FAZER LOGINDe todas las cosas que podía esperar, que mi jefe, el mismísimo Logan Hart, quien a veces me miraba como si fuera menos que la suela de su zapato fuera el mismo que respondería por mi en una mesa con los socios de su empresa. Simplemente es, impactante, me deje llevar durante todo el trayecto al auto. No pude conciliar palabra alguna aun cuando ya estuvimos dentro ¿Qué podía decir? Mi cara de sorpresa ya era suficiente respuesta.
-Yo…
-No me agradezcas Serena, es lo mínimo que debía hacer por ti -Mi boca se abre, pero vuelve a cerrarse al segundo después.
Es que, si, bueno tiene razón en ello. Pero no lo vi venir, el parece por fin ver mi rostro ahora libre de lagrima alguna y frunce el ceño algo irritado al ver mi reacción, sus ojos me observan estupefactos con los labios apretados en una línea recta, por el tiempo conociéndolo juro que podría leer su expresión que me grita a poca distancia; ¿En serio creíste que dejaría que te humillaran frente a mí?
-¿Serena en serio creíste que permitiría que se burlaran de ti frente a mí? -Pregunta reafirmando lo que pensé. Yo creo que a estas alturas lo conozco más de lo que su madre hoy en día podría hacerlo.
-Señor yo…
-No me digas una mentira gratificante -Se lleva las manos a las cienes abrumado llevando su mirada al frente evitando mi escrutinio, es como si tuviera un extraterrestre aquí conmigo en vez de él Logan Hart que acostumbro. Para cuando parece llegara una conclusión ríe sin emoción posando sus codos en sus rodillas, no puedo ver su rostro ya que permanece cabizbajo. Haciendo memoria no creo que pudiera imaginar en que Logan Hart me defendiera de una situación así porque nunca había llegado a pasar nada similar, casi nunca asistíamos a estas cenas. El las suele evitar como el antisocial que es y a mi no me interesa hacerlo convivir como si fuera alguna clase de nana para él, con esto puedo entender un poco más porque no suele hacerlo. Son hombres detestables, unos imbéciles sin dudas.
Y yo ahora no estoy siendo mejor, soy una ingrata con el pese a que me defendió allá afuera.
-Perdone señor, de verdad agradezco que me hubiera defendido allá de sus socios -Mis palabras lo sacan de la ensoñación, vuelve en si dejando escapar un suspiro de cansancio-, Es algo que…
-…Es algo que tu no esperabas -Completa por mí, inmediatamente niego con la cabeza.
-No, es algo que me hizo replantearme que no lo conozco tanto como pensé -Tal vez si esto hubiera sucedido antes yo no lo detestaría tanto como ahora, una cosa no tiene nada que ver con la otra, saber que no lo conozco en profundidad no borra todos los momentos de rabia contenida con lagrimas que pude o no a ver derramado. Soy consciente por eso no le resto lo malo por un punto bueno, no cuando la cuenta esta mas llena de un lado.
El tal vez parece pensar siquiera un veinte por ciento de lo que yo estoy pensando, lo veo levantar la cabeza enderezándose en el asiento del auto pero aun sin voltear a verme ni de reojo.
-Serena ya no más -Levanta su mano frente a mi cara silenciándome. Me callo conteniendo las ganas de decirle que ya es muy tarde para pensar en su trato hacia mí, el solo prefiere dejar el tema zanjado ahí, ahora se dirige a su chofer para decirle que encienda el auto-. Vamos primero a casa de Serena.
- ¿A mi casa? -Pregunto algo extrañada, es normal que Ron lo deje a el primero para llevarme a mi e irse a casa, Ron su chofer vive muy cerca de mí. Por lógica así era todo pero el voltea a verme con expresión de pocos amigos por lo que me llevo los dedos haciendo un gesto como si cerrara el cierre de mis labios.
Ron conduce por mucho rato en el que ambos decidimos guardar silencio, bueno al menos yo eso creí.
-Tienes razón Serena -Dice, yo no se a que se refiere, puedo tener razón en muchas cosas-. No me conoces.
Guardo silencio porque no sé qué contestarle.
-Pero el hecho de que me veas como un ogro en la oficina no significa que sea de piedra, no podría dejar que te insulten de esa manera frente a mí,
¿Pero usted si puede hacerlo? Pienso, pero no se lo digo.
-Soy tan idiota contigo a veces ¿Cierto? -Bueno parece que si lo dije sin darme cuenta.
Si estamos en estos momentos de ser honesto con el otro puedo decir lo que creo, no es que vaya a votarme del trabajo ¿Cierto?
-Puede llegar a serlo la mayor parte del tiempo -Digo sin pensarlo mucho, pero me arrepiento, me pase de honesta.
Me tranquilizo al ver la sombra de una sonrisa en su expresión, suspira divertido sin cambiar tanto el semblante de hombre serio. El voltea a mirarme por fin ya con lo que parece ser su humor habitual, cuando esta de buenas, para estar así por unos segundos analizando que va a decirme a continuación.
-Perdóname Serena -Parece que me cambiaron a mi jefe o las bromas no son lo suyo, me giro buscando la cámara oculta, pero buscando con atención no puedo ver nada mas que la sinceridad en los ojos de Logan Hart.
-No hay…
-Si, si hay razones, mas de una para empezar -Se gira, en el tono de su voz hay una vergüenza a la que no estoy acostumbrada ¿El, avergonzado? Es como si el sol saliera por el oeste-. Tienes bandera verde para responderme cada vez que te ofenda de alguna manera, incluso de decirme o hablarme como quieras.
-Señor eso es algo que yo no podría.
-No intento borrar como te he tratado Serena, desde ahora tienes la misma autoridad que yo -Esto si que se esta yendo de mis manos, puedo hacerlo, es un sueño recurrente para mí, eso hace que se sientan más irreales sus palabras-. Quiere decir que debes tutearme, hablar como si fuera uno de tus amigos más cercanos te lo has ganado con creses.
Me ha dejado sin palabras por completo, es que ni en mis ideas más alocadas podría haber pasado algo como esto. Es claro que tiene razón, de lo mucho que he pasado por su culpa, fuera de lo permitido como laboral, es mas que obvio que me lo merezco como lo dice.
Si alguien me lo dijera hace unas horas atrás le habría respondido que hay un buen psiquiatra a las afueras de la ciudad, vivirlo me tira un valde de agua. Regreso al ahora, no voy a molestarme en decirle que no, fue su idea en primer lugar. No voy a desaprovechar esta oportunidad.
-Esta bien Logan -Le doy la mano estrechando la suya.
De todas las cosas que podía esperar, que mi jefe, el mismísimo Logan Hart, quien a veces me miraba como si fuera menos que la suela de su zapato fuera el mismo que respondería por mi en una mesa con los socios de su empresa. Simplemente es, impactante, me deje llevar durante todo el trayecto al auto. No pude conciliar palabra alguna aun cuando ya estuvimos dentro ¿Qué podía decir? Mi cara de sorpresa ya era suficiente respuesta.-Yo…-No me agradezcas Serena, es lo mínimo que debía hacer por ti -Mi boca se abre, pero vuelve a cerrarse al segundo después.Es que, si, bueno tiene razón en ello. Pero no lo vi venir, el parece por fin ver mi rostro ahora libre de lagrima alguna y frunce el ceño algo irritado al ver mi reacción, sus ojos me observan estupefactos con los labios apretados en una línea recta, por el tiempo conociéndolo juro que podría leer su expresión que me grita a poca distancia; ¿En serio creíste que dejaría que te humillaran frente a mí?-¿Serena en serio creíste que pe
Ya era la hora de partir a la cena con los socios de la empresa, lo que involucraba tener que encontrarme por segunda vez este día a Elrick y ver su sonrisa durante tres horas seguidas recordándome a mi misma que no era en serio y que como Logan Hart me había estado diciendo hace no mucho, el solo jugaba conmigo. Eso, y las compresas que use en mis ojeras durante el tiempo suficiente junto con el calmante son lo único que me ayudaran a sobrevivir a esta cena.- ¿Todo listo? -Me cuestiona mi Logan en cuanto sale de la oficina ajustando su traje, aunque ambos sabemos que no necesita más arreglos. El hecho de que no me caiga bien no lo hace menos encantador a la vista, sin embargo, después de todo lo que he vivido trabajando para el ya no hay encanto suficiente que me haga olvidar que es el mismo diablo.-Si señor, ya podemos irnos -Recojo mis cosas y me pongo a su lado esperando el ascensor. El silencio sofoca la estancia, tengo el plan de permanecer así hasta que lleguemos a la cena.
Tengo unas ganas muy inmensas de abrir el regalo de Elrick; mi curiosidad me exige saber de qué se trata y, después de todo, ya acepté el obsequio. No es raro que lo revise, aunque, siendo honesta, debería contenerme hasta llegar a mi casa. Todas las veces anteriores que rechacé sus detalles nunca me había detenido a pensar en qué podría haber dentro. No sé si esta vez, por el simple hecho de tenerlo ya en mis manos, mi mente se permite vagar por la galería de la imaginación. ¿Qué podría ser? ¿Un brazalete, un collar, tal vez unos pendientes? Esas opciones son las que golpean mi mente al leer el nombre de la costosa marca europea impreso en el empaque.No aguanto más el impulso. Me decanto a abrir la caja, decidida de una buena vez a romper la intriga. Después de todo, no corro el riesgo de pasar ninguna vergüenza frente a Elrick, ya que partió hace bastante rato de regreso a su oficina.Mis dedos se adentran en la fina bolsa de papel duro, extrayendo una elegante caja de cuero con el
Mi día empezó sufriendo de un miedo feroz que me embargaba de pies a cabeza. Mientras caminaba hacia el edificio, deseaba con todas mis fuerzas que nada de lo que pasó ayer fuera una realidad. O al menos, que el sujeto en cuestión no recordase haber despertado de su sueño reparador con una de las mejillas rojas. A mi favor puedo decir que, en realidad, era más bien un tono rosa. Ni se notaba cuando me fui... Bueno, eso creo. Tal vez el universo se apiadaría de mí y él ni siquiera se habría mirado hoy al espejo.El ascensor terminó de subir con un leve Vip. Cuando las puertas se abrieron, mis piernas, traicioneras y robustas, se enredaron entre ellas haciéndome tropezar. Me tambaleé un poco antes de poder avanzar con paso firme hacia el recibidor. Un punto a mi favor: no había ningún demonio a la vista. El área de recepción estaba sumida en una bendita paz.Cuando llegué a mi escritorio, solté un suspiro de alivio. Me giré de espaldas para dejar mi bolso en el perchero y apenas estab
Tengo hambre, mis tripas me indican que les estoy sobre exigiendo más de lo que pueden soportar. Un vacío doloroso se instala en mi estómago, recordándome que la última vez que probé bocado fue hace demasiadas horas. Pero me niego a ceder, menos viendo la cantidad de donas glaseadas y bollos dulces, aún tibios y despidiendo un insoportable aroma a azúcar y mantequilla, encima de mi escritorio. El muy desgraciado los dejó en recepción a propósito, sabiendo perfectamente que estoy intentando mantener la fuerza de voluntad. Es un juego psicológico cruel, una tortura silenciosa perfectamente calculada.—No voy a caer —me repito a mi misma en susurros bajos, un mantra que ya suena gastado y que no parece surtir mucho efecto, puesto que mi estómago vuelve a crujir con un eco que me resulta vergonzoso en la quietud de la oficina.—Pareces estar a punto de desfallecer, Serena.Es el mismísimo demonio encarnado. No tengo la certeza absoluta de su origen místico, pero, sin embargo, no hay duda







