LOGINGiaObservo en el espejo de la suite las marcas de mi encuentro con Arthur, antes de que la tragedia volviera a tocar nuestra puerta.Me resulta inevitable pensar en todo lo que hemos vivido.La muerte de Lev, el descubrimiento de una parte de mí que antes ni siquiera sabía que existía, la muerte del padre de Arthur, la ruptura de su orgullo para aceptar sus sentimientos por mí… Y ahora, la muerte de Roman.El peso en mi pecho no desaparece. Aumenta cada vez que recuerdo que Arthur se marchó hace unas horas.Hoy es el juicio. Me habría gustado acompañarlo, pero no me lo permitió por mi seguridad.No quiere que Vladimir me vea. Y estoy de acuerdo. Sé que es peligroso y no quiero enfrentarme a él.Mientras pasan los minutos, mi ansiedad aumenta. Dedico un rato a revisar las redes sociales de la asociación infantil a la que decidí donar parte del dinero de la venta de la mansión principal. Después busco otras organizaciones para cumplir mi objetivo. Incluso me comunico con algunos de sus
Arthur.La policía despliega a sus agentes por toda la propiedad y, finalmente, se lleva el cuerpo sin vida de Roman, lo más cercano a un amigo que he tenido.Una detective toma declaración a Gia, mientras otro hombre me interroga.—¿Alguno les dijo por qué hicieron esto?—No —respondo, tenso.El hombre asiente, aunque parece dudar. Entonces mira por encima de mi hombro y se dirige hacia mi mujer. Lo sigo.—¿Señorita Norwood? —pregunta en un español torpe.Gia levanta la mirada. Me mira a mí y después a él, hasta que parece reconocerlo.—Detective… Usted fue quien me atendió aquella vez.¿Aquella vez? ¿Con el caso de Lev?Él detective asiente hacia Gia. Luego observa a ambos y dirige la mirada hacia la mansión, como si intentara conectar algo.—¿Sospechan de alguien en especial? —pregunta en ruso.La detective le traduce la pregunta a Gia.—No —respondo antes que ella.Sin embargo, no puedo dejar de pensar en la risa de Vladimir aquella noche y en Roman dentro de esa maldita bolsa neg
Gia.—Yo… estaba viendo la asociación a la que decidí dar el dinero de la mansión principal de Lev…Arthur acaricia mi mano sobre la mesa y yo subo un poco la mía sobre su muslo.—¿Ya se vendió?Asiento, sin dejar de mirarlo. Ha pasado una semana desde nuestro último encuentro, y siendo sincera, he comenzado a ponerme ansiosa por tenerlo.Pero no estaba segura de iniciar algo por lo cansado que llega del trabajo, hasta hace un instante, cuando sentí su dureza por mí.Durante esta semana, finalmente asistí a la consulta ginecológica y me puse en control con pastillas, así que ahora no dejo de pensar en todo lo que quiero hacerle, y lo que necesito que me haga.—Sí. Hace dos días. Un hombre de familia.Arthur asiente. Ya le había dicho antes que Feddei se haría cargo del asunto, y no se negó.El mesero toma nuestros pedidos, y entonces decido cuestionar algo.—Señor Orlov… ¿No contratará un asistente?—Los hombres que llegan no me convencen.—¿Y una mujer?Arthur mueve un poco la cabeza
GiaDetengo el ascensor antes de que las puertas puedan cerrarse y salgo, decidida.—Becky —pronuncio, intentando controlarme.La rubia se gira y muestra su desagrado.—Gia Norwood —dice de mala gana, y mira el envase que llevo en las manos—. Acabo de ver a tu… novio. Ya ha comido bien, por cierto —suelta, erizándome la piel.Pero me controlo porque, aunque no sé qué hace aquí, también sé que Arthur la rechaza.—Ya no más, Becky —digo, acercándome—. No me importa qué lugar solías ocupar en la vida de Arthur antes de que yo llegara. Ahora estamos juntos y no vas a cambiar eso con tus comentarios venenosos.Becky parece furiosa, pero se controla y cruza los brazos.—¿Comentarios venenosos? No, Gia. Son la verdad.Me contengo de poner los ojos en blanco.—Lo que quieras, Becky. Ya terminé contigo. Consíguete un amante, por favor, y olvídate de mi novio.Tras soltar eso, simplemente vuelvo al ascensor.La ignoro mientras las puertas se cierran, aunque, en el último segundo, alcanzo a ver
Gia.—No sabes cuánto te lo agradezco, Gia. De verdad… —La mirada que Mikhail me da mientras toma mi mano me conmueve—. Sabes lo importante que era para mí que Lev aprobara mis trabajos. Pero tenerte aquí después de que se fue, es lo mejor que nos pudo pasar.—No tienes que agradecérmelo, Mikhail. Tú debes llevarte todo el mérito.Él sacude la cabeza, me suelta y luego se gira para gritarle al equipo que la sesión ha finalizado. La revista se publicará la semana que viene y no puedo esperar para verla.Dede se acerca para felicitarme también y luego me pongo al día con ella sobre las próximas sesiones pautadas de otros fotógrafos.—¿Tienes pensado hacer alguna pronto?Lo pienso de verdad.—No lo creo. Además… Sabes que lo mío es salir al campo.—A comer pasto —bromea ella, y yo solo puedo reír.Tras despedirme de todos, me dispongo a irme, pero antes, decido ir al baño.Frunzo el ceño de nuevo al ver que no hay sangrado.No lo entiendo. Nunca había tenido un periodo tan irregular. Sin
Arthur.El día sigue transcurriendo, pero Gia se muestra un poco distante. Puedo decir que se debe a una mezcla de su estado sensible y todo lo que hemos hablado.Y aunque me llena de ansiedad tener que darle espacio mientras trabajo en mi estudio, al menos ya no tengo el peso de ocultarle lo que está pasando.Esta noche dormimos abrazados, pero la tensión puede cortarse con un cuchillo.Ella no va a cambiar de opinión.Y yo debo seguir el procedimiento al menos hasta que encuentre una solución.El lunes llega. Me despido de ella con un beso en su frente. Gia apenas se mueve de la cama y le digo que la llamaré durante el día.Roman me lleva al bufete y lo primero que encuentro en la recepción es una fila de al menos diez mujeres y tres hombres esperando para la entrevista de trabajo.Saludo a todos con amabilidad, pero luego les digo que olvidé mencionar que el puesto es solo para aspirantes masculinos.La razón por la que contraté a Oscar en primer lugar no solo fue porque tenía buen







