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CONTRATO DE VENGANZA
CONTRATO DE VENGANZA
Penulis: MAINAUTHOR

Capítulo 1: La Oferta del Diablo

Penulis: MAINAUTHOR
last update Tanggal publikasi: 2026-10-23 00:00:27

El ascensor se detuvo en el piso setenta y dos con un suave tintineo que me pareció una burla. Mis dedos sujetaban la carpeta de cuero negro con tanta fuerza que los nudillos me dolían. Cinco años. Cinco años de mi vida, de mi juventud, robados para llegar a este momento.

Las puertas se abrieron a un vestíbulo de mármol blanco y silencio sepulcral. Una recepcionista con una sonrisa de plástico me indicó que el señor Sterling me esperaba. Ni siquiera me hizo esperar. Sabía que iba a ir. Ese hombre lo sabía todo.

La puerta de su despacho estaba entreabierta. Lo vi antes de que él me viera a mí. Adrian Sterling estaba de pie junto a la ventana, de espaldas, contemplando la ciudad que se extendía a sus pies como un rey contemplando su reino. Llevaba un traje azul marino que le sentaba como un guante, y su postura era la de un depredador en calma.

"Señorita Ríos", dijo, sin darse la vuelta. "Puntual. Lo aprecio."

"Usted no me aprecia", respondí, entrando y cerrando la puerta. El clic del pestillo sonó como un disparo. "Usted aprecia las cosas que puede controlar. Yo no soy una de ellas."

Finalmente se giró. Tenía esa sonrisa lenta y peligrosa que había visto en las revistas, la que usaba para encantar a los inversores. Pero sus ojos, de un gris tormentoso, no sonreían. Me estudiaban, me pesaban, me desnudaban de todas mis defensas.

"Directa. Me gusta." Se sentó en el borde de su escritorio, cruzando los brazos. "Supongo que traes lo que imagino."

Dejé la carpeta sobre la mesa con un golpe seco. "Fraude, evasión de impuestos, y un rastro de sobornos que llevan directamente a su puerta. Su empresa ha estado desviando fondos a cuentas fantasma en las Islas Caimán durante los últimos siete años. Tengo los nombres, las fechas y las firmas. Esto es suficiente para que su imperio se derrumbe y usted pase los próximos veinte años en una celda."

Esperé. Esperé un parpadeo de nerviosismo, un tic en la mandíbula, cualquier señal de que había ganado. Adrian Sterling no se inmutó. Ni siquiera miró la carpeta. Solo me miró a mí, y en sus ojos no había miedo, sino algo mucho más peligroso: interés.

"¿Y qué quieres, Isabella?" Su voz era un bajo profundo que me vibró en los huesos. "¿Justicia? ¿Venganza? ¿Ver mi nombre arrastrado por el barro como el de tu padre?"

"Quiero que pague", dije, y mi voz sonó más firme de lo que me sentía. "Quiero que todo el mundo sepa lo que hizo. Quiero limpiar el nombre de mi familia."

Él se rio. Fue una risa corta y amarga que me hirió como una bofetada. "¿Limpiar el nombre de tu familia? Isabella, tu padre no era el santo que crees que era."

"No se atreva a hablar de él."

"Tu padre", continuó, ignorando mi advertencia, "no murió por un escándalo de malversación. Murió porque descubrió algo que no debía. Algo que yo he estado protegiendo durante años."

Me quedé paralizada. Las paredes de mi realidad, que habían estado firmes durante cinco años, comenzaron a agrietarse. "Está mintiendo. Siempre miente. Es su especialidad."

Adrian se levantó y se acercó a mí. Era alto, mucho más de lo que recordaba, y su proximidad era una amenaza física. Olía a sándalo y a algo más oscuro, algo que me hizo querer retroceder y, al mismo tiempo, quedarme.

"Te propongo un trato", dijo, y su voz se volvió suave, casi íntima. "Un matrimonio de conveniencia. Doce meses. Tú te conviertes en mi esposa, y yo limpio el nombre de tu padre. Te doy la verdad completa sobre lo que pasó. Y te garantizo que nadie volverá a tocarte."

Lo miré como si hubiera perdido la cabeza. "¿Un matrimonio? ¿Con usted? Preferiría casarme con una serpiente de cascabel."

"La serpiente al menos te avisaría antes de morderte." Se encogió de hombros. "Pero esta es tu única oportunidad de saber la verdad. La verdad real. La que hará que todo el dolor de tu padre valga la pena. O puedes irte con tu carpeta, entregarla a la prensa, y pasar el resto de tu vida preguntándote qué fue lo que tu padre intentó proteger."

Mis manos temblaban. Lo odiaba. Lo odiaba con cada fibra de mi ser. Pero también lo necesitaba. La duda que había plantado era una semilla que ya estaba echando raíces.

"¿Por qué yo?", pregunté, y mi voz se quebró. "Podría tener a cualquier mujer. ¿Por qué la hija del hombre que supuestamente arruinó?"

Él se detuvo a un palmo de mí. Su mirada descendió a mis labios y luego volvió a mis ojos. "Porque eres la única persona en el mundo que no me tiene miedo. Y porque necesito a alguien a mi lado que sea lo suficientemente fuerte para sobrevivir a lo que está por venir."

Antes de que pudiera responder, su teléfono sonó. Lo ignoró. Pero entonces su pantalla se iluminó con un mensaje que vi de reojo. Una sola línea: "La venimos. Ella es la llave."

Adrian leyó el mensaje y toda la sangre abandonó su rostro. Por primera vez desde que lo conocía, Adrian Sterling pareció aterrado. Sus ojos se encontraron con los míos, y en ese momento supe que el trato que me ofrecía no era una manipulación. Era una advertencia. Y mi vida, tal como la conocía, estaba a punto de terminar.

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