella mujer, mientras que lo hacía cierra los ojos, pues debía reprimir aquella necesidad de reclamarla como suya. 

Claris, estaba lejos de pensar que el joven que estaba pasando a su costado era nada más que el hombre que la diosa luna había predestinado para que ella tenga por compañero.

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أحدث فصل

  • Amor Salvaje   69. Secuela- Cenizas del Nuevo Cielo

    ​El primer paso fuera del palacio no fue un paso; fue una liberación.​La puerta, que antes parecía devorar la luz, era ahora solo piedra herida. Fragmentos ennegrecidos colgaban como dientes quebrados de una bestia muerta, y el umbral ya no vibraba con esa presión invisible que los había mantenido al borde del colapso.​Hans cruzó primero. No por una cuestión de rango, sino por una necesidad física de aire. El viento lo golpeó en el rostro, frío, punzante, real. Sus pulmones se expandieron en una bocanada desesperada, como si por primera vez en siglos pudiera respirar sin sentir que una presencia ajena lo observaba desde sus propias entrañas.​Detrás de él, la manada emergió con lentitud, cautelosos, como si esperaran que el suelo volviera a traicionarlos bajo sus pies. Arcelia fue la siguiente. Sus ojos recorrieron el horizonte, listos para la amenaza, pero algo en su expresión se suavizó de inmediato.​—Míralo… —murmuró, casi sin aliento.​Hans alzó la vista. Y entonces lo vio, el

  • Amor Salvaje   68. Epílogo: El Primer Aliento

    Las ruinas del palacio ya no se sentían como una prisión, sino como el mausoleo de una era que se negaba a morir y que, finalmente, había descansado. Los muros, que antes latían con una malevolencia orgánica, eran ahora simple piedra inerte, desmoronándose bajo el peso de su propia historia. El silencio que inundaba la sala no era el vacío de la muerte, sino la paz que sigue a una tormenta que duró siglos.​Hans ayudó a Zuke a ponerse en pie. Sus manos se encontraron y el contacto fue eléctrico, pero no por el poder, sino por la humanidad. Él la sostuvo con una firmeza que decía más que cualquier palabra, asegurándose de que sus pies realmente tocaran tierra firme.​Zuke se tomó un momento para observar sus palmas. Sus venas ya no ardían con el brillo febril del palacio; ahora, una energía suave, un matiz plateado y cobrizo, fluía bajo su piel. Era una fuerza mansa, una corriente que ya no intentaba desbordarla, sino que la acompañaba.​—Se siente... diferente —susurró ella, cerrando

  • Amor Salvaje   67. La Desicion

    ​—Ineficiente… inestable… —sentenció la entidad.​Se movió con la intención de absorberlo todo. Una presión absoluta descendió sobre Zuke, intentando reclamarla, convertirla en un canal vacío para su voluntad.​—¡Zuke! —el grito de Hans fue ahogado por el vacío.​Aemin lanzó una llamarada desesperada; Kael ordenó la retirada; Arcelia se plantó como un muro. Pero nada servía. La entidad no podía ser destruida desde el exterior. Zuke soltó un grito de resistencia pura. La energía explotó, pero no hacia afuera, sino hacia el centro de su propio ser.​El mundo se detuvo. Literalmente. Todo quedó suspendido en un fotograma de caos congelado.​Zuke abrió los ojos. Ya no eran dorados ni oscuros. Eran ambos, fundidos en una mirada calma, firme y profundamente humana.​—No voy a elegir entre ustedes —sentenció.—Error… —rugió la entidad.—No. Corrección.​Zuke alzó las manos. La luz y la oscuridad dejaron de orbitar con violencia y se alinearon en una armonía geométrica.—El equilibrio nunca f

  • Amor Salvaje   66. La Entidad

    De pronto, el tiempo pareció congelarse. Las sombras se detuvieron en mitad de un zarpazo. El fuego de Aemin se desvaneció. El aire se volvió denso, difícil de tragar.​Una figura emergió del fondo de la sala, caminando con una parsimonia aterradora. Kerpes. Pero se veía distinto: su presencia era más tenue, menos tiránica. Parecía… humano.​Hans se tensó de inmediato.—Tú…—No vine a pelear —dijo Kerpes, con una voz que carecía de su habitual veneno.—Siempre dicen eso antes de matar —escupió Kael.​Kerpes lo ignoró. Sus ojos se clavaron en Zuke y, por primera vez, hubo algo parecido a la compasión en su mirada.—Así termina… —murmuró.—No —respondió ella desde su trono—. Así empieza.​Kerpes negó con lentitud.—No lo entiendes. Yo tampoco lo entendía.—¿De qué hablas? —exigió Hans.​Kerpes desvió la vista hacia las paredes latentes del palacio.—Del ciclo. Del sistema que nos convirtió en esto. Yo no elegí este camino; fui empujado. Exactamente como tú.​Zuke no respondió, pero su e

  • Amor Salvaje   65. La Reina Roja

    ​El palacio respiró. No fue una metáfora.​Las paredes se expandieron y contrajeron como un pulmón colosal. Bajo los pies de Hans, el suelo dejó de ser piedra sólida para convertirse en algo latente; cada paso parecía activar un mecanismo antiguo, una memoria dormida en las entrañas del lugar.​Zuke seguía frente a él, pero ya no era solo ella. El aire a su alrededor vibraba con una energía que no se desbordaba, sino que se contenía con una presión insoportable. Era como un océano entero atrapado en un cuerpo humano.​Hans avanzó un paso más. Lento. Calculado.​—Zuke —dijo con voz firme—. Mírame.​Ella no reaccionó de inmediato. Sus ojos, dorados y oscuros en un eclipse perpetuo, parecían mirar más allá de él, atravesando su carne y su historia.​—Te estoy mirando —respondió finalmente—. Pero no veo lo mismo que tú.​El golpe fue directo al alma.​—Entonces recuerda —insistió Hans—. No este lugar, no este palacio. Recuerda quién eres.​Zuke inclinó levemente la cabeza, un gesto casi a

  • Amor Salvaje   64. El Umbral del Alma

    ​En el instante en que cruzaron las puertas… el mundo dejó de obedecer.​No hubo un estruendo. Tampoco un cambio brusco. Fue algo peor: un proceso sutil.​El sonido se deformó primero; los pasos ya no resonaban, se hundían. La respiración se volvió errática, como si el aire se negara a llenar los pulmones. Luego mutó la luz, una claridad rojiza, pulsante y viva, que sugería que el palacio no había sido construido, sino que estaba latiendo.​Hans avanzó un paso más. Solo uno. Y cuando giró sobre sus talones… ya no estaban.​Ni Arcelia, ni Kael, ni las manadas. El vacío lo envolvió sin previo aviso.​—No… —murmuró, tensándose.​Buscó desesperado, rastreando un olor, una presencia, una vibración. Nada. El vínculo con la manada se había cortado en seco. Un silencio profundo se apoderó de la estancia, pero no era un silencio natural. Era un silencio que escuchaba.​—Sabía que vendrías —dijo una voz.​Hans se quedó inmóvil. Reconocía ese tono. Giró lentamente y la vio. Zuke estaba allí, de

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