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Un acuerdo

Author: Yubel Writer
last update publish date: 2022-02-22 07:54:17

Antonella:

Desde aquella noche las cosas entre ambos no estuvieron tan tensas, sin embargo, puedo decir que mi estancia tranquila se complicó. Por lo visto Sebastián y Chelsea esparcieron el rumor que Giancarlo y yo andábamos juntos, al ser un poblado pequeño las noticias corren rápido. Es por ese motivo que me siento observada e incómoda con la actitud de las personas, las costumbres aquí son muy conservadoras, no ven con buenos ojos que ambos estemos bajo el mismo techo sin estar casados.

Por el momento, la señora Nodal no me hizo ningún comentario, eso me alivia un poco porque no sabría qué decir. Me siento en uno de los bancos pequeños necesito pensar.

—Antonella, deseo hablar un momento contigo — Me habla la señora Nodal.

—Puede ser después, tengo que irme de inmediato — Me levanto como un resorte y cojo mi bolso.

—Solo deseo preguntarte algo, no tomara mucho tiempo — Intenta convencerme.

—Mañana hablamos por favor — Le pido.

—Está bien — Me deja el paso libre, cosa que aprovecho para salir del lugar de inmediato.

Voy de regreso a casa y pienso en lo qué iba hacer, por una parte, tenía que hablar con Giancarlo y conocer su opinión, en este momento es la mejor opción. Me acuesto en mi cama y veo el techo, a mi mente viene todo lo acontecido últimamente. Como han cambiado las cosas en estos años, incluso en un par de meses hice cosas que no imagine hacer y que ahora he de pagar las consecuencias. Espero que no sea muy alto.

Giancarlo:

Desde hace un par de días he comenzado a escuchar rumores acerca de que estoy con Antonella, que tenemos una relación. Cosa que ha provocado desaprobación en varias personas del pueblo. No están de acuerdo que ella viva conmigo, en si piensan que ella y yo dormimos en la misma cama. Que otras cosas estarían diciendo e inventando.

A mí me importa muy poco lo que digan, sin embargo, quizá ella no opine igual, en el trabajo fácil le han causado problemas. Debería hablar con ella.

—Giancarlo, podemos hablar un momento — Me interrumpe Adam sacándome de mis pensamientos.

—Mmm — refunfuño, estoy molesto.

—¿Es verdad que sale con la señorita Antonella? — Me pregunta.

—¿Te interesa? — Esta pregunta va acompañada de una mirada asesina.

—Claro, usted es como un hermano para mí y no deseo que tome decisiones precipitadas — Me explica.

—No molestes — Le respondo.

—No es justo que juegue con los sentimientos de la señorita — Me regaña ¿Cómo puede pensar eso de mí? Prefiero ignorar sus conclusiones sin sentido. — Es verdad los rumores que corren ¿Desde cuándo? Espera no me digas que es la chica que presentaste como tu enamorada en la boda de Dorita — Se acaba de dar cuenta.

—Déjame tranquilo — Le digo dispuesto a irme.

—La vi de lejos por eso no me di cuenta, no obstante, en un momento a otro te fuiste y no supe más de ella, pero usted ha cambiado mucho desde que su esposa murió y luego se interesó en Teodora quien no correspondió sus sentimientos, si no va a querer a esta pobre muchacha como es debido, será mejor que la deje tranquila — Me explica antes que me retire, no le respondo nada.

Por lo visto lo mejor va ser admitir que tenemos una relación, pero antes debo hablar con ella. Voy a buscarla a su habitación, toco la puerta y ella no tarda en abrirla. Luce como si hubiera llorado, ¿Acaso le hicieron algo? ¿Quizá la ofendieron? Ellos no tienen derecho a opinar en nuestras vidas.

Antonella:

Lo primero que hago es buscarlo, pero él todavía no ha regresado según lo que me informo Esther. Así que decidí tomar una siesta, necesito aclarar mis pensamientos además que todo esto más el trabajo y los estudios me dejan exhausta, recibí una buena noticia, hemos logrado conseguir a un cliente realmente importante para nuestra constructora por lo cual, debo tener mi mente limpia para concentrarme en ello. Me pongo los audífonos y escucho algo de música, cerré los ojos por un momento y al abrirlos, me encontraba en un lugar totalmente distinto.

Estoy en el patio de la hacienda recostada sobre un árbol, el cielo está despejado, es un día muy hermoso para estar al aire libre. Poso mis manos sobre mi estómago, me doy cuenta que se encuentra abultado como si estuviera embarazada. No comprendo cómo puede ser eso posible, las principales preguntas que rondaban mi cabeza ¿Cuándo quede embarazada? Y ¿De quién es este bebe? No importa mucho, dejo de lado las interrogantes y acaricio mi vientre, me alegra la noticia o es que acaso lo que paso fue una pesadilla e Giovanni nunca me golpeo, nunca perdí a mi pequeño. Esa posibilidad me hizo sentir una gran alegría, mi pequeño seguía conmigo.

—Antonella ¿Cómo pudiste? — Escucho una voz familiar que me aterra, toda la alegría que pude sentir se esfumo. Ese tono de voz me hace temblar hasta la médula.

—Giovanni — Susurro asustada, de inmediato supe que ese bebé no es de él y que tengo que protegerlo. Me levanto con cuidado, cubriéndolo con mis manos.

—Eres de lo peor, decías amarme y mírate esperando el hijo de otro… — Esta completamente iracundo y se acerca a zancadas.

—Por favor no lo lastimes — Le pido, tengo miedo.

—Te lo dije una vez, te lo advertí muchas veces que si no eres mía no serás de nadie — Me habla, de inmediato supe lo que planeaba.

—Por favor — Le sigo pidiendo, temiendo lo peor.

—Tendré que castigarte cariño — Saca un arma y me apunta con él.

—No lo hagas, por favor, te lo suplico, no me quites otro — Le imploro, entre lágrimas tratando de ablandar ese duro corazón.

—JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA — Se comienza a reír para sentir el retumbar del arma trato de escapar, cierro los ojos un segundo y veo que ya no estoy ahí, todo fue una pesadilla. De todas formas, examino mi cuerpo, nos hay señales de aquel niño. Me siento aliviada.

Me doy cuenta que mi rostro está cubierto de lágrimas, fue tan real que en verdad creí que Giovanni estaba aquí.

Tocan la puerta.

—Ya voy — Respondo con la voz quebradiza, me coloco mis tenis y abro la puerta encontrándome con alguien que en cierto punto esperaba, pero no era el momento para verlo.

Giancarlo:

—¿Por qué estabas llorando? — Le pregunto preocupado.

—Nada, sólo fue una pesadilla…. — Trata de no darle importancia.

—¿Una pesadilla? — Estoy desconcertado.

—Si, olvídalo estoy mejor ¿Qué sucede? — Pregunta toda desganada.

—¿Segura? — Insisto.

—Si, mira si no es nada importante podemos dejarlo para después — Se nota la molestia en su rostro.

—¿Quería saber si te has dado cuenta que han comenzado a circular rumores acerca que ambos tenemos una relación? — Voy directo al grano.

—Si me ha dado cuenta que no me ven con buenos ojos — Está fastidiada.

—Te han molestado, porque a ellos debería de importarles nuestras vidas — Comienzo a decirle sin creer del todo lo de la pesadilla tal vez alguien la ofendió hasta hacerla llorar.

—No es para tanto, además es un lugar pequeño y cualquier chisme les viene bien, no le interesa a la gente si distorsiona la verdad — No le presta interés a los chismes que circulan.

—¿Sabes quién pudo iniciar esto? — Le pregunto.

—Si. Creo que es mejor que pases siéntate si quieres en la cama o en aquella banca — Me ofrece un lugar donde sentarme.

—¿Quién? — La cuestiono al mientras me siento en la silla.

—Sebastián o Chelsea. Ese día que fui al otro pueblo me los crucé, hicieron conjeturas sobre que si vine aquí fue por ti. No pude aclararles nada porque llego Chelsea ofendiendo y no quería causar un alboroto por su causa. — Me relata ella, cruzándose de piernas en la cama, Sebastián, aborrezco a ese hombre con todas mis fuerzas, por su culpa yo perdí una vez lo que me era más importante.

—Ellos fueron, no hay duda de ello, son un par de víboras despreciables, especialmente Sebastián — Estoy molesto.

—Deberías controlar a tu noviecita Chelsea — Me regaña.

—No es mi novia — Le aclaro, al ver su rostro pude notar que pensó que Chelsea fue mi ex — Tampoco lo fue en el pasado, cuando mi esposa murió, Sebastián era el único médico en kilómetros, su mala praxis fue lo que me la arrebato, y nunca deje de creer que lo había hecho a propósito para que estuviera con su demente hermana, aunque perdió la licencia por ello, nunca lo he perdonado ni lo perdonare.

—Bien, no te enojes. Es sólo que ella resulta desesperante — Me dice.

—Es verdad ¿Ahora qué vamos a decir? ¿Qué estamos juntos? — Le digo como si nada, no quiero recordar esos malos tiempos. — No es mala idea, podríamos hasta empezar una — le sugiero esperando que me diga que sí.

—No — Se niega de inmediato.

—¿Por qué? — La cuestiono.

—Simplemente porque no — Me responde, diablos, es en verdad una mujer demasiado difícil.

—Es porque todavía amas a tu ex esposo — Estoy enojado, a pesar de todo continúa pensando en ese tipo.

—No — Responde. — Todo eso murió hace mucho tiempo — dice con rencor.

—Entonces si no es por él, ¿Cuál es la razón? — De nuevo le insisto.

—¿Por qué quieres que tengamos una? Es simplemente por llevarme de nuevo a la cama… — Me contesta molesta.

—Digamos que me interesas más de lo que crees, no es por el hecho que nos divertimos mucho esa noche — Intento calmarla. — Podría conseguirlo de otra forma —

—Sabes que eres antipático e irritante — Está peor que antes.

—Me lo dijiste esa noche mientras te hacía llegar a tu limite — La hago recordar parte de esa noche, ella se pone colorada cosa que me incita más a tener algo con ella a no rendirme.

—¿Cómo puedes hablar como si nada de aquello? — Esta toda roja.

—Ni que fuera algo del otro mundo — Me levanto y acerco a ella, estoy seguro que no le soy indiferente. Esa noche lo pude comprobar y puedo reafirmarlo.

—Alto ahí, te he dicho que no pienso llegar más lejos contigo — Pone sus manos para alejarme.

—No entiendo a qué le temes ¿Qué problema tienes? – Le digo sin comprenderla.

—No te conozco, no sé quién eres, al igual que tú a mí, puedo ser una asesina serial o delincuente, no deberías insistir — Quiere hacer que cambie de opinión con un alegato tan débil como ese.

—No creo que lo seas y yo tampoco lo soy, además el tiempo esta para conocernos — Quiero hacerla entrar en razón.

—Busca a alguien más, yo no pienso tener nada más contigo y tampoco con nadie… — Me dice, puedo notar cierta tristeza en sus palabras, creo que lo mejor es no insistir.

—Bien, diremos que terminamos y que fue una coincidencia que nos encontráramos aquí  —Termino esta charla que sé no llegara nada.

—De acuerdo — Me responde.

No digo nada más, salgo de ahí sintiéndome más frustrado que antes además de intrigado. No entiendo cuál es su problema, se siente la firmeza de sus palabras al decir que no amaba a su ex esposo sin embargo esa es la razón más lógica que le encuentro. Tal vez sólo sea cuestión de tiempo.

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