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Deseos

Autor: Yubel Writer
last update Fecha de publicación: 2022-03-29 05:43:59

Bladley: 

No espere la visita de Giancarlo a estás horas y en especial sabiendo que esta con la pierna rota. De todas formas lo recibí, debe ser algo importante aunque no me imagino que. Por lo que sé Antonella y él se llevan mejor, al menos ya esta enterado del embarazo sin embargo no han regresado. Si viene a pedirme consejos es por gusto porque para esas cosas con mujeres como Antonella o mi Clarissita no soy muy bueno.

—¿Qué te trae por aquí mi viejo amigo? – Lo saludo.

—Necesito preparar mi testamento. – Su respuesta me deja frío.

—¿Tu testamento? Hombre ni que estuvieras tan viejo casi somos de la misma edad además en unos meses vas a ser padre y bueno si eres paciente regresaras con Antonella. – No me esperaba que viniera hacer eso.

—No bromeo y si te pido esto es por ellos tres, mis hijos y Antonella. – Si que esta preocupado, no entiendo la razón.

—¿Qué sucede? No veo ningún motivo en la que tu vida corra peligro. –Quiero entenderlo.

—Van a operarme, eso significa que me colocaran anestesia total. Tu haz visto cuantos casos en los que se han quedado en la mesa de operaciones. Antes me hubiera dado igual pero ahora es diferente. – Valla con que es eso.

—Hombre saldrás bien, ya te operaron el mes pasado de la rodilla, no paso nada sigues vivito y coleando. – Lo ánimo.

—Es cierto que sigo aquí pero me preocupa el hecho de lo que sucedería si… muriera. No quiero pensarlo porque Antonella lo pasaría muy mal.— En eso tendría razón.

—Ten por seguro que sí, ella te ama. La vez pasado que terminaron no paraba de llorar. Si te sucediera algo no quiero ni imaginarlo. Tu no te preocupes todo saldrá bien. – Lo tranquilizo.

—No me entiendes ¿Cuándo alguien fallece quienes son sus beneficiarios? Pregunta.

—Si la persona es casada, su esposa e hijos, un porcentaje pequeño si tus padres estuvieran vivos. Si eres soltero son padres y hermanos algo que tu no tienes. –Le explico lo básico.

—JAJAJAJAJA. – Ríe. – Ese es mi problema, el muy maldito esta vivo y no dudara en hacerle la vida cuadritos a Antonella con tal de quedarse con todo.

—¿A quién te refieres? Tu madre murió, eras hijo único y bueno de tu padre no sabes nada. – Me es confuso.

—Si sé de él y viceversa además que hasta tu lo conoces al malnacido ese. – Ya me tiene intrigado.

—¿Quién es? –

—No le digas a Antonella, júramelo. – Me pide antes.

—Lo haré pero dime quien es. – Le pido.

—Es Massimo Coppola. – No lo podía creer.

—Estás seguro…. Oh mi Dios. – Me quedo con la boca abierta.

—Si es él, hace mucho tiempo que lo sé. Ahora comprendes porque estoy tan angustiado. Ese hombre es capaz de todo por conseguir lo que ambiciona. Si muero los tres quedaran desamparados. – Me explica.

—No, los niños son tus hijos y les corresponde la mitad de lo que tienes, hasta peleando podríamos conseguir el total después de todo él nunca se hizo cargo de ti. Ni siquiera te reclamo. – Veo los puntos en los que podríamos apoyarnos.

—Lo hizo pero al desaparecer de pequeño, el caso quedo cerrado. Recuerdas que cuando ocurrió lo de Sebastián hubo una duda sobre mi identidad. Adivina quien fue el que la cuestiono. – Le explico.

—Cuando hubo eso mi abuelo me quito de tu caso dijo que el se encargaría, fue por eso. Pero nunca paso una manutención ni siquiera llevas su apellido. –Veo las acciones.

—Entiendes porque deseo hacer mi testamento. – Si lo comprendo.

—Pero sabes que lo podría impugnar. Lo ideal seria que te cases con Antonella, en ese caso las cosas pasarían a ser de ella y tu hijos. Si tanto protesta Inu Massimo le daríamos un porcentaje mínimo pero dudo que se lo concedan al nunca hacerse cargo de ti y no estar en extrema pobreza, no le tocaría nada. – Esa es la estrategia

—¿Piensas que Antonella aceptara casarse conmigo? Si nos hablamos es por los niños. – Se nota el escepticismo.

—Cierto están peleados pero si le explicamos tus motivos. Lo ideal es que fuera que tú le explicaras lo complicado del asunto. Es más como un seguro de vida. – Empiezo una lluvia de ideas.

—Dudo que me escuche, le repito hasta el cansancio que la quiero, que estoy enamorado de ella pero jura que miento. Ahora si le pido matrimonio estoy seguro que me echara a patadas sin importarle el yeso. – Dice.

—No pierdes nada. Has visto otras opiniones respecto a tu pierna. – Tal vez exista otra solución.

—Cirugía, los clavos se han incrustado más de lo debido y necesitan retirarlos y asegurar la barra. Por lo radiografía pareciera que se a movido necesitan asegurarse. Durara un promedio de dos horas más otras dos que permaneces en recuperación siempre y cuando no exista alguna complicación. – Si que se ha informado.

—Lo más riesgoso en todo esto es la anestesia. Supongo. – Deduzco.

—Si y que corten algo que no deben, el tipo de sangre que soy es muy difícil, o negativo. Mi preocupación es mayor, si no es la anestesia me muero desangrado. – Le explico.

—Eso quiere decir que el otro día podías quedarte muerto. ¿No entiendo como es que tuvieron tu sangre a disposición en el pueblo? Es un lugar pequeño. – De imaginar lo que se hubiese suscitado.

—Desde pequeño supe que mi sangre era rara por lo que con Adam hicimos las gestiones para que fuera disponible si me sucediera algo. – Me explica.

—Bien ¿Cuánto tiempo tienes antes de operarte? – Pregunto.

—Una semana máximo. Los daños serian peores si no lo hago pronto. – Le explico.

No debes de exaltarte ni nada, tu cirugía saldrá bien hombre. Piensa en lo que tienes por adelante. – Lo ánimo.

—Eso espero. Gracias por atenderme a estas horas sin embargo deseo hacer de todas formas el testamento. – No desea dejarlos desprotegidos.

No tardamos mucho en redactarlo, mañana pasaríamos a la notaría a que lo certifiquen y listo. Depende de él si consigue convencer a Antonella.

Antonella:

Giancarlo me pidió hablar con él, según él es urgente. Por mi parte me alegra, estos pequeñines han estado inquietos desde que se fue, las nauseas matutinas persisten sin olvidar los antojos de fetuccini por su culpa. Conseguirlos es fácil sin embargo no tienen el mismo sabor de los que el preparo.

Miro el reloj ya es medio día se suponía que vendría a esta hora. No tarda en sonar el timbre voy de inmediato al intercomunicador pregunto: ¿Quién es?

—Hola, soy Giancarlo. – Responde.

Presiono de inmediato la botón para que ingrese, lo espero con la puerta abierta a que salga del ascensor. No tarda en salir de ahí, las ganas de ir abrazarlo son irresistibles pero debo controlarme.

—Hola ¿Cómo estás? – Pregunto sin esconder mi alegría.

Me ve de reojo, lo noto pensativo y tampoco se ve muy bien: Bien.

—Toma asiento, no tienes que esforzarte. – Lo guío hasta el sofá y acomodo los cojines.

—¿Han estado bien? ¿Has tenido malestares? –Pregunta.

—Si aunque los malestares siguen. – Le cuento.

—Recuerda que si continúan tendrán que inyectarte el medicamento o internarte. No puedes seguir así – Ya me esperaba sus regaños.

—No son tantos además ten en cuenta que son dos y los cambios en mi cuerpo son mayores.— Le doy mi teoría.

—No deberían causarle molestias a su madre. – Me soba la barriga.

—Ellos se portan bien. – Los defiendo junto a una sonrisa para que no preocupe. Él suspira y su mirada me es esquiva por un momento. A pesar de todo las cosas continúan tensas entre los dos. Me siento al frente para tomar su mano no me agrada verlo así.

—Antonella hay algo importante que debo decirte. – Eso no suena muy bien.

—¿Qué ocurre? – Me da miedo.

—Van a tenerme que operarme de la pierna, es necesario… He buscado segundas opiniones y todas coinciden en lo mismo. – No entiendo su preocupación.

—Estarás internado unos días y ya ¿Cierto? – Dudo porque por las molestias que se esta tomando no parece ser tan sencillo el problema.

—En teoría sin embargo esta la anestesia sin olvidar la cuestión de la trasfusión de sangre lo que me preocupa. – Así que esta asustado.

—Tu te quejas que tenga miedo que me saquen sangre. Mírate ahora. – Me burlo.

—No importan las agujas el corte, ni la cirugía en si. Si no dejarte sola. – Me deja sin palabras junto una gran presión en mi pecho.

—No digas esas cosas. – Lo regaño, la posibilidad de aquello que insinúa me aterra. Puedo soportar estar lejos de él, hasta incluso ver que rehaga su vida con otra persona pero lo otro me rompería el alma.

—Pienso en ellas desde que informaron de la cirugía. Soy O negativo un tipo de sangre difícil de encontrar. Si algo saliera mal podría morir desangrando o tal vez la anestesia no sea bien asimilada por mi cuerpo. – Si que ha pensado calculadamente lo que podría salir mal y suena tan pesimista.

—Basta no quiero que ni insinúes aquello. – Me enojo.

—Pero es una posibilidad Antonella. La última vez demore en despertar, no entre paro pero es un riesgo. – Sigue con lo mismo.

—Piensas dejarnos así no más. Acaso…— Dolía decir aquello. – Acaso no te importamos…— Es posible, después de todo el embarazo ocurrió de improviso y después de todo yo nunca fui lo que buscaba. Agacho la mirada mientras pongo mis manos en forma de puños.

—No digas tonterías. Si estoy aquí es por ustedes además si llego a morir no pienso dejarlos desamparados, arregle mis papeles con Bradley sin embargo te pido que seas fuerte. –Sus palabras sonaban a una despedida.

—Quieres que no hable tonterías, es como si te estuvieras dando por vencido y nos dijeras adiós. – Quiero llorar pero me contengo. Él se queda en silencio. – Nunca me intereso tu dinero, me da igual. Yo puedo sacar a mis hijos sola y si vez esto como una forma de librarte de nosotros eres de lo peor… — Las lagrimas corrían por mis mejillas.

—Estas mal interpretando todo… Entiende que tengo miedo de dejarlos solos…— En un susurro. – No quiero que crezcan solos, sé lo que se siente.

—Giancarlo. – Me acerco a él. – Vas a estar bien, jugaras con nuestros hijos, les enseñaras a montar caballo, los llevaras de campamento…. Tu no puedes morir. – Le regaño.

—Si puedo, me atormenta la idea de los cosas que podrían venir… — Lo interrumpo.

—No pasara nada vas a estar bien. – Le repito.

—Antonella escúchame. – Me sujeta de ambos brazos y me mira directo a los ojos. – Te amo, te pido que te cases conmigo.

—Yo… — No podía procesar la información, no esperaba aquello.

—Olvida el hecho que no me creas. Piensa en nuestros hijos, si yo llegase a fallecer y estamos casados automáticamente por derecho les correspondería todo lo que tengo. – Me dice como si me interesara.

—Yo te quiero a ti. – Lo abrazo.

—Antonella. – Me corresponde y me besa la cabeza. – Si no lo hacemos tendrás problemas con… mi padre. – Escupe prácticamente las últimas palabras.

—¿Tu padre? – Me separo y lo veo.— ¿Qué tiene que ver él?

—Si, él es una persona muy ambiciosa. No dudaría en quitarles todo apenas se enterara que morí sin olvidar que te haría la vida cuadritos. Por eso te pido que lo hagamos. – Me explica brevemente.

—Forzar las cosas por ese hombre además que por lo que informaste de él, practicamente cortaron nexos. – Pienso.

—Que no nos saludemos ni nos tratemos como si tuvieramos algún lazo no significa que él no este enterado de mis movimientos, ten por seguro que haría lo imposible por quedarse con lo poco que quedo de los Madicci. – Insiste con lo de los bienes.

—Entiende que me importa un rabano lo que tengas.—Le repito.

—A ti no pero a mi sí, luche desde pequeño por intentar volver a reuperar lo que perdio mi familia por ese miserable y no pienso permitir que les arrebate algo por lo que trabaje tanto. – Se molesta un poco.

—Giancarlo. – Susurro.

—Antonella si te pido esto es aparte de estar enamorado de ti es por protegerlos, a ese hombre tal vez ni le sea suficiente el dinero tal vez hasta quiera a los niños. – Eso si me asusto.

—No. – Consigo articular.

—Si, es una persona influyente con dinero suficiente para luchar por ello en los tribunales y sobornar… Antonella acepta y todo será mejor, estare más tranquilo. – Sigue.

—Es un paso importante. Ni siquiera hemos vuelto…— Juego con mis manos.

—Será por lo civil, no una ceremonia despampanante por el tiempo. En si más seria ir a un juzgado además que automáticamente ellos serian legalmente mis hijos. Nadie lo pondría en duda. – Me explica. – También mi esposa ante la ley así no podra poneroes ni un pelo encima.

—Pero. – No podían salir la palabra sentimientos.

—Sentimientos hay por parte de ambos, quieras negarlo a los cuatro vientos los quiero a ustedes. Si no me importaras no haría esto, me daría igual lo que suceda. No obstante estoy aquí hablando contigo. – Me dice.

—Es que no me puedes pedir que te perdone lo que dijiste así y ya. No es fácil. –De reojo lo observo.

—Comprendo… Debo ser paciente sin embargo tiempo es lo que no hay…— Se levanta, saca algo de su bolsillo.

—Cuidado no te esfuerces. – Lo sujeto.

—Antonella Adatto aceptarías casarte conmigo. – Me muestra un cajita con un anillo con cuatro piedras de diamante.

—Giancarlo…Yo. – Me tapa la boca con un dedo.

—Piénsalo. – Coloca la cajita en la mesa. – En una semana me van a operar en la clínica de Santa Rosa por lo que estaré en mi departamento estos días. Cualquiera que sea tu respuesta búscame ahí. –Se acerca y me da un fugaz beso, al separarse frota mi vientre. –Chau mis pequeñines pórtense bien. Los quiero.

Quería detenerlo gritarle que aceptaba ser su esposa. Sin embargo me detiene mis inseguridades tal vez hasta cierto orgullo, ese que me dice que si el esta aquí es por que Teodora no lo va aceptar ni de broma, así que soy la segunda opción en la que lo tendré a mi lado pero su mente y corazón pertenecerán a otra sin olvidar la razón de que su padre nos atormemtaria si él no llegase a extar. Mientras que otra parte me repite a gritos que el es sincero que me quiere y que soy una que se hace la de rogar, si después de todo bien enamorada estoy de él.

Me siento en el sillón a pensar en lo que debo hacer, es tan complicado y lo peor si le sumamos la presión que agrego él ¿Qué pasaría si él? No, Giancarlo va estar bien sin embargo esa posibilidad existe y por tonterías como esta pierda estar con él, no volverlo a besar, no sentir más sus caricias ni sus abrazos.

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