LOGIN―¡Oh, por…! ―exclamé al comprender que, si aceptaba, me iba a convertir en su prostituta personal, pese al nombre elegante con el que decidió llamarme primero en el correo, donde me ofrecieron un puesto de «nodriza» y luego cuando el señor Lars mencionó que sería como una «enfermera especial»… lo único que querían decir es que sería la prostituta del tal amo Caine…
Me tapé la boca con la palma, horrorizada, con los ojos bien abiertos, sin saber cómo sentirme con la propuesta. En teoría, todavía podía decir que no, que aquello no era lo que estaba dispuesta a hacer, que podían conseguir a otra mujer que cumpliera con sus requisitos y se acostara con su jefe dejando que este le exprimiera la leche de los pechos cual vaca.
Tragué saliva, bajando el nudo en la garganta, pese a que solo hizo que me costara respirar.
La cabeza me dio vueltas. Estaba realmente confundida.
No, no quería ser la prostituta de nadie, no era la primera vez que alguien me ofrecía dinero a cambio de tomar mi cuerpo, pero nunca acepté porque era un límite que quise marcar desde que las deudas comenzaron a subir y subir, era eso y el de no vender drogas o hacer cualquier cosa ilícita.
Amaba a León, mi pequeño hermano, pero… no… no podía hacer eso, ¿o sí?
Mil pensamientos se arremolinaron en mi mente, jalándome a diferentes sitios. Todas las razones válidas que tenía previo a que me dijeran cuáles serían mis funciones surgieron y pesaron sobre mis hombros.
Solo… solo sería un hombre, ¿verdad? Un hombre ocupado, un hombre adinerado que estaba dispuesto a pagar por mi compañía, porque, dejando de lado la lactancia y el sexo, eso es lo que buscaba. Quizá solo tenía que hacer fluir la situación, pensar con la cabeza fría, después de todo, nadie me iba a pagar tanto por tan poco trabajo, solo tenía que… seguir lo que él quisiera.
«¡Ah, por qué es tan difícil!» ―refunfuñé sin emitir sonido, encogiéndome en el asiento, cubriéndome la cara con las palmas, lamentando ser pobre, tener deudas tan altas y no poder rehusarme de inmediato y salir con la cabeza en alto y la dignidad intacta.
―Solo te estás mintiendo, Maddy ―susurré al comprender que seguía sentada en el mismo lugar porque sabía que no podía negarme, que ese trabajo me salvaría de la ruina, de tener que desconectar a León.
Mis hombros se hundieron y la pesadez de mis senos se hizo más palpable.
Cerré los ojos y resolví aceptar la propuesta laboral. Sí, tenía que dejarme hacer por un hombre a cambio de la vida de mi hermanito… que así fuese.
Pasaron unos minutos en los que quise quedarme con la mente en blanco. No quería pensar en nada, mucho menos en el hecho de que, en poco tiempo, un hombre desconocido, sin rostro, sin cuerpo, me tocaría y se saciaría de todas las formas posibles con mi cuerpo, irrumpiendo para siempre en mi vida, arrastrándome a un mundo desconocido del que no tenía dudas que solo iba a entrar para conservar a la única persona a la que todavía podía proteger.
Cuando regresó el señor Lars y me preguntó sobre mi decisión y, sin alzar mucho la voz, acepté el trabajo. Él, emocionado, se ofreció a mostrarme la casa antes de que el chofer me acompañara a mi pequeño y mugroso piso para empacar y hacer todos los trámites necesarios para dejar el departamento, los trabajos y demás nimiedades, así, al volver, estaría por completo al servicio del amo Caine.
Asentí con una sonrisa cordial, sin querer ser grosera, pese a que no me importaba el recorrido.
Al salir de la oficina me indicó que esa era el área destinada para la diversión del amo Caine, que ahí abajo, tenía su despacho, en el cual estuvimos, además de un cuarto de juegos donde, antes del accidente, pasaba con sus amigos. No lo abrió porque dijo que al amo Caine no le gustaba que el personal fuera entrometido, lo dijo medio en broma, pero supe que fue una indirecta muy directa.
No me importó.
La primera puerta del pasillo era una habitación donde recibía a sus socios, ya que, desde siempre, prefirió realizar el trabajo en casa, en lugar de las oficinas centrales de su empresa, de esa forma podía tener más privacidad.
Me dijo que él era su secretario, y su rostro de cara al público. Además de él, el personal era muy escaso. Tres días a la semana, llegaba un equipo de limpieza que mantenía la mansión y la limpiaba en cuestión de horas, sin hacer mayor escándalo.
―Para cuando ellos estén aquí, el amo Caine a designado que se quede en su habitación, si es que no está con él… ―indicó bajando más la voz, a sabiendas de que la petición era, como mínimo, particular.
Alcé la ceja, interrogante.
―Todos los trabajadores del amo Caine son hombres, señorita ―explicó sin observarme, guiándome fuera del pasillo, hasta pasar en medio de las escaleras, al lado del estanque, donde se iba a un gran y antiguo comedor, muy del estilo de la casa, y se seguía a la cocina, una cocina enorme y moderna, con todos los electrodomésticos inimaginables.
Guardó silencio por un instante.
―Será la única mujer en la casa ―prosiguió con la explicación―, por lo que el amo Caine no quiere que nadie la vea. Además, si necesita algo no tiene más que pedírselo a Matthews.
Volví a mirarlo, pese a que intuí a quién se refería.
―El señor Matthews es el encargado de manejar la casa, y si necesita algo, no tiene más que pedirlo, él lo buscará para usted. El amo Caine quiere que esté cómoda. No es simplemente su… ―Inspiró sin saber cómo llamarme. Me mordí la boca porque la única palabra que se me ocurrió fue: puta. Porque en eso me iba a convertir―. De cualquier manera, él desea que su estancia sea agradable.
Asentí sin saber qué agregar.
No es como si pudiera decirle que sus condiciones eran extrañas, que parecía que estaba firmando un contrato de esclavitud sexual en el que se me impedía hasta ver a otras personas.
Me agarré a sus hombros para rebotar con más fuerza sobre sus ejes erguidos que estaban llegando a lo más profundo de mis canales, con sonoros vaivenes que me levantaron los sentidos, así como sus bocas que succionaban con fuerza, deseando vaciar mis tetas que se llenaban con más frecuencia, al punto en el que podía alimentarlos a ambos y dejarlos saciados.Mi cuerpo siendo agitado por sus músculos, llevado al orgasmo una vez tras otra, con mis extremidades tensas, con los pies en puntas, pese a que mis piernas brincaban sobre sus fuertes antebrazos, y mi cuerpo era abierto por sus voluptuosidades de esa forma tan profana que me hacía estremecer por dentro, seducida con nuestra impudor, con la relación obscena en la que mi cuerpo era compartido por padre e hijo, sin distinción, porque los anhelaba a los dos con la misma intensidad, porque estaba enamorada de ellos, así como ellos de mí, al punto de que, al quedar embarazada, a ninguno de los tres nos importó saber quién era el padre d
Solo se vistió con un bóxer oscuro que no le quedaba tan apretado, pero que tampoco era flojo y que, cuando su tienda de campaña se elevó, me hizo salivar.Pero no, no tuvimos sexo en ese instante, en su lugar, me hizo darle de comer, sentada en sus piernas, en el comedor, con sus muslos sirviéndome de asiento, sus muslos grandes y musculosos que se abrieron para hacerme lugar y esa imagen de Aiden masculino, grande y dominante me hizo ronronear y besarlo.No, no me sentí culpable por serle infiel a Daniel, él seguro sabía que a esa hora su padre y yo ya nos habíamos saciado con nuestros cuerpos, al menos lo suficiente para poder bajar nuestra temperatura unos minutos antes de que la lujuria lo atacara y me hiciera descender por su cuerpo, probar su piel, sus pezones pequeños y rosados, seguir lamiendo sus cuadritos, guiada por esa V que me llevó a su camino feliz, y después a su dureza grande, dura y tirante que se agitó cuando lo metí entre mis pechos suaves y apretados que lo envol
Jadeé, palpité y me perdí en el movimiento de su pelvis, en la forma en la que estaba disfrutando de mi cavidad acuosa, caliente, que se acopló a su miembro, despacio, entrando y saliendo, creando estática entre nuestros sexos, el suyo engrosándose con la fricción y el mío estrechándose.Su mano subió y me apretó el pecho, pellizcando el pezón entre sus falanges que estiraban mi perla achocolatada.Nuestros ojos conectaron, mis gemidos casi ahogados por el sofoco de verlo tan masculino, tan fuerte, tan…Descendió por mi cuerpo, directo a comerme los labios, a nutrirse con mis jadeos. Lo envolví con mis piernas, con mis brazos, pegué mi torso al suyo y nos movimos con precisión acompasando su movimiento pélvico a mis caderas que hicieron pequeños círculos. Mi piel quemaba, su cuerpo aplastó el mío con posesión, una de sus manos me retenía y se sostenía y la otra me apretaba el muslo, la cadera, la cintura.Nos besamos con necesidad, recreándonos con los gemidos que quedaron soterrados
Temblé, mi centro hirvió, me despeiné con una mano y con la otra apreté su cabeza, podía sentirlo, podía sentir las burbujas de lava ardiente arremolinándose en mi vientre bajo, construyendo un mortal orgasmo, maniatándome al antojo del magma que iba subiendo y subiendo, a punto de hacer erupción, y entonces, se alejó, lamiendo el pezón, torturándome con su boca que me dejó pendiendo de un hilo, solo para bajar mi pantaloncito con fuerza, arrancándome la prenda por una pierna, y luego… estallé cuando su mano entró en contacto con mi sexo que hervía y caló sus dedos que se metieron en una profunda estocada en mi interior.Todo se revolvió en mi centro, el aire dejó de entrar en mi nariz, mis músculos se tensaron, mis pies se encogieron, mis manos se crisparon en su cabello y en el mío. Cerré los párpados con fuerza y mordí mi antebrazo con la cabeza ladeada antes de dejar escapar un gemido femenino que salió de lo más profundo de mi ser cuando mi interior detonó y me corrí con fuerza,
Tirité de excitación, con las piernas abiertas para darle espacio a su cuerpo grande.―N-no tiene-tienes que… ―traté de decir al ver que se quedó fijo en mis pechos inflamados, sin hacer un solo movimiento más allá de alzármelos hasta casi dejarlos en mi cuello, haciéndolos ver más hinchados y redondos, con mis clavículas enmarcando más las masas de carne grandes.Sollocé cuando pasó el pulgar por el pezón derecho y un pequeño riachuelo me mojó la piel.Inhaló hondo, su cuello se tensó, las venas de sus sienes y del cuello se abultaron y tras un largo gruñido bestial, atacó mis pechos directo al pezón.Grité entre asombrada, perturbada y excitada, corriéndome al instante en un pequeño orgasmo que me hizo llevar la mano a mi boca y morderme el dorso.Temblé, lloriqueé y me dejé llevar por su boca golosa que comenzó a succionar con fuerza, alimentándose de mi dulce néctar, gimiendo cada que un chorro salía despedido a su paladar. Sus manos en mis tetas, alzándolas para comerme con deses
Su mano subió y elevó mi pecho derecho, pesándolo. Gimió al sentir mi teta grande que ni su mano pudo cubrir.―¡Joder! ―exclamó y llevó los dedos hasta el pezón.Gemí y temblé con fuerza cuando me pinzó la perla achocolatada y la tensión en mis senos se hizo palpable, derramándose sobre su mano, empapando sus dedos y palma.―¡Qué mierda! ―prorrumpió asombrado, alzándose, dejando mi espalda y culo, al tiempo que me soltaba, para, un segundo después, girarme, sin dejar de acorralarme contra la encimera.Agitada, lo miré con las mejillas sonrojadas, avergonzada.Sus ojos descendieron de los míos hasta mis pechos. Me cubrí, me cubrí antes de que notara las manchas de leche que se extendieron por la blusa cuando me apretó el pecho y el otro no se contuvo ante tan delicioso estímulo.Aparté el rostro, realmente avergonzada como nunca lo estuve con Daniel, sabiendo que, fuera de la cama, fuera de mi relación con mi marido, nadie sabía de mi estado, de la petición extraña que hizo mi esposo,







