Share

Capítulo 3

Penulis: Mónica Herrera
Como ya estaba casi segura de que el hombre al otro lado de la pantalla era Ramón, lo más urgente era averiguar si de verdad estaba saliendo con dos mujeres a la vez.

Y, de paso, descubrir quién demonios era la mujer a la que llamaba "cariño" por teléfono. ¿Y si al final solo me estaba imaginando cosas?

Poco después, volvió a escribirme:

"Por cierto, amor, la marca V lanzó una nueva colección. ¿Me ayudas a elegir qué me pongo mañana?"

[Imagen adjunta]

Se me ocurrió un plan. A propósito, elegí un suéter negro con el logo sobre el pecho, de esos que cualquiera reconoce al verlo.

En el fondo, todavía me quedaba una pizca de esperanza: si al día siguiente Ramón no llevaba ese suéter, significaría que me había equivocado de persona.

Y así tampoco tendría que seguir preguntándome si era un desgraciado.

A la mañana siguiente, entré a la oficina de Ramón con los documentos ya corregidos.

Él estaba sentado con calma en el sofá, tomando té.

—Señor Alcocer, la propuesta ya está lista.

Ramón alzó la mirada y me sonrió con suavidad.

—Gracias por el esfuerzo. El representante de la firma inversora vendrá por la tarde. Ten todo listo con tiempo.

—De acuerdo.

Y llevaba puesto, justamente, el suéter negro que yo había elegido la noche anterior. Miré dos veces aquel suéter y, fingiendo desinterés, comenté:

—Señor Alcocer, no le había visto antes ese suéter. Le queda muy bien.

Él sonrió.

—Lo compré ayer.

Con eso, la última pizca de esperanza que me quedaba se hizo pedazos. Sí: él era mi novio.

Cuando regresé a mi lugar, fui incapaz de concentrarme en el trabajo. Mi mirada no dejaba de desviarse hacia la oficina de Ramón.

Ramón había dicho ayer que su "cariño" pasaría por la oficina hoy. Yo quería ver con mis propios ojos qué mujer era.

Y si la verdad resultaba ser lo que imaginaba, entonces esa relación ya podía darse por muerta.

Una hora después, una joven elegante y de facciones delicadas entró con total confianza en la oficina de Ramón.

Con la excusa de servirme agua en el área de café, me acerqué hasta la puerta.

Por la rendija apenas entreabierta se filtraban risas alegres.

—Amor, te extrañé muchísimo. Ese suéter te queda guapísimo. El negro te favorece mucho.

Ramón respondió en voz baja, con un tono cariñoso:

—Mientras te guste. Lo escogí a propósito. Esta noche vamos a ver a tus papás, ¿no? Me preocupaba que no me aceptaran.

—¿Cómo no? Tengo excelente gusto. Mis papás seguro estarán de acuerdo.

Al escuchar eso, sentí un golpe seco en el pecho. Así que me había pedido que le eligiera la ropa para ir a agradar a los padres de otra mujer.

Entonces, ¿qué era yo? ¿Una suplente escondida detrás de una pantalla, útil solo para entretenerlo?

Al segundo siguiente, saqué el celular y, conteniendo el asco, le envié unas pocas palabras:

"Me das asco. Terminamos."

Después lo bloqueé y borré la conversación de inmediato, todo de un tirón.

***

Poco después, Ramón salió de su oficina tomado de la mano de aquella chica y la acompañó hasta el ascensor con una mirada llena de ternura.

No había en su rostro ni rastro de una ruptura reciente.

Me reí con amargura de mí misma. Parecía una payasa. Al recordar todas las palabras dulces de ese último año, sentí que se me cerraba la garganta.

Por suerte, siempre había hablado con él desde una cuenta secundaria.

De lo contrario, cruzármelo ahora en la empresa habría sido insoportablemente incómodo.

Me consolé como pude: si me iba mal en el amor, al menos tenía que compensarlo en el trabajo. Ya era una adulta; no podía dejar que una tontería así me costara el empleo.

Por la tarde, Ramón me escribió por el chat interno de la empresa.

"Teresa, la firma inversora cree que la propuesta tiene potencial. Entra para explicarla con más detalle."

Me recompuse y entré como si nada hubiera pasado.

—Teresa, este es Adrián Ramos, presidente ejecutivo de la firma inversora y amigo mío de toda la vida. No te pongas nerviosa. Explícale tus ideas al señor Ramos.

Sin responderle a Ramón, miré al hombre sentado en el sofá.

En cuanto nuestras miradas se cruzaron, me quedé atónita.

A diferencia de la serenidad contenida de Ramón, Adrián desprendía una elegancia fría, distante, con un aire que decía claramente "no te acerques".

Lanjutkan membaca buku ini secara gratis
Pindai kode untuk mengunduh Aplikasi

Bab terbaru

  • Bloqueé al CEO Equivocado   Capítulo 10

    Ramón se escabulló con la cola entre las piernas.Yo todavía no lograba procesar aquel giro absurdo. Había varias cosas que necesitaba aclarar, así que miré a Adrián, todavía indignada.—Entonces, ¿por qué Ramón tenía un vaso igual al tuyo?Adrián respondió con expresión dolida:—Porque terminó comprándose uno igual. El mío siempre estuvo en mi oficina. Ese día incluso te mandé una foto para enseñártelo.Abrió su galería y, efectivamente, era la misma imagen que me había enviado.—¿Y la ropa? Ese día, cuando te vi, no llevabas ese suéter.—Sí lo llevaba. Estaba debajo del saco.Lo pensé un instante. Era cierto: aquel día llevaba un suéter negro de cuello alto debajo del saco; solo que el logo había quedado cubierto.—Entonces, ¿por qué fuiste a comer al comedor de nuestra empresa?—Ramón me pidió que fuera para hablar de la inversión. Aproveché y almorcé allí.Me dieron ganas de golpearme la cabeza contra la pared.—Así que todo este tiempo estuve culpando a alguien que no había hecho

  • Bloqueé al CEO Equivocado   Capítulo 9

    —¿De verdad se puede comer bien aquí?—Le garantizo que, después de probarlo, va a querer repetir.Le pasé un plato de cordero dorado y jugoso.Al principio, Adrián parecía bastante reacio. Pero al verme comer con tanto gusto, terminó por llevarse un bocado a la boca.Y después de probarlo, ya no pudo detenerse.Entre brindis y risas, él me habló de las intrigas del mundo de los negocios, y yo le conté anécdotas vergonzosas de mi infancia.No pasó mucho antes de que varias botellas quedaran vacías.Ya mareada, con la cabeza pesada, levanté la voz:—¡Otras cuatro cervezas!—Ya estás borracha. No puedes seguir tomando.—¡No se meta!Después de eso, todo se volvió confuso.En medio de la conciencia borrosa, creí escuchar un murmullo dolido:—Amor, ¿de verdad ya no te importo?***Cuando volví a abrir los ojos, ya era la mañana siguiente.Según lo planeado, ese mismo día debíamos regresar en avión.Revisé todo mi bolso, pero no encontré el cargador.Le escribí a Adrián:"Señor Ramos, ¿vio

  • Bloqueé al CEO Equivocado   Capítulo 8

    Respondí sin pensar:—Claro que sí. Cualquiera caería rendida. Al menos, a mí me parece que se ve muy bien.Apenas terminé de hablar, quise morderme la lengua. Me cubrí la boca de golpe, muerta de vergüenza.Los ojos de Adrián se llenaron de risa.—Solo estamos conversando. No te pongas tan nerviosa.***El Mundo Fantasía del Sol estaba abarrotado de gente.Para que el señor Ramos se divirtiera a gusto, compré directamente pases VIP. De todos modos, al final esa cuenta se la iba a cobrar a Ramón.Lo primero que hicimos fue dirigirnos a la montaña rusa futurista, una estructura llena de luces y efectos tecnológicos.Antes de ir, había leído reseñas. Decían que los más miedosos podían desmayarse allí mismo y que hasta los valientes salían con el corazón acelerado.Aunque llevaba tiempo queriendo probarla, en realidad yo era bastante cobarde.Apenas me senté, me puse pálida y pregunté con voz temblorosa:—Señor Ramos, ¿todavía estoy a tiempo de arrepentirme y bajarme?Adrián me miró con t

  • Bloqueé al CEO Equivocado   Capítulo 7

    —¡Hecho! ¡Trato cerrado!***Esa noche, los cuatro nos reunimos para cenar.Era la primera vez que veía a Ximena. Tenía una personalidad abierta y directa, justo el tipo de persona con la que suelo llevarme bien.Pero en cuanto pensaba en Ramón, me resultaba imposible acercarme a ella con total naturalidad.Durante la charla, me enteré de que llevaban tres años juntos.Sacando cuentas, yo había terminado convertida, sin saberlo, en la tercera en discordia de aquella historia.Pensé que, mientras yo no dijera nada y Ramón la tratara bien de ahora en adelante, podía guardarme ese secreto hasta la tumba.Adrián notó que estaba distraída y me preguntó en voz baja:—Te noto distraída. ¿Qué pasa?Negué con la cabeza.Él miró pensativo a la parejita sentada frente a nosotros, como si hubiera entendido la situación al instante.Luego se volvió hacia Ramón.—Mañana iremos por separado.Ramón puso mala cara.—¿Y eso? Los cuatro juntos sería mucho más divertido.Adrián respondió con dos palabras

  • Bloqueé al CEO Equivocado   Capítulo 6

    Dentro del auto, el silencio era tan denso que resultaba incómodo.Para romperlo, solté lo primero que se me ocurrió:—Podríamos poner algo de música.Al instante, una melodía melancólica comenzó a sonar en los altavoces.Me sorprendí un poco.Jamás habría imaginado que un presidente frío como una estatua escuchara una y otra vez canciones de desamor.—No lo habría imaginado. ¿Le gusta esta canción?Respondió en voz baja:—Últimamente la pongo todo el tiempo.Eso sí me sorprendió.—¿Ah, sí? ¿Tiene algo que le preocupa?—Sí. Me acaban de dejar.Adrián me miró de reojo y, tras un breve silencio, dijo:—Quisiera pedirte un consejo.—Dígame.—Si alguien malinterpretara algo muy grave sobre ti y terminara contigo sin darte la oportunidad de explicarte, ¿qué harías?Me reí.—Intentaría hablar con esa persona cara a cara y aclararlo todo.—¿Y si no quisiera escucharme de inmediato?—Entonces buscaría acercarme poco a poco, hasta que me diera la oportunidad de explicarme y de conocerme de nuev

  • Bloqueé al CEO Equivocado   Capítulo 5

    Miré la hora en mi reloj, algo incómoda.—No te preocupes. Fui yo quien llegó antes. Toma asiento.La mesa estaba cubierta de rosas frescas y, no muy lejos, sonaba una melodía suave de piano.Mirara por donde se mirara, aquello parecía más una cita que una cena de trabajo.Adrián debió notar mi rigidez, porque enseguida explicó:—No lo malinterpretes. Solo me gustan mucho los platos de este lugar.Solté una risa incómoda y no respondí.Él hizo una seña discreta, y los meseros comenzaron a entrar en fila.Con elegancia, hojeó el menú y pidió una larga lista de especialidades tan caras que me dejaron aturdida.Mientras escuchaba los nombres de los platos, un recuerdo me asaltó en el peor momento.Tiempo atrás, le había enviado a mi novio virtual una publicación de este mismo restaurante."Cariño, cuando por fin nos conozcamos en persona, ¿venimos a comer aquí?"Él respondió:"¡Sí, sí! ¿Qué te gusta comer? Lo anotaré todo en mi libretita."Yo contesté:"Me encantan la langosta, los camaro

Bab Lainnya
Jelajahi dan baca novel bagus secara gratis
Akses gratis ke berbagai novel bagus di aplikasi GoodNovel. Unduh buku yang kamu suka dan baca di mana saja & kapan saja.
Baca buku gratis di Aplikasi
Pindai kode untuk membaca di Aplikasi
DMCA.com Protection Status