ANMELDENAntonella:
Me duele todo mi cuerpo, sobre todo mi cabeza. Es extraño porque a pesar del dolor que siento es como si estuviera adormecida y algo aletargada. Quiero abrir los ojos mover mi cuerpo, pero es tan difícil. Es como si mi cuerpo no quisiera responderme por lo cansado que se siente.
—Antonella, hija. Despierta por favor…. Nos tienes muy preocupados. – Esa es la voz de mi mamá.
¿Qué hace ella aquí? ¿Dónde estoy? ¿Qué paso? No recuerdo mucho, en si nada. Sé que me llamo Antonella, tengo a mi madre, dos hermanos Adrien y Ana. También cuatro sobrinos pero hace tiempo que no los veo, por el trabajo. Ahora vivo lejos de mi familia entonces ¿Qué hacen ellos aquí?
—Tuviste un accidente. – Me auto respondo.
—¿Cómo fue?— Le pregunto a la nada.
—Auto, giros, golpes… — De nuevo me contesto.
—Antonella, despierta por favor… Lamento no estar contigo estos días, castígame de la forma que quieras pero no nos dejes… Por favor despierta. – Escucho una voz familiar. – Nella, Amelie te está esperando… Yo también lo hago. No me dejes.
—¿Quién es Amelie?—
—Nuestra gata… Ella es muy importante, nos necesita…— Me contesto.
—¿Quién es la persona que nos habla?—
—mmm Giancarlo… Él nos quiere, nosotros también lo queremos “Hay Giancarlo, me tienes loquita de amor” Si lo quiero ver, lo extraño… No lo veo desde hace tiempo desde que nació Kayra.
Recuerdo esa tarde que salimos del hospital. Él se veía calmado pero algo distante.
—Kayra es una bebita tan linda. Giancarlo. – Le comento.
—Si. – Habla todo seco.
—¿Giancarlo por qué estas todo parco? No pareces tú. – Le recrimino. —Cualquiera diría que no te alegra la noticia.
—Estoy cansado por el viaje.— Lo dice mientras se estira y da un bostezo— Claro que me gusta noticia, un niño siempre es una alegría ¿Además qué no sé quién a sido el más emocionado si Adam o tú?
—Malvado, se supone que tiene que ser Adam. – Lo miro feo.
No te enojes… — Me abraza por atrás y me da un beso en la mejilla. – Es que te vi tan contenta al ver a la bebe.
—Es que con Kayra hay un aprecio especial. – Me giro y lo veo a los ojos.
—¿Aprecio especial? – Se sorprende.
—Claro porque es gracias a ella que estoy aquí. Si no fuera por ella, no te hubiera encontrado y mucho menos estaríamos juntos. – Le respondo.
Tienes toda la razón.— Está todo pensativo.— ¿Pero a ti te agradan mucho los bebes? – Insiste.
—Soy profesora de inicial. Se supone que me tienen que gustar. – Le muestro algo obvio.
Es lógico sin embargo siempre que vez un bebe o la vez que fuimos a la tienda a comprar las cosas, lucias tan emocionada. – Me comenta.
Cierto…. Seria lindo que tuviéramos uno… Me imagino un mini Giancarlo corriendo por todo el lugar, con tus mismos ojos. – Lo digo sin pensar mucho, surge de repente la idea. No imagine poder pensar de nuevo en aquella posibilidad. Me giro y noto que esta anonadado, creo que no le gustó la idea, seguro que me precipite al imaginar aquello. Al sentir lo incomodo de la situación, me suelto de su abrazo, y lo comienzo a jalar hasta llevarlo a la heladería.
—Comamos un helado. – Cambio radicalmente de tema. – Yo invito. – Le sonrío.
—Como quieras. – Responde, supongo que debe estar aliviado aunque no lo muestre, sigue todo inexpresivo.
No lo contradije ni nada, simplemente lo lleve hasta la heladería que solemos visitar, pido un helado de dos bolas para cada uno. Él sigue como perdido. Tomamos asiento en una de las mesas que se encuentra lo más alejada de la entrada y pegada al jardín. No hablamos sólo comíamos el helado, se percibe la tensión en el ambiente, para terminar con esto prácticamente devoro el helado, deseo irme. Tal vez Giancarlo tiene cosas que hacer y por eso está todo distraído o lo que dije le desagrado.
—Nos vemos luego. – Me levanto de la silla.
—¿Dónde vas? – Me pregunta.
—Voy hacer unas cosas y luego iré a casa, no te preocupes. – Le sonrío no quiero que esté a mi lado si es por obligación.
—Te acompaño. – Se levanta.
No es necesario. Puedo ir sola. – Lo detengo.
—¿Por qué me excluyes? ¿Qué sucede? – Se molesta, en si la que debería hacer esas preguntas y estar así soy yo.
—Nada. Estoy segura que tienes cosas que hacer. – Lo intento convencer.
—Mientes, dime qué te enojo. – Me exige.
—Te repito que nada. Bien. – Le doy un ligero beso. – Sé que quieres pensar, tomate tu tiempo. – Le susurro antes de irme.
No me siguió, dejo que me fuera. Hice unas cuantas compras en el supermercado, seguro si le cocinaba algo rico junto una torta de tres leches de brillantes lo animara. No me gusta verlo así a pesar que muchos me han dicho que Giancarlo es alguien muy seco poco expresivo y hasta taciturno. He visto ese lado suyo cuando lo conocí sin embargo él me ha mostrado otra faceta, quizá se cansó. No él debe tener algo, si pronto volverá a ser el de siempre, mi fastidioso y antipático Giancarlo Madicci.
Al llegar a casa prepare todo para nuestra cena romántica. Puse las flores que he traído en un bonito florero. La pequeña torta que compre hice que le pusieran “Gracias por quererme” Pronto el matahambre que hice estuvo listo junto el puré de papa. Lo corte para de ahí servirlo y quedara todo bonito.
Lo llamo a su celular, varias veces y no responde. Pongo la comida en un lugar seguro y voy a buscarlo por toda la casa. No lo encuentro, ni siquiera está su camioneta, no regreso.
Pasaron horas y Giancarlo no regreso, miro el reloj, es media noche. Veo lo que prepare, todo fue por gusto. Guardo lo que cocine en un taper, le quito el letrero a la torta para guardarla en el refrigerador, se me quitaron las ganas de todo. Ese sin sabor del déjà vume invade, niego con la cabeza, Antonella Adatto no iba ser la misma tonta. Voy rumbo a mi habitación y fue cuando lo encuentro entrando.
—¡Estás despierta!— Se asombra.
—Sólo fui a tomar un poco de agua, buenas noches. – Me despido.
—¿Estás molesta?—Me pregunta, me tienta responderle que sí, que es un tonto, desconsiderado.
—No.— Niego con la cabeza y paso de largo. No iba poder soportar un minuto más estar frente él.
—Antonella. – Me llama, no le hago caso, estoy cansada.
Creí que las cosas se solucionarían al día siguiente pero no fue así, porque desde entonces deje de verlo. Casi no paraba en la casa, se iba muy temprano, casi de madrugada y regresaba sumamente tarde. Él me evita.
—¿Estás segura que me quiere?— Pregunto.
—Si, dice que eres importante. – Me respondo.
—¿Por qué me evita? No quiere estar a mi lado, lo incómodo. Soy alguien molesta. – Siento mucha tristeza. — ¿Por qué me duele no estar a su lado?
—Lo queremos. –
—Antonella despierta. Por favor… Prometo que no volveré a dejarte de lado de nuevo… No puedes dejarme. Te quiero a mi lado.— Lo escucho muy lejos.
—¿Puedo creer en él?— Pregunto.
Capítulo Pasado olvidado, presente de frente
Giancarlo:
Es media noche, han pasado más de seis horas desde el accidente y ella hasta ahora no despierta. Pregunte al médico si esto es normal, el simplemente contesto que podía ser por los sedantes que le dieron o por el golpe que recibió, junto a los dos paros que tuvo y que mientras más se demorara en despertar el daño podría ser peor. El plazo que ella tiene para conseguirlo es de unas doce horas cuando el efecto de los sedantes deje de hacer efecto.
Intento ser lo más positivo que puedo, pero es tan difícil. Luego de todas las cosas por las que he tenido que pasar, no soy de los que creen en los finales felices, siempre hay algo que hace que todo termine mal. Ahora es como si de nuevo se reafirmara aquello, todo por mi m*****a culpa. Si la hubiera acompañado, si estuviera más pendiente de ella. Me propuse desde el momento que la conocí cuidarla, protegerla, no quería verla llorar como esa noche.
Seria horrible que él último día que pude pasar con ella lo desperdicié y no lo supe apreciar. Fue cuando nació Kayra, ella estaba tan feliz, se parecía a la Antonella de la fotografía de su boda. De verla así sentí más miedo de perderla, de hacerle daño como mi medio hermano. Por lo que preferí mantener mi distancia, pensar fríamente.
Ella por su parte se preocupaba por mi, trate de desviar su atención hablando de lo emocionada que estuvo ella para que de ahí ella terminara la conversación sobre lo bonito que seria que formáramos una familia. Esa fue la primera vez en la que Antonella veía que nuestra relación podía ir más lejos, no estaba esa incertidumbre sobre que yo me cansara de ella y terminábamos. En lugar de alentarla y apoyar su iniciativa me quede frío sin saber que responder. Por lo que al final ella propuso ir a comer helados, la tensión abrumaba el ambiente y fue por esa razón que ella decidió irse.
La comprendía fui un verdadero tonto, sin embargo, no podía olvidar el lazo que tenía con ese Giovanni Coppola. Por lo que decidí alejarme más de ella y en este momento estoy pagando por mi error. De que sirvió pensar, preocuparme de aquello, si al final estoy seguro que quiero a Antonella, que no me atrevería a golpearla como ese tipo lo hizo. Si a Antonella le pasa algo nunca me lo perdonare, nunca.
—Por favor Antonella, despierta. Te lo suplico…. – Le pido. – Soy un tonto por no hacer tiempo para verte, por no llamarte ni contestar el teléfono. Merezco que te enojes, se supone que debía cuidarte que no te lastimaría y mira… Si hubiera estado pendiente de ti nada de esto estaría pasando.
—No lo eres… Estabas ocupado. – Me responde toda adormilada.
¡Antonella! – Me lleno de alegría al verla despierta. La abrazo y la beso lo más apasionado que puedo. – Me asustaste… Creí que
No despertaría… Me lo imagino. Por desgracia soy resistente, tendrás que aguantarme un tiempo más. – Me bromea.
Toda mi vida si fuera necesario. – Le respondo lo que de verdad pienso.
—Es mucho tiempo, te hartaras antes.— Me advierte, percibo un deje de tristeza en sus palabras.
—No importa si es una eternidad. No me cansare de ti.— Le aseguro.
—Si tu lo dices.— Hay incredulidad en sus palabras, no la culpo después de cómo me he comportado. Lo mejor es ver como está: ¿Antonella te duele algo? ¿Recuerdas lo que sucedió? ¿Te sientes bien? ¿Tienes mareos?
—Cuantas preguntas… Tu nombre es ¿Quién eres? – Pregunta.
—¿Estás jugando? – La acuso.
—Ya sé, eres George Clooney… Te vez muy joven para serlo y diferente…— Ríe.
—Antonella Adatto. Te estoy hablando enserio. – La regaño.
—¿A ti que te paso? ¿Estabas en el accidente? – Me pregunta.
—Estabas solo con Amelie. –Le respondo algo preocupado porque no recuerde lo que sucedió.
—¿Amelie cómo está? Dime lo qué te sucedió. Ese morado en tu rostro se ve espantoso. – Se preocupa.
—Amelie está en el veterinario, va estar bien, no tienes por qué angustiarte. – Evado por completo lo que me paso.
—Giancarlo Madicci, dime que hiciste. – Me ve feo.
Iré a llamar al médico para que te revise. Regreso en un momento. – Me escapo.
Antonella:Las cosas que me ha contado ese hombre han sido terribles, pero ahora comprendo las razones que tiene Giancarlo para sentirse así, Giovanni estaba tan sorprendido como yo, y yo, simplemente Sali de allí tan rápido como pude, no he logrado comunicarme con Giancarlo, tiene su celular apagado, seguramente esta demasiado ocupado con sus pendientes, y quizás es mejor que no le cuente nada de lo que he averiguado, aunque admito que me duele que me oculte una cosa así, realmente, no se ni que debo pensar al respecto, han pasado solo unas horas desde que me entere de la verdad y no se como debo sentirme o como debo reaccionar al respecto.Giancarlo:Me siento hecho una furia, tan es así que realmente no puedo ni me quiero controlar. Se demasiado bien de que se trata todo este repentino interés después de tantos años, y esos regalos supuestamente desinteres
Giancarlo:Antonella esta rara, es como si me escondiera algo y si intento preguntar me advierte que no está para interrogatorios. Lo único bueno de hoy que fuimos donde Michael para que nos diga que todo está bien y que en unos días los sentiremos. Porque lo del sexo de los gemelos vamos a dejarlo como para nuestro aniversario de relación, es decir al día siguiente de la vendimia, ella lo decidió sin consultarme, pero mejor no la contradije porque me vio con mirada asesina si protestaba.Al final me pidió quedarse en casa de su madre porque deseaba ponerse al día con ella tal vez hasta ir de compras. Me ha dejado de lado. Aprovechare para hacer una visita pendiente, una que espero que me de la paz que estoy buscando.Antonella:Hace tiempo que no venía a la casa de los Spencer, la última vez fue cuando Alondra me hizo queda
Hola mis lectores, quiero pedir una disculpa si no he subido actualizaciones, e estado ocupada con cuestiones familiares, a partir del lunes retomo la actualizacion para el final de esta hermosa historia, gracias por su paciencia. Espero puedan comprender que la situacion se fue de mis manos y por ello les ofreco una disculpa. Espero sus comentarios y esperen tambien una nueva historia que pronto estara disponible en la aplicacion, se que han preguntado pro las actualizaciones pero hasta hoy tuve tiempo de avisar, nuevamente espero comprension y amor, de verdad una gran disculpa por las molestias que esto genero, no era mi intencion fallarles. Yubel.
Adam:Antonella sale más temprano de lo habitual y también al irse, siempre se va antes que llegue Giancarlo. Estoy segura que ese par a discutido por algo lo peor es que ninguno de los dos se abre. Antes ella lo hacia pero desde lo sucedido con Teodora le cuesta confiar, no hay necesidad que lo diga sus acciones lo muestran. Tal vez ya no esta tan contenta aquí y quiere irse, después de aquello quien no. Todos conocíamos la historia entre Giancarlo y Teodora, ninguno fue digno de advertirle.—Chau Adam, te veo mañana. – Se despide igual que todos los días.—Antonella ¿Podemos hablar un momento? – Le pregunto.Duda un momento: Está bien.—Acompáñame al otro salón. – Le indico, no es bueno discutir esto en público.—¿Qu&ea
Antonella: Desde la operación Giancarlo a estado serio y extremadamente sobreprotector. No entiendo el motivo, mi madre dice que es por el embarazo sin embargo antes no estuvo así, sin olvidar esos obsequios que llegan a los bebes. Quiero reclamarles a los de la tienda y exigir saber quien los envía porque puede ser algún loco, Giancarlo no deja. Según él porque son tonterías sin importancia, lo peor es que sospecho que conoce al misterioso remitente. Supongo que no tendría que preocuparme pero me es molesto. Lo que ha sido más difícil en este tiempo es tener quieto a Giancarlo, es peor que niño chiquito. Desde la operación si no esta a mi lado saca loco a Adam para ver las cosechas. Al menos ya tomo de nuevo el interés en el trabajo porque Adam me conto que desde que me fui su único plan era como comunicarse conmigo y solucionar todo, después cuando se entero que iba a ser padre se leyó todos los libros sobre paternidad, cuidados en el
Giancarlo:Despierto y lo primero que busco con la mirada es a Antonella o a Adam.—Hasta que por fin despiertas. – Escucho una voz indeseable.—¿Qué haces aquí?— Mi tono es molesto.—No deberías alterarte luego de una operación, es riesgoso. – Por desgracia tiene razón.—¿Qué quieres? Hasta donde recuerdo usted y yo no tenemos ningún parentesco. – Le contesto.—Negar lo innegable. Mírate, eres igual a mi. – Me dice.Me rio: Yo no le quite su herencia a nadie, ni abandone a una mujer embarazada y menos a mi hijo. Tampoco soy un golpeador.—El enojo se ve en su rostro.—Son situaciones que ameritaron dichas acciones. – Se justifica.—No me interesa







