Share

CUANDO LA PERDÍ
CUANDO LA PERDÍ
Author: Maxxi Mendoza

Prólogo

Author: Maxxi Mendoza
last update publish date: 2022-12-03 03:21:31

NOTA: 

Querido lector, antes de leer este libro, te recomiendo que primero leas mi libro anterior, 

"Ni contigo, ni sin tí" para que puedas entender la aparición de ciertos personajes. 

Por otra parte, recuerda que lo que aquí está escrito es producto de mi imaginación, es por eso que algunas cosas no van a concordar con la realidad. Y por último, te advierto que este libro es bastante erótico, basándose en prácticas sadomasoquistas. Un abrazo, y espero lo disfrutes.

***

El llanto de Ava me ensordece, está desconsolada frente a la tumba de nuestra madre. No puedo juzgarla, si es difícil para mí, no me imagino lo que será para una niña de 6 años aceptar que jamás volverá a ver a su madre.

Mi padre, por el contrario, se le ve sereno, más callado de lo normal, su rostro no emite expresión alguna, sin embargo, ¿es mi imaginación?, una lágrima rueda por su mejilla izquierda, pese a su nula expresión, pestañeo por mi asombro y froto mis ojos para asegurarme de que no estoy viendo alucinaciones, pero al volver a ver parece que si era una alucinación por qué su rostro estaba más inexpresivo que nunca, sin rastro alguno de una lágrima que pudiera brotar de los ojos del gran Michael Roberts. Con el ceño fruncido se gira hacia nosotros.

—Damián, trae a tu hermana, es hora de irnos. —Me dice, para luego irse al auto sin detenerse a esperarnos.

Obedezco como lo haría cualquier chico de 14 años que le tiene un profundo respeto a su padre, respeto que sin saberlo se convertiría con el paso de los años en miedo, y ese miedo a su vez terminaría en un profundo rencor.

Con la muerte de mi madre, todo empeoró, la enfermedad de Ava, el carácter de mi padre, sus maltratos hacía a mí, y mi terrible dolor. En un principio creí que si me comportaba como un chico fuerte, tal y como decía mi padre, podría afrontar la situación de haber perdido a mi madre en un trágico accidente de tránsito, pero no fue así, por el contrario, cada día que pasaba para mí era un infierno, extrañaba a mamá y ni siquiera podía llorarla por qué para mi papá las lágrimas en el rostro de un hombre era algo inaceptable. Según él, todos moríamos, así que no se debía llorar por lo que se sabía que algún día tarde o temprano pasaría y sería inevitable; además, un futuro político como yo, debía aprender a no mostrar sus sentimientos. Es por esa razón que también decidió traer a casa a la abuela Sara, su madre, con el fin de que velará por la salud de Ava, quién últimamente sufría de ansiedad al no volver a ver a mi madre y eso había causado que sus problemas cardíacos se agravaran y de esta manera yo me centrara única y exclusivamente en mi educación, pues según el señor Michael Roberts, el futuro presidente de Estados Unidos no se haría de la noche a la mañana. Mi padre tenía sus propios planes para mí, y yo simplemente debía aceptarlo.

Fui enviado a un internado con el fin de culminar mis últimos años de estudio secundarios, durante ese tiempo Ava tuvo una de sus crisis, así que sin dudarlo me escapé de la escuela para ver como estaba mi hermana ante la negativa de mi padre de solicitar un permiso para mí.

—¿Cómo está Ava abuela? —Pregunto a mi abuela que estaba en la casa esperando afuera de la habitación de Ava.

—Está mejor, el doctor está adentro con ella. ¿Pero tú que haces aquí?, pensé que tu padre no había solicitado el permiso en la escuela para que vinieras.

—No lo hizo abuela, me escapé.

—¿Qué?, debes irte antes de que tu padre se dé cuenta, vamos cariño, no pierdas tiempo. —Dice mi abuela muy nerviosa. Los dos sabíamos que a mi padre no le gustaba ser desobedecido.

—Abuela, pero Ava...

—Ella está mejor cariño, confía en tu vieja abuela, mientras esté a mi cuidado te prometo que nada le pasará.

—Está bien abuela, te la encargo. —Mi abuela me da un abrazo y me dispongo a irme, cuando me topo de frente con mi padre, que me veía con desaprobación.

—¿Qué haces aquí Damián? —Pregunta mi padre con el ceño Fruncido.

—Yo lo traje. —Dice mi abuela, intentando defenderme.

—No seas ridícula madre, que ya me llamaron de la escuela a decirme que este tonto desobedeció mis órdenes y se escapó.

—Vine a ver como estaba mi hermana, ¿acaso no puedo? —Dije en uno de mis arranques de valentía que en más de una ocasión me habían costado varios castigos.

—¿Te atreves a hablarme así muchacho? En verdad no sientes ni el más mínimo respeto por mí. —Suspira frustrado. —Al estudio. —Me dice muy enojado. Mi abuela me da un abrazo en señal de que lamenta que mi padre me descubriera, y el corto tiempo que nos tomamos en ese abrazo, simplemente avivo la ira de mi padre. —AHORA... —Gritó, mientras bajaba las escaleras.

Cuando entré en el estudio, mi padre estaba de pie frente a la ventana, apenas escuchó el sonido de la puerta cerrarse, se dirigió hacía a mí, y cuando estuvo en frente mío me abofeteo; sin embargo, simplemente me dediqué a observarlo, eso me valió otra bofetada, pero aun así no le bajé la mirada, podía ver la ira en sus ojos, pero no me daba miedo, sus golpes era algo a lo que yo, ya estaba acostumbrado. Hace un poco más de 2 años mi madre había muerto, y desde ese día el infierno que me había hecho vivir mi padre con sus exigencias e imposiciones me habían convertido en un tonto con muchas agallas, hace mucho que el poco respeto que alguna vez pude sentir por él había desaparecido, para mí él no era mi padre, era mi verdugo, y debía luchar como pudiera para sobrevivir, pues no era una persona de la que pudiera apartarme fácilmente y menos con la condición de Ava, ella más que nadie necesitaba de los privilegios que ser hijos de mi padre nos permitía tener, pues los cuidados para ella eran imprescindibles y eso no estaría nunca en discusión.

—Te abono que eres valiente hijo. —Me dice luego de abofetearme dos veces. —Pero debes saber con quién serlo. Yo soy tu padre y a mí me respetas. —Dijo y me abofeteo nuevamente, pero esta vez estaba tan cabreado de recibir sus golpes que sin pensarlo le devolví una de las tres bofetadas que me había dado.

—¡Me tienes harto!. ¿Te gustó el golpe?, ¿acaso te gusta ser golpeado?, ¿qué se siente recibir una dosis de tu propia medicina padre?. —Dije bastante ofuscado después de golpearlo, cosa que debo admitir fue un grave error, pues ese día gracias a esa acción y a esas palabras, a mis escasos 16 años descubrí la crueldad de mi padre, y no era ni la mitad de lo que ya había visto.

—¡Maldito chico!, esto lo vas a pagar. —Dice y me toma del cuello de la camisa del uniforme. —Ahora verás. —Me inmoviliza haciendo una llave con su brazo derecho alrededor de mi cuello, intento forcejear, pero la fuerza que mi delgado cuerpo puede generar no es competencia para él. Uno de mis brazos queda detrás de su espalda, lo que no me permite movilizarlo y el otro intenta pelear con el agarre de mi cuello, pero es inútil. De esta manera me lleva hacia la puerta y con el brazo que tiene suelto toma mi brazo que aún intenta forcejear con su agarre, no entiendo que quiere hacer hasta que coloca mi mano en el marco de la puerta y en un intento de aferrarme a ese marco para que no me saque del estudio, por temor a lo que pudiera hacerme, omito lo obvio, porque sus verdaderas intenciones eran destrozar mis dedos con la misma puerta, cosa que solo supe hasta que sentí como tiro de la puerta con fuerza y esta se estrelló contra mis dedos, haciéndome llorar de dolor...

—AHHHHHHHHHH —Gritaba una y otra vez, pues la puerta la tiró contra mi mano no una, ni dos, sino tres veces, hasta que se aseguró de que mis dedos realmente estaban fracturados, y mi dolor era tan grande que para cuando me soltó, terminé en el piso revolcándome por la magnitud del sufrimiento físico que sentía en ese momento.

—Eso es para que aprendas quién manda Damián. —Dijo a la par que se recomponía y yo aún me retorcía de dolor viendo como mi mano derecha estaba completamente ensangrentada. —Mírate, eres débil, testarudo, ni siquiera pudiste defenderte, me das pena Damián, tu madre debe estar revolcándose en su tumba de ver la vergüenza de hijo que tiene.

Él tenía razón, no era más que un mocoso débil, sin madre, y con un padre cruel capaz de hacerme el peor de los daños con tal de conseguir que yo fuera su títere. Ese día no solo descubrí el asco de padre que tenía, también descubrí el miedo que en mí producía, quería irme y escapar, pero no estaba dispuesto a dejar a mi hermana con semejante monstruo. Ese día juré que me convertiría en el mejor político de este país solamente para hacer que mi padre se tragara sus palabras y obtener todo el poder que pudiera, así podría hacerme cargo de Ava y aplastaría a mi padre como la cucaracha que era.

Durante años me dediqué a estudiar, me gradué de Leyes en la Universidad de Harvard con honores, actualmente cursaba un posgrado en ciencias políticas y actualmente a mis 23 años ya era miembro del senado de New York, y nada más debía esperar un par de años más para poder postularme a la alcaldía. De mis logros alardeaba mi padre, pues a tan corta edad había alcanzado lo que él no, y mi futuro político pintaba prometedor; sin embargo, no era suficiente para Michael, él necesitaba asegurarse de que así fuera, es por eso que me comprometió en matrimonio con Crystal Brown desde hace varios años, la hija del magnate George Brown, dueño de Industrias Brown, mejor amigo de mi padre y su principal fuente de ingreso para financiar sus campañas políticas, sobre todo ahora que el objetivo de mi padre era aspirar a la presidencia de los Estados Unidos de América. Para ser sincero no me molestaba estar comprometido con Crystal, la conocía desde niño, y era una excelente sumisa. Me daba igual casarme con ella o con un poste de luz, siempre y cuando me ayudara a alcanzar mi propósito en la vida. Ser el hombre más importante del país, proteger a Ava y destruir a mi padre.

—¿En que piensas Damián? —Pregunta Crystal mientras me da un pico en los labios, lo que me molesta mucho, así que la tomo por el cabello alejándo su boca de la mia.

—¿Qué acaso no te ha quedado claro que entre los dos están prohibidos los besos? —Le digo muy enojado

—Es solo una muestra de cariño, después de todo nos vamos a casar.

—No me gustan las muestras de cariño, y el que vayamos a casarnos no quiere decir que me importes Crystal, desde un principio te expliqué mis intereses y tú aceptaste, así que no seas ambiciosa y quieras más de lo que puedas obtener. —Digo y la suelto del cabello, para servirme un trago

—Damián, pero es que, pero es que yo te amo… —La interrumpo, no quiero seguir escuchándola, su amor no me interesa, es repugnante que se denigre de esa manera, ¿cómo va a amar a alguien que únicamente la usa a su conveniencia?.

—No sigas, no lo soporto, quien te dijo que te podías enamorar de mí, lo que tenemos tú y yo es solo un negocio, follamos por necesidad y no somos exclusivos. ¡Lo sabes!

—No lo acepto, sé que al principio estuve de acuerdo, pero mis sentimientos cambiaron, quiero ser tu única sumisa...

—¿Qué?, estás loca, yo no soy hombre de una sola mujer Crystal, no pidas algo que jamás tendrás, cuando te pedí que jugaras conmigo en este mundo del BDSM es porque amo tu culo, y eres bastante obediente, nada más. ¡Despierta!, yo no soy el príncipe del cuento de hadas que quieres en tu vida.

—Si tan solo te dieras la oportunidad, podrías ver que no todos somos crueles como tu padre, que existimos personas que si te queremos y que no te haremos daño. El que ni tu propio padre te quiera no quiere decir que el resto del mundo también lo haga. —Lanzo la copa de Whisky que tenía en la mano contra la pared. Sus palabras hacen que me enfurezca, ¿Quién se ha creído?, ¿acaso cree que me conoce?, Intento respirar para no tomarla por el cuello y hacerla callar de una vez por todas, porque en el fondo no soy la bestia que es mi padre.

—Cierra la puta boca Crystal, ¡no sabes nada!, pero ya que estás tan interesada, no te las des de psicóloga, jamás me enamoraría simplemente porque no creo en esas estupideces románticas, y sería una distracción en mis objetivos. Es cierto, mi padre no me quiere, pero yo tampoco a él, y si ni a él que es mi padre le tengo algo de cariño, ¿qué te hace pensar que a una niña tonta y caprichosa como tú, si?. Eres una tonta romántica, te dije que no te enamoraras, pero no me escuchaste, así que ahora recibirás tu castigo, desde ahora dejaras de ser mi sumisa...

—Damián, ¡no puedes hacer eso!

—¿Quién dice?, ¿Tú? —Me rio. —Para mí no eres indispensable, simplemente eres una más en la lista de chicas que me follo.

—Tal vez, pero no hay ninguna sumisa como yo, yo soy la más obediente, y te complazco como nadie, cosa que te encanta porque tu mismo me dijiste que ser un Dom te hacía sentir poderoso, el poder que aún no tienes frente a tu padre, lo tienes conmigo. No lo niegues

—¿Que parte de no eres indispensable, no está clara?, cualquier mujer en el mundo serviría para reemplazarte...

—Si estás tan seguro, ok, eso lo quiero ver.

—¿Acaso me estás retando?

—¿Por qué no?, te crees la gran cosa Damián, pero la verdad es que solo eres un niñito débil con ínfulas de poder. —El que me dijera niñito débil, me hizo recordar cuando mi padre me lo dijo, el mismo día que me dejó estas cicatrices que tengo en mi mano derecha.

—Yo no soy ningún niñito y menos débil. Si estás tan segura, escoge tu misma a una mujer, la que sea y te darás cuenta de que cualquiera que tenga dos pechos y una vagina podrá ser mejor sumisa que tú... —Veo como mis palabras la llenan de ira...

—¿Apostamos que no? —Pregunta y me tiende la mano...

—¿Apostamos que sí? —Cierro la apuesta tomando su mano.

—Entonces, ¿qué ganamos? —Me pregunta

—Una vez nos casemos, pondrás todos tus bienes a mi nombre

—¡Está bien!, pero si yo gano, tú dejarás que te bese, dejaras de ver a otras chicas para ser exclusivo conmigo y te olvidaras por completo de esa venganza que tienes contra tu padre. —Maldita sea, su petición me toma por sorpresa, me quedo algo pensativo. —¿Qué?, ¿ya te dio miedo?

—Damián Roberts no le teme a nada. Tú solo dime cuál chica y te lo demostraré

—Tienes hasta nuestra boda para cumplir entonces. —Dice muy segura

—Eso es en 6 meses Crystal, y aún no sé cuál es la chica que debo convertir en mi sumisa...

—¡Ups!, que mal, eso debiste pensarlo antes de apostar.

—Muy bien, entonces tú tienes una semana para escoger a la mujer.

—¡Trato hecho!

Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • CUANDO LA PERDÍ    Agradecimiento, explicación, próximo libro

    Querid@ lector o lector@, agradezco enormente que leyeras mi libro, tal vez querías leer más comedia romántica con final feliz, como en “Ni contigo, ni sin ti”, pero las personas que conocen mi modo de escribír, saben que no me encasillo. En este libro, hablo de ese amor que a todos en un momento de la vida nos llega, pero que por estar pendientes de otro amor, o enfrascados en nosotros mismos, o como se ve en el libro, lidiando con problemas del pasado, o cualquier otra excusa que pone el ser humano para no ver lo que está frente a él, deja pasar la oportunidad de ser feliz, pese a que se nos va la vida, buscando esa felicidad, que ironía. Aveces tendemos a quejarnos de todo, y todos, para nosotros los demás siempre son lo malos, eso le pasó a Damián, estaba tan centrado en librar una batalla con su padre, que se olvidó de vivir, siempre con la esperanza de ganar una guerra de la cual sabía que no tenia ninguna posibilidad, pero aún así el quería creer que si, para aceptar l

  • CUANDO LA PERDÍ    Epílogo

    Han pasado 6 meses desde que regresé a New York, y 3 desde que me mudé a Canadá, teniendo en cuenta eso, hace más de 2 años que no veo a mi hermana en persona, pues cuando regresé a los Estados Unidos, me enteré de que mi padre había arreglado un matrimonio para Ava, y que ante su negativa, quiso obligarla, pero ella se negó, y por eso prefirió huir, con la ayuda de Ethan a Canada para esperarme, pues a pesar de que Linda y Ethan le ofrecieron quedarse con ellos, ella no quería que mi padre se ensañara en su contra, al fin de cuentas ellos tienen varios negocios en los Estados Unidos, y mi padre además de tener poderosos aliados en la política, para bien o para mal, es un expresidente de los Estados Unidos de América, y es actualmente el gobernador de New York, así que su poder en Norteamérica y en en muchos países, es algo a considerar, incluso si eres una familia poderosa como los Optimus o los Winstor; Sin embargo por alguna razón no logro encontrar a Ava, ni siquiera Linda, y t

  • CUANDO LA PERDÍ    Cuando realmente te perdí

    De regreso a New York, apenas salgo del aeropuerto, le pido al chofer que antes de llevarme a casa, me lleve al cementerio, pues quiero visitar a mi esposa. Mi pequeña Chloe, duerme plácidamente sobre mí, incluso ronca un poco, lo que me indica que nada la despertará en un par de horas. Bajo del auto con ella en brazos, pues nunca me canso de cargarla, aunque cada día pesa más. Al llegar a la tumba de Chloe, veo que hay un lindo ramo de lirios morados, seguro fue Rosa, quien las llevó, pues antes de irme le encargué que no la descuidara en ningún momento. Por un largo rato me quedo de pie, frente a la lápida, sin decir nada, por qué yo mismo no sé qué decir. —La primera frase que pensaba dejar salir de mis labios, apenas viniera aquí era. "Te extrañé", pero al instante me arrepentí de decirla, por qué, no puedo extrañarte, ya que jamás has dejado de estar presente en mi mente y mis pensamientos. —Suelto un suspiro, y tomo una bocanada de aire, para seguir hablando. —Hace

  • CUANDO LA PERDÍ    El tiempo

    Luego de meses viajando, de acumular recuerdos, ver crecer a mi hija, y sentir que en cada lugar que visitabamos, ahí estaba Chloe, decidí ir a mi último destino, Macaos, ese lugar donde tuve la oportunidad de conquistar nuevamente al único amor de mi vida, y dónde tomé la decisión, de desligarme del resto del mundo, incluso contra la voluntad de mis amigos y familia, pues después de viajar por casi un año entero, visitar más de 10 lugares distintos, y hacer las mismas cosas que explicaba Chloe en su diario, aún sentía ese vacío que no se iba, y que cada día que pasaba me consumía más y más, y por alguna razón el estar en constante contacto con las personas que querían a Chloe, me hacía sentir que ahondaba en la herida, así que tomé la drástica decisión de intentar hallar de cierta manera la sanación, la respuesta que necesitaba para ya no sentir que mi vida se tornaba en un círculo vicioso, que me consumía día con día, sin embargo algo en mí, pedía a gritos hacerlo solo, acompaña

  • CUANDO LA PERDÍ    No tuvimos un final

    Sé que Ethan se refería al padre de Linda, cuando hablaba de que habían pasado por una situación similar, lo que no sabía es que él se sentía culpable por su muerte. Sin embargo, Ethan tenía razón en dos cosas. La primera, era que el dolor que sentía jamás se iría, y la segunda era que lo mínimo que podía hacer por Chloe, era cuidar de nuestra pequeña bebé, tal y como ella siempre quiso. ... Cuidar a mi bebé, se hizo una hermosa rutina, Contraté a más personal en la casa para que ayudaran a Rosa, y solo ella, y yo éramos los encargados de cuidar a la pequeña Chloe, a la empresa solo iba en las mañanas, y en las tardes me dedicaba por completo a mi bebé, quien con el paso del tiempo me reconocía, y se alegraba cada vez que me veía llegar del trabajo. Todos los domingos, sin falta, íbamos a visitar a su madre y a su abuela, y una vez al mes, viajamos a visitar a Ethan y a Linda, para que Chloe se relacionara con sus primos. Mi hermana Ava, lastimosamente se había debilitado mucho

  • CUANDO LA PERDÍ    Por ella

    Ava y Ethan, se encargaron de todo lo que tenía que ver con el entierro de Chloe, cosa que les agradeceré eternamente, por qué yo en este momento no tengo cabeza para nada. Mucha gente fue al entierro, y muchos de ellos se acercaron a darme el pésame, alumnos de Chloe, colegas, amigos nuestros, sin embargo, era lo que menos me importaba en ese momento, ni siquiera pude soportar darle el último adiós, pues colapse cuando bajaban el féretro. —¡Hey, amigo!, ¿estás bien? —Me pregunta Ethan, acompañado de Linda cuando ya estamos en la casa. —¿Te parece que estoy bien? —Le digo mientras me tiró en el sofá, aflojando mi corbata. —Lo siento, no debí preguntar eso, es una pregunta estúpida. —Iré a ver cómo está la bebé. —Dice Linda y se va. —Que sepas que puedes contar con nosotros para lo que sea. —Dice inesperadamente Ethan, y se sienta a mi lado, dándome una pequeña bolsa plástica. —¿Qué es eso? —Pregunto masajeando mi cien. —Me lo dio Ava, son las pertene

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status