INICIAR SESIÓNAntonella:
Espero a que Giancarlo se marche para quejarme del dolor que sentía. Especialmente en mis costillas por reír junto a lo efusivo que fue él. No podía quejarme frente a Giancarlo, luego de haberlo preocupado tanto. En si me duele todo el cuerpo y ese letargo continua aunque tengo fuerzas suficiente para mantenerme despierta y poder aparentar que estoy bien.
—Buenas noches señorita Adatto, soy el doctor Arnaldo Hendry. – Me saluda un hombre de mediana edad.
—Mucho gusto. – Le contesto. – Doctor, podría revisarme sin que alguno de mis conocidos este presente. Por favor. – Le pido.
Como guste. – Acepta.
Antes que comenzara vi como aparecían en tropel, mi madre, mis hermanos junto mis cuñados y al final pude vislumbrar a Giancarlo. Si que es mucha gente. Me siento apenada por causar tantas molestias a todos, me recuerda tanto a la vez que desperté del coma.
Todos me llamaban preguntaban como estaba, en verdad que parecía un loquerío.
—Silencio. – Les ordena, la bulla desapareció por completo. – Ahora todos retírense a la sala de espera. Cuando termine podrán pasar uno por uno.
¿Puedo quedarme doctor? Soy su madre. – Le pregunta mi mamá.
—Por favor señora espere afuera, apenas termine dejare que ingrese. – Le explica.
—Bien. – Le contesta toda desanimada.
Pronto se retiran dejándome con el doctor y un par de enfermeras.
—Deseo que se sienta cómoda, el estrés podía perturbarla. Señorita Adatto.— Me informa. — ¿Cómo se siente?
Adolorida, me duele todo el cuerpo. Sobre todo las costillas, es como si me las hubiera golpeado. – Le explico.
—Puede que sea por el golpe con el cinturón de seguridad o las compresiones que recibió cuando entro en paro. – Está pensativo. —¿Algo más?
¿Entre en paro?... Si que fue bastante grave el accidente… Bueno me siento también como adormecida, quería despertar desde hace rato pero era como si no tuviera la fuerza suficiente… De ahí no siento nada más. – Le cuento.
—Se siente cansada debido a los medicamentos. Ahora quiero que siga mi dedo. –Comienza a examinarme.
Me realizan una serie de pruebas que ya conocía por la última vez que estuve internada. Admito que la que me preocupa es cuando me hagan caminar, siento mis piernas y hasta consigo mover mis dedos. A diferencia de aquella vez en la que mis piernas podían sentir dolor pero era como si no tuvieran fuerza y necesite rehabilitación. ¿Está vez será igual? Temo lo peor.
—Ahora siéntese, revisare sus reflejos. – Me ordena, lo obedezco. El me da unos ligeros golpes en cada una de mis rodillas. – Todo parece normal, ahora necesito que camines.
Antes de levantarme respiro hondo, cierro los ojos, pongo los pies sobre el suelo frío. Consigo ponerme en pie y dar un par de pasos. Me siento muy feliz, puedo caminar, aunque me duelen las piernas.
—Doctor ¿Puedo sentarme? Me duelen las piernas. – Le informo.
—Toma asiento. – Revisa en sus papeles. – Si que tienes mucha suerte, aparentemente no tienes daño cerebral ni nada grave, que unas vendas, analgésicos y unos cuantos antibióticos solucionen.
—Eso suena bien. – Me alegro.
—Vas a tener que usar unas vendas en tu tórax por unas dos semanas, junto está crema. No hagas esfuerzo físico, necesitaras mucho reposo, dentro de dos meses necesito que vengas para que te realices otra placa y si tienes mareos, vez raro o sientes algo extraño vienes de inmediato ¿Entendió? – Me da los resultados.
—Si. ¿Voy a estar con descanso medico?— Lo veo triste.
—Si, mínimo una semana. Necesita descansar, no se exalte ni estresarse. Con permiso iré a ver a otros pacientes. – Se despide.
—De acuerdo, doctor, cuídese. – Me despido.
Sus familiares son los primeros en verla, pasan uno por uno. Se demoran alrededor de diez a quince minutos cada uno. Lo bueno de la espera es que el doctor nos informo que todo esta bien con ella salvo por unos hematomas a los que se le tendrán que echar cremas y vendarla, lo mejor de todo es que mañana le darían el alta.
Aprovecho el tiempo de espera para llamar a la veterinaria y conocer el estado de Amelie.
—Buenas noches. ¿Deseo saber sobre una gata llamada Amelie? La llevaron en la tarde, a nombre de Giancarlo Madicci. – Le comunico.
—Se encuentra estable, pero no hubo ningún cambio en su estado. – Me informa.
—Podría llamarme a penas despierte. – Le pido.
—De acuerdo. Gracias por llamar. – Cuelga.
Supongo que terminaron las visitas de sus familiares, voy donde Antonella y la encuentro discutiendo con su madre y hermana.
—Antonella te vienes ahora con mamá. No puedes quedarte aquí. – Escucho a su hermana alzar la voz.
—No es necesario, voy a estar bien. – Se niega.
—Hija por lo menos en lo que te recuperas. – Le pide su madre. —vas a necesitar un cuidado especial.
—No va ser algo del otro mundo, puedo caminar y valerme por mi misma. – Alega ella.
—Nos vas a tener a todos preocupados estando aquí. No sabremos si te tratan bien. – La que habla es su hermana. – Cuando estuviste con Coppola recién nos enteramos de todo lo que te hacia cuando estabas al filo de la muerte.
—Giancarlo es muy diferente a Giovanni. – Le aclara.
—Por eso estás aquí. – Su hermana muestra todo su sarcasmo.
—Esto fue un accidente en el que Giancarlo no tuvo nada que ver. – Sigue defendiéndome.
—Entiende Antonella, no queremos que la siguiente vez que nos llamen es para decir que estas muerta. – Su hermana trata de razonar, suena muy dramática.
—Suenas exagerada… Estado de maravilla aquí ¿Verdad mamá? – Quiere que su madre la apoye.
Si, no niego que haz estado más feliz… Pero trata de comprendernos que nos asustamos. No queremos que suceda los mismo que antes. – Interviene su madre. – Deja que te cuidemos esta semana.
No quiero causarle molestias innecesarias. Además Giancarlo me va a cuidar. – Les refuta.
—Se nota que te cuida mucho, por eso estas aquí.— Es mordaz su hermana.
—No hables mal de él, no te metas Ana.— Se enoja.
—Estoy preocupada por ti. Supiste que casi mueres, entraste en paro dos veces, clínicamente estuviste muerta… Como no quieres que me moleste con ese tipo. – Le responde su hermana.
—No puedes comprender que esto es un accidente, él no me golpeo, ni me lastimo ni siquiera estaba en el coche conmigo… No tienes por qué culparlo, además tú no eres nadie para meterte en mi vida. – Le contradice. – Acaso tu dejas que intervengamos cuando tu esposo te pega o hace algo… Al contrario nos mantienes al margen. Así que no eres nadie para decirme que hacer Ana.
Por eso hiciste lo mismo cuando estuviste con ese tipo… ¿Ahora piensas repetirlo? – Le pregunta.
Tranquila hijas. – Interviene su madre.
—Disculpen. – Entro a la habitación, Antonella me ve aliviada mientras su hermana muestra su molestia por otra parte está la señora Adatto preocupada.
—Giancarlo, diles que no sé tienen que angustiar, tú me vas a cuidar.— Me ve toda esperanzada Antonella.
—Antonella deberías hacerle caso a tu madre e ir con ella, así podrás descansar. – La contradigo.
—Vez él también apoya esta idea. – Su hermana está contenta con que la apoye. Si estoy de acuerdo en que vaya es porque no va hacer trampa y de verdad va descansar, si se queda la conozco y querrá ir a trabajar.
—Bien si es lo que desean, lo haré.— Se resigna, no oculta para nada su fastidio. – Deseo descansar, ustedes también deben hacerlo, mañana va ser un largo día.— Nos dice para que la dejemos sola.
Buenas noches hija, descansa. Nos vemos mañana. – Se despide su madre.
Descansa enana. – Se despide su hermana y se retira.
—¿Yo también me tengo que ir?— La veo.
Espera a que se vallan su hermana y su madre para de ahí respirar hondo: Si ya te hartaste de mí, dímelo. No finjas falso interés. No me molestare ni suplicare.
—Estoy preocupado por ti. No digas tonterías. – La riño.
—Tonterías, claro son ideas mías. Seguro el golpe en la cabeza me hace ver alucinaciones. – Se burla para al final suspirar. – Acepto que estas tres semanas estuvieras ocupado. Pero es el colmo que apoyes que me vaya por una semana con mi mamá.
—Lamento dejarte de lado. – Me disculpo para de ahí explicarle el motivo por el cual quiero que valla con su mamá. —Te conozco vas hacer trampa e iras a trabajar.
—No tienes por qué mandarme lejos. – Sigue enojada.— ¿Te arrepentiste de volver conmigo? Quiero saberlo.
—No lo hago. Así que no pienses eso. – Me siento en la cama y tomo su mano.
—Quiero lo mejor para ti.
—Pretextos… — Quita su mano. – No entiendo qué haces aquí…Vete. – Sentencia.
—Antonella si estoy aquí es por ti. – Le respondo.
—No debí despertar. –Susurra.
—No digas eso. – Ahora el que se molesta soy yo ¿Cómo podía decir aquello?
—Lo siento. – Se disculpa, me esquiva la mirada. – Puedes irte, no quiero verte.
—Antonella, por favor. – Le pido.
—Retírate. – Ya no se ve molesta sin embargo esa falsa calma en su rostro me da a conocer que está muy enojada por no decir iracunda.
Le cuento mis planes, esperando que se tranquilice: Voy a ir contigo, estaré pendiente de ti.
—No, quédate. – Me ordena. – No hagas algo que no quieres.
—Quiero hacerlo y digas lo que digas igual iré. – Le advierto.
—Haz lo que quieras pero ni te atrevas a visitarme. – Sigue furibunda.
—¿Estás molesta?— Le pregunto lo obvio.
—No. – Quiere negarlo. – Podrías retirarte, estoy cansada.
—Buenas noches– Voy a besarla y ella se gira.
No puedo hacer movimientos bruscos. Así que abstente de hacer esas cosas— Se queja.
—Te quiero y no pienso dejarte ir. Hasta mañana. – Me despido.
—No vengas, no nos veremos hasta dentro de una semana. Por lo visto las tres semanas no fueron suficientes para que pensaras… Ahora vete. – Me dice de una forma muy fría.
No le respondo, no tiene caso porque está dolida y no piensa del todo claro.
Antonella:Las cosas que me ha contado ese hombre han sido terribles, pero ahora comprendo las razones que tiene Giancarlo para sentirse así, Giovanni estaba tan sorprendido como yo, y yo, simplemente Sali de allí tan rápido como pude, no he logrado comunicarme con Giancarlo, tiene su celular apagado, seguramente esta demasiado ocupado con sus pendientes, y quizás es mejor que no le cuente nada de lo que he averiguado, aunque admito que me duele que me oculte una cosa así, realmente, no se ni que debo pensar al respecto, han pasado solo unas horas desde que me entere de la verdad y no se como debo sentirme o como debo reaccionar al respecto.Giancarlo:Me siento hecho una furia, tan es así que realmente no puedo ni me quiero controlar. Se demasiado bien de que se trata todo este repentino interés después de tantos años, y esos regalos supuestamente desinteres
Giancarlo:Antonella esta rara, es como si me escondiera algo y si intento preguntar me advierte que no está para interrogatorios. Lo único bueno de hoy que fuimos donde Michael para que nos diga que todo está bien y que en unos días los sentiremos. Porque lo del sexo de los gemelos vamos a dejarlo como para nuestro aniversario de relación, es decir al día siguiente de la vendimia, ella lo decidió sin consultarme, pero mejor no la contradije porque me vio con mirada asesina si protestaba.Al final me pidió quedarse en casa de su madre porque deseaba ponerse al día con ella tal vez hasta ir de compras. Me ha dejado de lado. Aprovechare para hacer una visita pendiente, una que espero que me de la paz que estoy buscando.Antonella:Hace tiempo que no venía a la casa de los Spencer, la última vez fue cuando Alondra me hizo queda
Hola mis lectores, quiero pedir una disculpa si no he subido actualizaciones, e estado ocupada con cuestiones familiares, a partir del lunes retomo la actualizacion para el final de esta hermosa historia, gracias por su paciencia. Espero puedan comprender que la situacion se fue de mis manos y por ello les ofreco una disculpa. Espero sus comentarios y esperen tambien una nueva historia que pronto estara disponible en la aplicacion, se que han preguntado pro las actualizaciones pero hasta hoy tuve tiempo de avisar, nuevamente espero comprension y amor, de verdad una gran disculpa por las molestias que esto genero, no era mi intencion fallarles. Yubel.
Adam:Antonella sale más temprano de lo habitual y también al irse, siempre se va antes que llegue Giancarlo. Estoy segura que ese par a discutido por algo lo peor es que ninguno de los dos se abre. Antes ella lo hacia pero desde lo sucedido con Teodora le cuesta confiar, no hay necesidad que lo diga sus acciones lo muestran. Tal vez ya no esta tan contenta aquí y quiere irse, después de aquello quien no. Todos conocíamos la historia entre Giancarlo y Teodora, ninguno fue digno de advertirle.—Chau Adam, te veo mañana. – Se despide igual que todos los días.—Antonella ¿Podemos hablar un momento? – Le pregunto.Duda un momento: Está bien.—Acompáñame al otro salón. – Le indico, no es bueno discutir esto en público.—¿Qu&ea
Antonella: Desde la operación Giancarlo a estado serio y extremadamente sobreprotector. No entiendo el motivo, mi madre dice que es por el embarazo sin embargo antes no estuvo así, sin olvidar esos obsequios que llegan a los bebes. Quiero reclamarles a los de la tienda y exigir saber quien los envía porque puede ser algún loco, Giancarlo no deja. Según él porque son tonterías sin importancia, lo peor es que sospecho que conoce al misterioso remitente. Supongo que no tendría que preocuparme pero me es molesto. Lo que ha sido más difícil en este tiempo es tener quieto a Giancarlo, es peor que niño chiquito. Desde la operación si no esta a mi lado saca loco a Adam para ver las cosechas. Al menos ya tomo de nuevo el interés en el trabajo porque Adam me conto que desde que me fui su único plan era como comunicarse conmigo y solucionar todo, después cuando se entero que iba a ser padre se leyó todos los libros sobre paternidad, cuidados en el
Giancarlo:Despierto y lo primero que busco con la mirada es a Antonella o a Adam.—Hasta que por fin despiertas. – Escucho una voz indeseable.—¿Qué haces aquí?— Mi tono es molesto.—No deberías alterarte luego de una operación, es riesgoso. – Por desgracia tiene razón.—¿Qué quieres? Hasta donde recuerdo usted y yo no tenemos ningún parentesco. – Le contesto.—Negar lo innegable. Mírate, eres igual a mi. – Me dice.Me rio: Yo no le quite su herencia a nadie, ni abandone a una mujer embarazada y menos a mi hijo. Tampoco soy un golpeador.—El enojo se ve en su rostro.—Son situaciones que ameritaron dichas acciones. – Se justifica.—No me interesa







