INICIAR SESIÓNGiancarlo:
La noche fue muy larga, ella acepto dormir en la cama, eso decía Antonella. Pero con el cuento que volvía en un rato por no tener sueño cuando la fui a buscar estaba sentada en el sofá tapada con unas cobijas y su pijama de Hello Kitty puesta junto un cesto de canchita jugando video juegos.
—Vas a pasarte ahí toda la noche. – La interrumpo.
—Giancarlo. – Pone pausa. – Debes descansar, mañana Adam pasara por ti.
—Tu tienes que descansar no estar de ludópata. – Le digo.
—No puedo dormir, así que mejor me quedo aquí jugando – No se atreve a mirarme.
—Tan desagradable te resulto. – Valla por lo visto las cosas están peor de lo que esperaba. – Voy a un hotel, regresare en la mañana. – Voy por mi chaqueta y la bolsa con mis medicamentos.
Una mano me detiene: No tienes que hacerlo… Descansa que yo iré luego.
—Antonella no quiero causarte más molestias, mas en tu estado. – Es lo mejor. – Dices que iras luego pero no lo harás, te quedaras ahí hasta el amanecer.
—No puedo dormir porque lo hice toda la tarde, si voy en este momento acostarme en la cama voy a estar mirando el reloj sin poder conciliar el sueño. – Me cuenta su razón. – Todo es tan complicado.
—Por eso mismo lo mejor es que me valla. Seguro vas a estar más tranquila. – Es cierto, creo que esta mejor sin mi.
—No lo hagas. –Guarda silencio. –Desde que estas aquí ya no siento tantas náuseas y me siento menos cansada. – Lo dice bajo.
—¿Quieres que me quede? – Pregunto. Ella asiente. —¿Te puedo acompañar ahora aquí?
—Si. – Sonríe levemente.
Gran parte de la noche nos la pasamos jugando, a pesar que había dos controles nos turnábamos con uno, el juego que tenia era de rol y solo era para uno. Nos divertimos mucho turnándonos hasta que se quedo dormida. Convirtiéndose en un dilema, no quiero despertarla sin embargo no es bueno la posición en la que se encuentra. Juego un rato más por mi cuenta, tal vez se levante sola pero no ocurre, miro el reloj son las tres de la mañana.
—Antonella vamos acostarnos, es tarde. – La muevo un poquito.
—Quiero dormir un poquito más.— Me pide, en verdad que estar con yeso es un fastidio aunque sino fuera por eso estaría en la calle.
—Te va hacer mal. – Le digo.
—Eres muy paranoico… — Bosteza al final.
—Quiero que estén bien. – Le acaricio la cabeza.
—Si duermo aquí… No me molesta. – Sigue adormilada.
—Nada de eso. Despierta o te haré cosquillas. – La amenazo, siempre funcionaba.
—Malvado. – Se levanta perezosamente.
—Solamente los cuido. – Agrego a su protesta.
Cuando nos acostamos, estamos todos apretujados, no tanto pero si cerca. Es agradable tenerla de esa forma.
—Se me quito el sueño. – Se queja.
—Hablemos, de esa forma volverá. – Le sugiero.
—Terminaremos discutiendo porque quieres que regresemos y yo no. – Se anticipa.
—Dejemos eso de lado…. Dime ¿Cómo te fue en tu chequeo? Giovanni me conto que fue el lunes. – Trato de sonar normal pero siento celos de Giovanni por enterarse antes del embarazo de Antonella.
—Celoso… Debes de estarle agradecido, yo no pensaba informarte nada hasta que naciera. – Me confirma lo dicho por el otro.
—No respondiste mi pregunta. – Prefiero dejar a Giovanni de lado.
—Normal pero sin ecografía. Solo hubo análisis, dolorosos análisis con agujas que bebieron mi sangre. – Esta igual de exagerada como la recuerdo.
—Eran jeTeodoragas vampiro, seguro.— Le sigo.
—Dolieron, ya… Me sacaron como tres tubitos. – Agrega.
—Si que fue mucho. – No bromeo.
—Supongo que Michael sospecho algo por eso fueron tantos… La otra vez fue igual. – Un deje de tristeza hay final.
—¿Todo salió normal? – No debemos desviarnos del tema.
—Si. De todas formas debo ir el lunes. – Me cuenta.
—¿Cuál es el motivo si todo esta bien? – Me asusto.
—Por la ecografía, la vez pasada estaba malogrado. Con eso se verá su verdadero estado. – Hay una leve preocupación en ella.
—Todo estará maravilloso, no tienes porque angustiarte. – La ánimo y se me ocurre una idea. — ¿Puedo acompañarte el lunes?
—¿Quieres ir? –Hay sorpresa en sus palabras.
—Claro. – Responde.
—No estás muy ocupado con lo de la cosecha, estos meses son muy importantes y los más cruciales. – Agrega.
—No puedo hacer nada por la pierna, soy un verdadero estorbo. – Le confieso.— Me muero de aburrimiento en el escritorio.
—Pobre de ti.— Se compadece. — ¿Cuánto tiempo vas a estar con eso?
—En unas dos semanas debo ir al chequeo y ver para que me retiren los clavos. Creo que tengo que estar otro mes o un par de semanas.
—¿Van a operarte? – Se asusta.
—No lo sé. – Soy sincero.
—No te explicaron nada. – Se indigna.
—Si pero no preste atención… Estaba concentrado en como ubicarte, escapar del hospital, verte. – De nuevo caímos en un tema espinoso.
—Te amo… En verdad lo hago. –Dice de pronto y me alegra lo que escucho. – Pero esta vez no soy simplemente yo… Debo velar por alguien más por eso no puedo aceptar tus palabras… No sé distinguir tu verdad o tu mentira.
—Yo no miento cuando digo que te amo. – Le repito.
—No puedo confiar en ti. Tus promesas, tus palabras son muchas cosas… Buenas noches. – Se gira y ya no volvimos hablar.
No cruzamos más palabras el resto de la noche. Todo está más complicado que de lo que esperaba. Solo me queda no rendirme y continuar luchando.
Antonella:
Cuando desperté verifico la hora en mi celular y me doy con la sorpresa que son casi las once de la mañana. Se suponía que me despertaría temprano para ir al mercado a comprar todo lo que faltaba y Giancarlo no se preocupara o planeara algo. Por lo poco que lo conocía él era de esos metiches sobreprotectores.
Busco mi ropa, voy directo al baño para darme una ducha rápida y vestirme. El suceso que me dejo anonadada fue no tener ese malestar matutino, sí que el pequeño esta feliz de tener a su padre. Lástima que el lunes se va Giancarlo y supongo que se pondrá hacer su huelga. Eres un pequeño travieso. – Le digo acariciando mi barriga, si que esta grande para ser de unos meses, no quiero imaginar que tan grande será luego.
Voy a la sala y veo varias bolsas en el recibidor.
—¿Qué sucedió aquí? – Le pregunto al único causante de esto.
—Hice unas cuantas compras, supuse que lo necesitabas. – Me responde como si nada.
—Haz comprado para un cuartel. – Le contesto.
Calcule para un mes. Tal vez un poco más. – Se pone pensativo.
—No me digas que fuiste de compras con tu pierna rota. Eres peor que un niño chiquito. Ahora tengo que amarrarte para que no te escapes. –Me enojo.
—No soy tan irresponsable como crees. Lo hice todo por línea y pedí que lo trajeran a tu casa. Relajate y no reniegues. – Pide que me calme.
No te pedí que lo hicieras. Puedo cuidarme sola. – Detesto que se tome tantas molestias.
Antonella:Las cosas que me ha contado ese hombre han sido terribles, pero ahora comprendo las razones que tiene Giancarlo para sentirse así, Giovanni estaba tan sorprendido como yo, y yo, simplemente Sali de allí tan rápido como pude, no he logrado comunicarme con Giancarlo, tiene su celular apagado, seguramente esta demasiado ocupado con sus pendientes, y quizás es mejor que no le cuente nada de lo que he averiguado, aunque admito que me duele que me oculte una cosa así, realmente, no se ni que debo pensar al respecto, han pasado solo unas horas desde que me entere de la verdad y no se como debo sentirme o como debo reaccionar al respecto.Giancarlo:Me siento hecho una furia, tan es así que realmente no puedo ni me quiero controlar. Se demasiado bien de que se trata todo este repentino interés después de tantos años, y esos regalos supuestamente desinteres
Giancarlo:Antonella esta rara, es como si me escondiera algo y si intento preguntar me advierte que no está para interrogatorios. Lo único bueno de hoy que fuimos donde Michael para que nos diga que todo está bien y que en unos días los sentiremos. Porque lo del sexo de los gemelos vamos a dejarlo como para nuestro aniversario de relación, es decir al día siguiente de la vendimia, ella lo decidió sin consultarme, pero mejor no la contradije porque me vio con mirada asesina si protestaba.Al final me pidió quedarse en casa de su madre porque deseaba ponerse al día con ella tal vez hasta ir de compras. Me ha dejado de lado. Aprovechare para hacer una visita pendiente, una que espero que me de la paz que estoy buscando.Antonella:Hace tiempo que no venía a la casa de los Spencer, la última vez fue cuando Alondra me hizo queda
Hola mis lectores, quiero pedir una disculpa si no he subido actualizaciones, e estado ocupada con cuestiones familiares, a partir del lunes retomo la actualizacion para el final de esta hermosa historia, gracias por su paciencia. Espero puedan comprender que la situacion se fue de mis manos y por ello les ofreco una disculpa. Espero sus comentarios y esperen tambien una nueva historia que pronto estara disponible en la aplicacion, se que han preguntado pro las actualizaciones pero hasta hoy tuve tiempo de avisar, nuevamente espero comprension y amor, de verdad una gran disculpa por las molestias que esto genero, no era mi intencion fallarles. Yubel.
Adam:Antonella sale más temprano de lo habitual y también al irse, siempre se va antes que llegue Giancarlo. Estoy segura que ese par a discutido por algo lo peor es que ninguno de los dos se abre. Antes ella lo hacia pero desde lo sucedido con Teodora le cuesta confiar, no hay necesidad que lo diga sus acciones lo muestran. Tal vez ya no esta tan contenta aquí y quiere irse, después de aquello quien no. Todos conocíamos la historia entre Giancarlo y Teodora, ninguno fue digno de advertirle.—Chau Adam, te veo mañana. – Se despide igual que todos los días.—Antonella ¿Podemos hablar un momento? – Le pregunto.Duda un momento: Está bien.—Acompáñame al otro salón. – Le indico, no es bueno discutir esto en público.—¿Qu&ea
Antonella: Desde la operación Giancarlo a estado serio y extremadamente sobreprotector. No entiendo el motivo, mi madre dice que es por el embarazo sin embargo antes no estuvo así, sin olvidar esos obsequios que llegan a los bebes. Quiero reclamarles a los de la tienda y exigir saber quien los envía porque puede ser algún loco, Giancarlo no deja. Según él porque son tonterías sin importancia, lo peor es que sospecho que conoce al misterioso remitente. Supongo que no tendría que preocuparme pero me es molesto. Lo que ha sido más difícil en este tiempo es tener quieto a Giancarlo, es peor que niño chiquito. Desde la operación si no esta a mi lado saca loco a Adam para ver las cosechas. Al menos ya tomo de nuevo el interés en el trabajo porque Adam me conto que desde que me fui su único plan era como comunicarse conmigo y solucionar todo, después cuando se entero que iba a ser padre se leyó todos los libros sobre paternidad, cuidados en el
Giancarlo:Despierto y lo primero que busco con la mirada es a Antonella o a Adam.—Hasta que por fin despiertas. – Escucho una voz indeseable.—¿Qué haces aquí?— Mi tono es molesto.—No deberías alterarte luego de una operación, es riesgoso. – Por desgracia tiene razón.—¿Qué quieres? Hasta donde recuerdo usted y yo no tenemos ningún parentesco. – Le contesto.—Negar lo innegable. Mírate, eres igual a mi. – Me dice.Me rio: Yo no le quite su herencia a nadie, ni abandone a una mujer embarazada y menos a mi hijo. Tampoco soy un golpeador.—El enojo se ve en su rostro.—Son situaciones que ameritaron dichas acciones. – Se justifica.—No me interesa







