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Acusaciones

Autor: Yubel Writer
last update Fecha de publicación: 2022-03-28 06:01:39

Antonella:

—¿Qué significa esto? – Me muestra las pastillas que me dio Michael hace tiempo.

—Son pastillas anticonceptivas. – Le respondo.

—Pastillas anticonceptivas. – Repite, se enoja más.

—¿Qué problema hay con eso? – No lo comprendo.

—¿Qué problema hay con eso? – Parece disco rayado.

—Puedes dejar de repetir y explicarme porqué estás furioso. – Me harto, si continuaba no íbamos a llegar a ninguna parte.

Respira hondo: ¿Desde cuándo las tomas?

Me siento incomoda con la pregunta pero si no le digo la verdad las cosas se van a poner color hormiga: Luego de la boda de tu prima… Después de esa noche.

Pude ver sorpresa en sus ojos: No querías tener el hijo de un desconocido.

—Compréndeme, en esa época apenas cruzamos unas palabras sobrios para que cuando nos pasamos de copas nos dejamos llevar ¿Qué hubieras hecho si pasaba? ¿Qué tal si no me creías? Cosa que era lo más lógico porque si a la primera termine en tu cama, puede que pensaras que era una cualquiera o aprovechada. – Le contesto.

Se queda un momento en silencio: No imagine eso de ti en ningún momento.

—Yo creí que sí… — Susurro.

—Pero después incluso ahora que excusa tienes para seguir usándolos. – Me reclama.

—Oh Giancarlo no seas necio… Acaso olvidas tu actitud cada vez que te hablaba de tener niños, te quedabas mudo y hasta te alejaste. Supuse que no te gustaba. – Le explico.

—Luego cuando hubo la falsa alarma te repetí muchas veces que me gusta la idea de que tengamos uno… — Me dice.

Tiene razón sin embargo no me siento preparada tengo miedo. Que tal si soy de nuevo débil, si no lo puedo proteger, si sucediera otra vez aquello, si pierdo otro bebé no lo podría resistir.

—Olvidemos esto bien… — Pone su mano en mi hombro. – A partir de ahora dejaras de tomar esas pastillas y que suceda lo que tenga pasar.

—No. –Es mi respuesta ante su propuesta, en verdad amo a Giancarlo sin embargo no me siento preparada para una responsabilidad tan grande.

—¿Por qué? – Me pregunta secamente.

—Simplemente porque no. Es mi decisión. – Le digo sin atreverme a mirarlo.

—No estoy de acuerdo con ello, se supone que esto es algo que ambos debemos decidir no simplemente tu. Que hay de lo que quiero. – Me rebate.

—Entiéndeme no quiero… No puedes comprenderme. – Lo último sin querer se lo grite.

—Siempre es lo mismo. – Veo el fastidio en su rostro. – He sido paciente contigo, comprendo que lo que viviste fue difícil que por más que pregunte siempre eres esquiva. Así que debo aguantarme y seguir soportando todo. Incluso tuve que controlarme de no golpear al imbécil ese cada vez que lo veo o de gritarle cuando te llama. – Hace una pausa. – Ahora cuando te pido una sola cosa dices que no porque no quieres sin una explicación, estoy seguro que no me la vas a dar y si te exijo una lo único que conseguiré es que te enojes y digas que todo termina aquí… Dime Antonella ¿Cuánto tiempo más voy a tener que ser compresivo, paciente? Estoy llegando a mi limite. – Sus palabras tienen toda la razón, me siento en la silla derrotada. Sabiendo que al hombre que esta en frente mío merece una persona mejor, quien sea menos yo.

—Es verdad, esto no es justo para ti. – Consigo hablar. – Te dije que te hartarías de mi, de mis problemas, de todo… Te lo repetí muchas veces y no querías entender algo obvio… Yo me cegué al solo imaginar que nuestra relación podría funcionar.

—Dame una buena razón, una explicación razonable y no un simple no quiero. – Toma mi mano, yo me suelto.

—Si no es suficiente para ti ¿Qué haré? Seguir tus ordenes. – Me enojo.

Antonella, no te pregunte que hiciste el miércoles pasado porque me lo pediste pero que te cuesta acceder al mío o tu motivo tiene que ver con lo sucedido ese día. – Me pongo derecha ante su capacidad de deducción por que todo lo sucedido el ocho de diciembre esta estrechamente ligado con mi decisión. – Por tu reacción veo que si. – Agacho mi cabeza al sentirme descubierta. — ¿Qué es lo que ocultas tan celosamente?

—No puedo decírtelo, no me siento capaz de hacerlo. – Apretó mis puños.

—Sabes qué pienso. – Me ve directo a los ojos con la mirada más gélida y furibunda que puede tener.

—¿Qué?— Trago saliva.

—Que has vuelto con Giovanni, que a mi me estas viendo la cara. Qué ese día lo viste y quien sabe que cosas hicieron por ese motivo tomas las pastillas por eso desde ese día no has dejado que te toque con el pretexto que te sientes mal. – Me suelta su teoría.

Me sentí tan humillada, decepcionada y furiosa con la suposición que se formo que lo único que atino es a darle una reverenda cachetada: Te odio, por ilusionarme, por hacerme creer que eras diferente pero me doy cuenta de lo ciega que fui.

—¿Entonces dime qué hacías con él ese día? – Tiene todavía la desfachatez de preguntarme.

—Púdrete, no te importa lo que hice o haga de ahora en adelante. No pienso seguir con alguien como tu. – Me giro dispuesta a irme.

—No te vas dejándome en ascuas. – Me sujeta. — ¿Dime todavía lo quieres?

—Suéltame.— Forcejeo.

—No lo haré hasta que me respondas. – Lo hace más fuerte y me acorrala contra la pared.

—Me estas lastimando. – Le digo.

—Responde maldición. – Me grita, golpeando la pared .

—No quiero a nadie a nadie entendiste…. Ya no quiero volverme a enamorar… A sentir amor por alguien, ahora déjame. – Le grito mientras las lágrimas se derraman por mi cara. Aprovecho ese momento para empujarlo, salgo corriendo a encerrarme en su cuarto, bloqueo la puerta con una silla y otras cosas más. De todas formas me oculte en el baño para sentarme y continuar llorando por lo tonta que fui. Por mi mala suerte, al final no me equivoque del todo, yo nací para quedarme sola.

Esther: 

Nunca había visto tan molesto al joven Giancarlo por lo menos no desde que se entero que la niña Teodora tenía una relación con el joven Leandro. Esa vez se fueron a los golpes si no fuera por la niña hubiese ocurrido un crimen. Salvo que esa vez el joven Giancarlo le dio a escoger a Teodora y ella se opuso a que botaran a Leandro así que él tomo sus cosas y se fue para no volver hasta después de la boda.

Ahora ocurrió algo parecido, está vez discutió con la señorita Antonella, ella termino yéndose a llorar al cuarto mientras que él pude verlo con una cara que daba miedo y repetía maldición, maldición lo fregué todo, para irse igual que aquella vez.

Han pasado varias horas y ninguno ha hecho acto de presencia. Me preocupa más la jovencita sobre todo porque estos días no ha estado bien, tengo mis sospechas y si son ciertas colerones como este no le van hacer nada bien. Voy a su habitación llevándole un mate de manzanilla para que se le calmen los nervios.

Toco un par de veces, no recibo respuesta. Insisto de nuevo pero avisándole que soy yo con un mate para ella. Me abre la puerta, a simple visto me doy cuenta que ella no luce nada bien a pesar que se lavo el rostro y peino. Permite que entre a la alcoba, indicándome que deje el mate en la mesita de noche.

—Gracias señora Esther, no debió tomarse tantas molestias. –Trata de sonar normal.

—No es nada niña ¿Cómo estás? Pude escuchar que discutieron, diría que fue bastante fuerte. – Le hablo.

—Lamento el espectáculo pero no se va a volver a repetir. – Puedo percibir la pena y decepción en sus palabras.

—Niña, las parejas siempre discuten. Además es la primera vez que vi al joven Giancarlo tan feliz con alguien, él no es de querer demostrar lo que siente. – Le cuento.

—Llegamos a nuestro limite. – Confiesa.

—Disculpa si soy entrometida ¿Puedo saber por qué pelearon?— Me intriga. –Tal vez pueda ayudarte hasta aconsejarte.

Guarda silencio por una momento y comienza a relatarme: Fue…Fue porque todo este tiempo estado usando pastillas anticonceptivas.

—Supongo que debes tener tus razones ¿Le has explicado? – Me siento a su lado.

—Es complicado… Él sabe que es difícil para mi además que por el momento yo… — Se queda trabada.

—Tienes miedo, es normal… Recuerdo que cuando me case con Touri también tuve miedo, pero sucedió y tuvimos a mi hijo, es el difunto padre de Adam. – Le cuento.

—¿Adam es su nieto? – Se sorprende.

—Si, mi nuera junto a mi hijo fallecieron hace mucho tiempo en un accidente y fue cuando la señora Claudia se ofreció hacerse cargo de mi nieto. Lo quería como si fuera su hijo, además que le sirvió de apoyo cuando ocurrió la muerte del señor Lorenzo y hubo los problemas con la señorita Leonora, al final mi nieto se convirtió en una especie de hermano mayor para Giancarlo. – Hago una pausa. – Sabe el joven Giancarlo desde pequeño siempre ha sido muy solitario. Desde que lo vi la primera vez cuando tenía casi ocho años se propuso como meta recuperar la gloria pasada de este lugar por ese motivo se volvió una especie de ratón de biblioteca, estudiaba todo lo que podía, consiguiendo que lo adelantaran el primer año que fue a la escuela siguió de esa forma hasta grande por ese motivo no disfrutaba de las cosas sencillas de la vida. Las únicas veces que se permitía jugar o mostrar algo de su personalidad era con la niña Teodora. Dándonos cuenta que en el fondo no era tan seco y frío, si no muy sensible por ese motivo de lo que la hacienda era netamente ganadera se convirtió en viñedo porque no podía soportar el hecho de tener que matar a las vacas. – Le comento.

—Varios me dicen que Giancarlo es un amargado por no decir ogro y ermitaño. – Cuando me informa de esto no la veo ya tan triste sino interesada.

—Es cierto, su carácter también es consecuencia de lo que tuvo que pasar de pequeño, se quedo solo a tan corta edad… Es por eso que él esta tan entusiasta con formar su propia familia para estar acompañado, porque Adam ya se caso y se fue a vivir con su familia, Teodora igual. Has pensado que quizá Giancarlo tenga miedo de quedarse solo. – Le digo.

—Nunca. – Me contesta pude ver como se siente acongojada. – Lo que dice señora Esther tiene mucho sentido… Hasta justifica en parte las tonterías que dijo.

—Ser rechazado por su padre lo marco mucho, más la muerte de su madre y luego su abuela que fue su única familia, me imagino lo desamparado que se sintió después su permanencia en el orfanato no creo que haya sido grata para al final escaparse a vivir solo en las calles. Debió tener mucho miedo mi niño en esas noches frías. – De solo imaginármelo mis ojos se llenan de lágrimas.

—Gracias señora Esther, me ha hecho ver Giancarlo es un tonto al creer que lo iba a dejar solo. –Está más tranquila.

—Se nota que estas muy enamorada de él. Tienes que ser paciente con ese niño, suele ser muy apasionado cuando quiere conseguir algo y no mide la consecuencia de sus actos cuando ve que su objetivo esta siendo amenazado. – Le digo.

—Lo voy a tener muy en cuenta. Lo esperare para hablar a penas llegue. – Me cuenta sus planes.

—No creo que regrese hoy, fácil lo hará mañana cuando se le enfríe la cabeza. – Ella ríe ante mi comentario.

—Cierto, cuando desea pensar quiere estar solo. – Agrega.

—Si, bueno por tu parte será mejor que descanses, has estado muy mal estos días… Cualquiera diría que estas en cinta por los malestares que tienes. – Le suelto mi teoría. – Pero por lo que me contaste es más probable que sea cansancio con estrés.

—Si, bueno hasta mañana señora Esther. – Se despide.

—Hasta mañana niña. – Le digo para salir de la habitación y dejarla descansar.

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