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capítulo 27:

Author: Anto_2608
last update publish date: 2026-09-22 12:23:26

capítulo 27:

—No entiendo por qué la vida tiene que ser tan cruel conmigo, Apolo... —murmuró Yasmín entre lágrimas, hablando hacia sus propias rodillas—. ¿Qué le hice yo a esa mujer para que me odiara con tanto encono? ¿Qué le hice a Sebastián para que dudara de mí de esta manera?

—No le hiciste nada, Yasmín —respondió Apolo con suavidad—. Federica es una mujer enferma de control y egoísmo. Para ella, cualquiera que no pertenezca a su círculo social es una amenaza. Y Sebastián... Sebastián es
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  • Aun sigo casada con el   capítulo 29

    Capítulo 29 Apolo subió en el ascensor privado con la mente en un estado de calma absoluta después de haber hablado con Yasmín en la penumbra del estacionamiento. Al llegar al piso ejecutivo, ajustó los puños de su saco, acomodó su postura y caminó con paso firme hacia la oficina de la dirección general. Cruzó la puerta sin dudar. Sebastián continuaba sentado tras el escritorio, visiblemente afectado, con la mirada perdida en los documentos sobre la mesa y los puños apretados. Al ver entrar a su socio, levantó la cabeza con frialdad y exigencia. —¿Dónde estabas, Apolo? —preguntó Sebastián con la voz raspada—. Yasmín no está en su puesto. ¿A dónde se fue? —Bají a revisar un asunto pendiente con la recepción y la encontré en el vestíbulo —respondió Apolo con una voz neutra, ejecutiva e impecable—. Se sentía profundamente mal, Sebastián. Estaba sufriendo una migraña severa y un cuadro de mareos por la presión de la mañana. Le autoricé que se retirara a su casa por el resto del día pa

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    capítulo 28: Cuando me fui, corté todo contacto. Y hoy, hoy se atreve a decirme en mi cara que me fui por capricho, que lo abandoné para irme con Camilo y que ahora regresé a sacarle dinero. ¡Es un miserable, Apolo! ¡No tiene perdón de Dios! Apolo se acercó un poco más y le tomó suavemente la mano, brindándole un apoyo firme y humano que Yasmín aceptó en silencio. —No eres una vividora, Yasmín. Eres la mujer más valiente que he conocido —dijo Apolo con convicción—. Sebastián no te merece. Ni antes, ni ahora. Yasmín respiró hondo, tratando de recuperar el aire y la compostura tras haberse desahogado. Miró a Apolo a los ojos y, sintiendo que él era el único en esa empresa que realmente la escuchaba con humanidad, decidió confiarle el último secreto que la ataba a esa tormenta. —Hay algo más que debes saber, Apolo... —dijo Yasmín en voz baja, mirando a su alrededor para asegurarse de que nadie escuchara en el estacionamiento—. Algo sobre Camilo y sobre mí. Te lo voy a contar solo a

  • Aun sigo casada con el   capítulo 27:

    capítulo 27: —No entiendo por qué la vida tiene que ser tan cruel conmigo, Apolo... —murmuró Yasmín entre lágrimas, hablando hacia sus propias rodillas—. ¿Qué le hice yo a esa mujer para que me odiara con tanto encono? ¿Qué le hice a Sebastián para que dudara de mí de esta manera? —No le hiciste nada, Yasmín —respondió Apolo con suavidad—. Federica es una mujer enferma de control y egoísmo. Para ella, cualquiera que no pertenezca a su círculo social es una amenaza. Y Sebastián... Sebastián es un cobarde que prefiere culparte a ti antes que aceptar que su madre le arruinó la vida. Yasmín levantó el rostro, mirando hacia la penumbra del estacionamiento subterráneo. Las palabras comenzaron a salir de su boca como un torrente que había estado represado durante años dentro de su corazón. —Sabes, Apolo... Yo no venía de una familia feliz —confesó Yasmín con la voz pausada y triste—. Cuando era apenas una niña, mi madre me abandonó. Se fue sin dar una explicación, sin dejar una nota, sin

  • Aun sigo casada con el   capítulo 26

    Capítulo 26 El retumbo del portazo dado por Yasmín todavía reverberaba en las paredes de cristal de la oficina de la dirección general. Dentro de la estancia, el silencio era asfixiante. Sebastián se quedó paralizado tras su escritorio, con la respiración agitada y los ojos fijos en la puerta cerrada, consumido por una mezcla de rabia, celos y una vaga sensación de vacío. A su lado, Federica acomodaba su bolso con parsimonia, dibujando en sus labios una sonrisa de satisfacción cínica tras haber visto cómo la supuesta trampa de las pruebas se desmoronaba por completo. Apolo, de pie en el rincón, miró a Sebastián y luego a Federica. Una profunda ola de decepción y asco le recorrió el pecho. Ver la ceguera egoísta de su amigo, la arrogancia impune de Federica y la manera implacable en que habían acorralado a Yasmín terminó por romper algo dentro de él. Sin decir una sola palabra, sin pedir permiso ni recoger los expedientes que yacían sobre la mesa, Apolo dio media vuelta, abrió la pue

  • Aun sigo casada con el   Capítulo 25:

    Capítulo 25: —¡Ja! ¿Lo escuchaste, Sebastián? —vociferó Federica con arrogancia—. Te lo dije. Te dije que eran inventos de esta muerta de hambre. Todo este tiempo acusándome a mí, cuando la única culpable de su fracaso es ella. ¿Tienes pruebas de lo que dices, Yasmín? ¿Tienes alguna prueba de que yo te mandé esa foto o de que mi hijo estaba drogado? ¡Muéstralas ahora mismo si las tienes! Yasmín sentía que el suelo debajo de sus zapatos se abría por completo. La rabia y la impotencia comenzaron a arder en su pecho como una llama viva. —¡Claro que las tengo! —gritó Yasmín encarando a Federica con furia—. ¡Tú misma me mandaste el mensaje de texto desde un número desconocido esa tarde! ¡El mensaje decía que tu hijo estaba feliz con una mujer de su altura! Tengo la foto de Sebastián en la cama con esa mujer guardada en mi teléfono. ¡La he tenido guardada durante cuatro años! —Pues enséñala entonces —desafió Federica dando un paso hacia ella—. Saca tu teléfono y muéstrasela a mi hijo ah

  • Aun sigo casada con el   Capítulo 24:

    Capítulo 24: El sol de la mañana iluminaba el piso ejecutivo de la torre corporativa, pero dentro de la oficina de la dirección general la atmósfera era helada y opresiva. Sebastián estaba de pie tras su escritorio de madera, caminando de un lado a otro como un animal enjaulado, con las manos apretadas en los bolsillos del pantalón y la barbilla tensa por la impaciencia. La conversación de aquel dia sobre la trampa de Sabrina le martilleaba la cabeza sin descanso. Tomó el teléfono de la línea privada y marcó el número de su madre con brusquedad. —Mamá —dijo Sebastián en cuanto escuchó que contestaban la llamada, con una voz seca, imperiosa y carente de todo afecto—. Necesito que vengas a mi oficina con urgencia. Te espero aquí en diez minutos. —¿Sebastián? ¿Qué es esta manera de hablarme? Tengo una reunión con mis amigas en el club y... —protestó la voz de Federica al otro lado de la línea. —No me importa tu reunión —la cortó él tajantemente—. Tienes diez minutos o voy a buscarte

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