LOGINAntonella:
Giancarlo hizo caso a mi pedido y no apareció el día que me dieron el alta, tampoco el resto de días. No sé si eso me alegra o me entristece más. Por lo que intente no pensar demasiado en él, no sirvió de mucho porque Giancarlo ahora si escribía mensajes de texto.
Debería estar contenta sin embargo realmente me fastidia por la simple razón que lo hace para mostrar que si esta pendiente cuando aquello debió hacerlo mínimo dos semanas atrás. Ni siquiera es porque lo desea, estoy segura que piensa que es una obligación. Así que sus mensajes que dicen te quiero, te extraño, estoy preocupado por ti son falsos.
Lo único bueno de sus mensajes es que me informaba sobre Amelie. La pobre estuvo muy grave, pero ya se encuentra mucho mejor solo con una pata rota. Él la está cuidando y como me advirtió está en la ciudad, aunque no piensa visitarme hasta que se lo autorice. No le conteste a pesar que estoy preocupada por Amelie. No pienso ceder, admito que los extraño. Quiero estar con él pero no voy forzar las cosas.
Al menos la semana a transcurrido rápido y hoy es mi último día en casa de mi madre. Me iré en una empresa de transporte, no me queda de otra porque el carro se encuentra en el taller, mínimo tendrá que estar un mes para terminar todas las reparaciones. Es un verdadero fastidio tener que viajar en autobús, porque al final cuando llegue tendré que pedirle a Giancarlo que me recoja, no quiero depender de él.
Tomo mi bolso y bajo por las escaleras para despedirme de mi mamá, al menos ella ha estado feliz con tenerme de nuevo en casa, por suerte conseguí ocultar mi mal humor y tristeza frente a ella, no es necesario que le sume más problemas.
Ella me está esperando en el recibidor junto a mis maletas, me acerco a ella: Chau mamá, cuídate mucho. Cualquier cosa te llamo.
—La que se tiene que cuidar eres tu, nada de esfuerzos escuchaste, por lo menos el color morado de las costillas a disminuido, pero tienes que seguir vendándote. – Me recuerda.
Lo sé, le pediré ayuda a la señora Esther.— Le aseguro, no quiero estar mal después.
—Ya no sigas molesta con Giancarlo. Él te quiere. – Se entromete mi madre en mi relación con él.
—No me hables de él… Terminamos. –Le cuento. – Él se merece alguien que no tenga tantos problemas.
—No creo que el opine igual. Te está esperando afuera. – Me avisa.
—¡¿Qué?! Dile que se valla. – Me enojo.
Antonella no seas niña caprichosa. Él te quiere, se preocupa por ti. Imagínate que acepto que Adrien lo golpeara – Lo defiende mi madre.
¿Adrien lo golpeo?— Me sorprendo. – Ahora entiendo ese moretón.
Ve en este momento con Giancarlo y compórtate como la mujer que eres. – Me regaña.
Mamá no quiero ir con él. – La veo con ojos de cachorrito.
Tiene a Amelie con él.— Me informa.
Esta bien. Acepto ir con él solo por mi Amelie bonita. – Me resigno abriendo la puerta. Lo encuentro a él esperando frente a la camioneta con Amelie en sus brazos.
—Amelie. – Voy donde ella y la pongo en mis brazos. —¿Cómo está mi cielo? ¿Quién es mi amor, mi cuchi cuchi? Que linda es mi bebita… Tú eres la más bonita. Si claro que sí.
—Hola. – Interrumpe el encuentro con mi gata.
—Hola. – Lo saludo. — ¿Quién es mi gatita hermosa? Tú. Tu nadie más que tu. Te extrañe mucho pobrecita tu patita… Ya va sanar, mamá te va cuidar y mimar.
—Amelie estuvo este tiempo con Giancarlo, que considerado. – Viene mi madre al rescate de él.
Bueno mamá ya nos vamos para llegar temprano. – Le digo.
—Está bien. Cuídala mucho Giancarlo, que se vende, eche sus cremas y tome sus medicamentos.— Le encarga.
—Lo haré mamá y no es necesario que lo molestes con esas cosas, se cuidarme sola. – Intervengo.
—Yo velare por su seguridad señora. – Le contesta. – Descanse y no se preocupe, Antonella estará bien.
Me abre la puerta de la camioneta y coloca Amelie en su jaula. No tardamos en partir. Permanecimos en un largo silencio por un buen rato, por no decir horas. Lo único que rompe el silencio es la música de la radio. No quiero hablar, creo que todo ya esta dicho entre los dos. Desde la ventana puedo ver el mar a lo lejos. Pronto llegaremos a la parte de los acantilados llegar a la intersección y a partir de ahí solo será cuestión de unas dos horas para estar en casa.
—¿Hasta cuándo vas a seguir así? – Me pregunta de la nada.
—Te advertí que te aburrirías de mí. – Le respondo.
—No lo hice. – Refuta.
—Si no hubiera tenido el accidente, seguiríamos igual que hace dos semanas. – Le contesto. – No soy ciega ni tonta. Además que te mereces alguien mejor, que no tenga tantos problemas y te deje tranquilo.
—Me gustas como eres. Hace una semana pensaba redimir mi abandono… — Me comenta.
—Mentiroso, desde que peleamos la última vez estás extraño. ¿Qué sucede? Ni se te ocurra evadirme preguntando por que me divorcie de Giovanni. – Lo miro feo.
Fue el trabajo… Una plaga infecto a varias plantaciones y para que no se expanda hemos tenido que quemar todos esos cultivos, van haber muchas perdidas este año… A las justas si se van a cubrir los gastos y sueldos de los trabajadores. Estado rompiéndome la cabeza para conseguir no salirme del presupuesto. – Me explica.
—¿Qué haces aquí? Deberías estar trabajando en lugar de perder el tiempo conmigo. – Me siento mal. – Lamento ser tan molesta.
—Eres importante para mí. El día del accidente tuve miedo de perderte. Estuviste muy cerca de morir. Prácticamente lo estuviste en la ambulancia. – Me cuenta. – Te amo Antonella y en ese momento fue terrible.
—Me haces sentir mal… Pero no debiste dejar que me trajeran, quería quedarme contigo… Me dolió ver que les dabas la razón, sentí como si quisieras deshacerte de mí. – Le hablo de mis sentimientos.
—Tu madre iba a cuidarte mejor… Dije que te visitaría aunque no me dejaste. – Me recuerda.
—Siento mi comportamiento… Seguimos juntos o de verdad quieres terminar, decidas lo que decidas lo comprenderé. – Le propongo.
—Te dije que lucharía por ti. – Me contesta.
—¿Seguimos juntos? – Dudo.
—Si. – Me despeina con su mano, como si fuera una niña.
No me despeines. – Me quejo. – Todo este tiempo te extrañe mucho….
—Yo también… Antonella quisiera hablarte sobre la placa que tienes en la cabeza. – Comienza a tocar un tema difícil.
—Descubriste que soy media Frankenstein. – Me burlo de mi.
—Tu hermano me relato que fue Giovanni quien te pego de una forma tan brutal que estuviste tres meses en coma. Casi mueres. – Me cuenta.
—Mi hermano fue quien te pego ese día, porque no me contaste. Se paso de abusivo tu no tuviste que ver en mi accidente. Mi mamá me contó que te dejo inconsciente por una hora. – Le cambio de tema.
—No quería preocuparte con algo sin importancia. – Alega. — ¿Recuerdas lo que te hizo?
—No, todo lo que sucedió ese día está en blanco… Es por las secuelas de los golpes… Necesite varias operaciones y rehabilitación para poder caminar de nuevo… Digamos que esa fue la gota que derramo el vaso para divorciarme de Giovanni. – Le digo parte de la historia con Giovanni aunque hay cosas que no me siento preparada para contarle.
—Es un malnacido… Todavía quiere que regreses con él. En verdad que es un sujeto enfermo. – Comenta.
—Mientras estuve en coma, peleo por tomar decisiones que podrían salvarme la vida, en ese tiempo al ser mi esposo, le correspondía. Fue gracias a un amigo que consiguió una orden de alejamiento contra él. Se demoraron un año en darme el divorcio. – Sigo.
—Si que fue mucho tiempo. – Se sorprende.
—Cuando nos conocimos estaba celebrando mi divorcio. Tu llegada fue muy oportuna. – Le sonrió.
—¿Por qué llorabas ese día? –Me pregunta.
—Suficiente parte de la historia has conocido… No es bueno hablar de cosas tristes en especial si están en el pasado… Me gusta más el presente que vivo contigo. – Le respondo.
—Está bien… Pero algún día me lo contaras.— Me pide.
—Tal vez… Son cosas que no me gustan recordar. Me debes entender tu también tienes secretos y no ando interrogándote. – Le hago ver que no soy insistente.
—¿Qué quieres saber?— Me da una oportunidad para preguntar.
—¿Madicci es tu apellido paterno por parte de tu padre? – Esa duda la tenía desde que nos conocimos.
—Es por parte de mi madre… Ese hombre no quiso reconocerme. No me hace falta su apellido ni nada de él. –Contesta muy serio.
—Entonces cuando tu madre falleció fue tu abuela por parte de ella quien se hizo cargo de ti. Ese hombre se perdió de tener un hijo maravilloso como tu.— Le muestro mi apoyo.
—No es para tanto. El crédito lo tienen las personas que me criaron— Alega.
—¿Sabes quién es? – Le pregunto.
—Sí. – Suena cortante.
—¿Lo conociste? – Continuo.
—Si— Se nota que no le agrada hablar de aquello.
—Es un tema delicado ¿Verdad? – Lo cuestiono.
—mmm. – Esa respuesta lo confirma.
—¿Cómo se portó Amelie en mi ausencia? – Cambio de tema.
—Quisquillosa igual a la dueña… No quería comer su sopa, sola comida embolsada o pavo sancochado casi sin condimentos y una pisca de sal. – Me comenta.
—Pobrecita mi bebe. – Ponga carita triste.
—La engríes demasiado. —Me regaña.
—Es imposible resistirse, admite que tú también la mimas desde el principio. – Le recuerdo.
—Lo bueno que tiene es que toma sus medicinas sin terminar babeando— La alaga.
—Es una buena gata. Le agradas. – Le cuento.
—¿A la dueña también le agrado? – Me pregunta.
—Por desgracia me enamore de un hombre antipático y odioso llamado Giancarlo Madicci… Lo extrañe mucho porque lo quiero. – Le confieso.
—Ese hombre debe ser muy afortunado. – Juega.
—Creo que es al revés porque tiene que soportarme. – Veo por la ventana.
—Me gustas tal y como eres no cambiaría nada de ti… Quizá tu pasado. – Hace una pausa en la que giro para verlo. – Para que no te lastimaran.
—Giancarlo. – Susurro.
El resto del camino fue ameno, hablamos de diferentes trivialidades y de lo que hicimos en esa última semana. No hubo que contar pero no importaba.
Antonella:Las cosas que me ha contado ese hombre han sido terribles, pero ahora comprendo las razones que tiene Giancarlo para sentirse así, Giovanni estaba tan sorprendido como yo, y yo, simplemente Sali de allí tan rápido como pude, no he logrado comunicarme con Giancarlo, tiene su celular apagado, seguramente esta demasiado ocupado con sus pendientes, y quizás es mejor que no le cuente nada de lo que he averiguado, aunque admito que me duele que me oculte una cosa así, realmente, no se ni que debo pensar al respecto, han pasado solo unas horas desde que me entere de la verdad y no se como debo sentirme o como debo reaccionar al respecto.Giancarlo:Me siento hecho una furia, tan es así que realmente no puedo ni me quiero controlar. Se demasiado bien de que se trata todo este repentino interés después de tantos años, y esos regalos supuestamente desinteres
Giancarlo:Antonella esta rara, es como si me escondiera algo y si intento preguntar me advierte que no está para interrogatorios. Lo único bueno de hoy que fuimos donde Michael para que nos diga que todo está bien y que en unos días los sentiremos. Porque lo del sexo de los gemelos vamos a dejarlo como para nuestro aniversario de relación, es decir al día siguiente de la vendimia, ella lo decidió sin consultarme, pero mejor no la contradije porque me vio con mirada asesina si protestaba.Al final me pidió quedarse en casa de su madre porque deseaba ponerse al día con ella tal vez hasta ir de compras. Me ha dejado de lado. Aprovechare para hacer una visita pendiente, una que espero que me de la paz que estoy buscando.Antonella:Hace tiempo que no venía a la casa de los Spencer, la última vez fue cuando Alondra me hizo queda
Hola mis lectores, quiero pedir una disculpa si no he subido actualizaciones, e estado ocupada con cuestiones familiares, a partir del lunes retomo la actualizacion para el final de esta hermosa historia, gracias por su paciencia. Espero puedan comprender que la situacion se fue de mis manos y por ello les ofreco una disculpa. Espero sus comentarios y esperen tambien una nueva historia que pronto estara disponible en la aplicacion, se que han preguntado pro las actualizaciones pero hasta hoy tuve tiempo de avisar, nuevamente espero comprension y amor, de verdad una gran disculpa por las molestias que esto genero, no era mi intencion fallarles. Yubel.
Adam:Antonella sale más temprano de lo habitual y también al irse, siempre se va antes que llegue Giancarlo. Estoy segura que ese par a discutido por algo lo peor es que ninguno de los dos se abre. Antes ella lo hacia pero desde lo sucedido con Teodora le cuesta confiar, no hay necesidad que lo diga sus acciones lo muestran. Tal vez ya no esta tan contenta aquí y quiere irse, después de aquello quien no. Todos conocíamos la historia entre Giancarlo y Teodora, ninguno fue digno de advertirle.—Chau Adam, te veo mañana. – Se despide igual que todos los días.—Antonella ¿Podemos hablar un momento? – Le pregunto.Duda un momento: Está bien.—Acompáñame al otro salón. – Le indico, no es bueno discutir esto en público.—¿Qu&ea
Antonella: Desde la operación Giancarlo a estado serio y extremadamente sobreprotector. No entiendo el motivo, mi madre dice que es por el embarazo sin embargo antes no estuvo así, sin olvidar esos obsequios que llegan a los bebes. Quiero reclamarles a los de la tienda y exigir saber quien los envía porque puede ser algún loco, Giancarlo no deja. Según él porque son tonterías sin importancia, lo peor es que sospecho que conoce al misterioso remitente. Supongo que no tendría que preocuparme pero me es molesto. Lo que ha sido más difícil en este tiempo es tener quieto a Giancarlo, es peor que niño chiquito. Desde la operación si no esta a mi lado saca loco a Adam para ver las cosechas. Al menos ya tomo de nuevo el interés en el trabajo porque Adam me conto que desde que me fui su único plan era como comunicarse conmigo y solucionar todo, después cuando se entero que iba a ser padre se leyó todos los libros sobre paternidad, cuidados en el
Giancarlo:Despierto y lo primero que busco con la mirada es a Antonella o a Adam.—Hasta que por fin despiertas. – Escucho una voz indeseable.—¿Qué haces aquí?— Mi tono es molesto.—No deberías alterarte luego de una operación, es riesgoso. – Por desgracia tiene razón.—¿Qué quieres? Hasta donde recuerdo usted y yo no tenemos ningún parentesco. – Le contesto.—Negar lo innegable. Mírate, eres igual a mi. – Me dice.Me rio: Yo no le quite su herencia a nadie, ni abandone a una mujer embarazada y menos a mi hijo. Tampoco soy un golpeador.—El enojo se ve en su rostro.—Son situaciones que ameritaron dichas acciones. – Se justifica.—No me interesa







