LOGINGiancarlo:
Otro día más atrapado en estas cuatro paredes a pesar que ahora tengo internet no sirve de mucho porque ella me bloqueo de sus redes así que lo único que me quedaría seria llamarla a su celular, pero aún sigo sin uno. Si que es un verdadero fastidio. Golpeo el teclado por la frustración que siento. A este paso recién podre buscarla e intentar arreglar todo cuando me quiten este maldito yeso porque nadie está dispuesto ayudarme.
Miro la fecha en el ordenador, hoy es seis de enero. Si mal no recuerdo hoy pensaba casarme con ella. Casi todo estaba listo para la ceremonia sin embargo esta no sé concluyo. Incluso ni si quiera sé si la volveré a ver, qué tal si se va del país o se muda. Sueno pesimista y hasta paranoico, pero estar encerrado te vuelve así.
Antonella como te extraño, todo este tiempo ha sido un verdadero infierno sin ti. Me concentro en el trabajo, en si el control de los pedidos y las entregas, cosa que en esta época es full, me recuerda un poco al tiempo antes de conocerla a ella sin embargo esas veces los fines de semana era irme de fiesta y meterme con varias mujeres. En ese caso si use a ellas para mitigar lo que sentía por Teodora. No sirvió de mucho y tampoco me siento orgulloso de esa época pero me siento igual o más vacío que aquellas veces.
Toc, toc. – Tocan la puerta, debe ser Esther.
—Adelante. – Hablo.
—Señor Giancarlo, lo buscan. – Me informa.
—Te dije que no estoy para nadie. – Le recuerdo.
—Lo sé pero exige verlo, repite que es importante. – Le hago una seña en la mano informándole que no me importa. – Se llama Giovanni Coppola.
Genial, ahora viene este seguro quiere información sobre Antonella o incluso fastidiarme.— No estoy para nadie.
—Es necesario que lo hagas. – Escucho su voz molesta.
—Retírate Esther, yo me encargo. – Le hablo a ella, espero a que nos deje solos. — ¿Qué deseas?
—¿Qué te sucedió en la pierna? – Me ignora.
—No creo que sea a lo que has venido hacer aquí. – Le respondo.
—No pero explicaría porque no has ido a buscar a Antonella aunque hubiera sido bueno que la llamaras o dejaras mensajes. Mostraría que te importa. –Alega.
Abro los ojos al enterarme que él ha sido capaz de verla:¿Cómo esta ella?¿Haz hablado con ella?
—Dime qué sucedió. – Se sienta frente al escritorio.
Maldigo entre dientes: Me accidente… El día que se fue Antonella iba tras ella, en el camino tome una curva demasiado rápido y perdí el control de la camioneta, termine un día inconsciente junto una pierna rota, me han puesto clavos. Quiero saber de ella. – Le exijo.
—Ella no esta de lo mejor. Supongo que conocerás el motivo. – Contesta.
—Las cosas no son como ella cree. – Le digo.
—¿La amas? ¿Estás enamorado de ella? O ¿Al menos la quieres? – Me pregunta como si tuviera todo el derecho del mundo de hacerlo.
—¿Quién eres tu para cuestionarme? – Deseo levantarme y botarlo a patadas.
—Alguien que en verdad ama a Antonella y solo desea lo mejor para ella. – Lo veo con incredulidad. – Yo me porte muy mal con ella, lo sé y por eso mi deber es que ella sea feliz así no sea conmigo ¿Comprendes?
—¿Vienes ayudarme? – Me burlo.
—Ella es lo importante aquí, no tú ni yo ¿No crees? – Asiento tiene toda la razón. – Responde lo de antes.
No quiero decirle pero si es la única forma de arreglar las cosas: Lo hago… Desde el momento en que la conocí me enamore de ella y no había nadie más que ella en ese momento. Lo que sea que escuchara o dijeron mal interpreto todo. – Le explico. – Quiero que vuelva.
—Ella lo escucho de ti, es lo que más le duele… Así que va ser muy difícil que te perdone o entienda. – Me cuenta.
—¡¿De mi?! – Me sorprendo.
—Si, por lo visto ella escucho de más una conversación que tenías con alguien y bueno supo que querías a tu prima, que a ella la usaste para olvidar a la esposa de Leandro y que como no funciono la ibas a botar. Eso me conto ella. – Si que todo iba de mal en peor.
—Yo nunca dije eso, jamás le haría eso ella…— Me golpeo la cabeza con el escritorio y recuerdo la charla que tuve con Lisai al día siguiente que pelee con Antonella. Él jura que jugaba con Antonella y seguía enamorado de Teodora por lo que creo que irritado pronuncie aquellas palabras pero para decirle que nunca lo haría porque amaba a Antonella, que deseaba casarme con ella y formar nuestra familia.
—Ella lo oyó y no creo que mienta con algo como eso además que esta sufriendo aunque cuando me lo contó no le creí, no te vez como esa clase de persona y bueno pareces sincero cuando hablas de lo que sientes por ella. Por eso estoy aquí, no quiero que ella sufra. – Me habla.
—Ella mal interpreto todo… — Miro al techo. – Recordé cuando pudo haber sucedido aquello. Yo hablaba con un hombre al cual le tengo confianza y si dije aquello fue con el fin para que escuchara lo que deseaba oír para de ahí aclararle que nunca se lo diría a Antonella por que en verdad la amaba y Teodora quedo en el pasado que incluso pensaba casarme con Antonella… Planee todo para que en teoría hoy fuera nuestra boda… Por eso vino mi familia pero de que sirve si ella no está aquí… M*****a sea todo lo eche a perder. – Golpeo la mesa.— La perdí.
—No lo creo. – Sonríe.
—¿Qué quieres decir? Además mírame, estoy inmovilizado. No puedo ir a buscarla o tomar mi camioneta ni siquiera conseguir un condenado teléfono para llamarla. Soy un maldito inútil que no puede hacer nada para aclarar las cosas con ella hasta que no me quiten el yeso de la pierna.— Me frustro y es una de las pocas veces que hablo más de la cuenta.
—Ella aún te ama y se siente mal por eso. Además ella está embarazada.— Me alegra saber que ella aún me ama a pesar que se sienta ella mal pero esperen me pareció oír que ella esta embarazada.
—¡¿Embarazada?! – No me lo creo.
—Si lo está y te informo que mío no es, ella y yo no hemos tenido nada de nada hace mucho tiempo incluso antes del divorcio… Así que ten por seguro que es tuyo ese bebe.— Eso es algo que supe de inmediato a pesar que en la pelea que tuvimos insinué que ella me era infiel. – No deberías dudar de ella. No cometas el mismo error que yo. – Vi tristeza en su mirada, supuse de inmediato que fue algo crucial en su matrimonio ese echo que hizo que todo terminara entre ellos.
—¿Qué quieres decir con cometer el mismo error? – Le pregunto esperando que él si confesara el secreto que ella tanto guardaba.
—Antes que nada, no esperes a que ella venga a darte la noticia porque no lo piensa hacer hasta que nazca el bebe y te demuestre que es tuyo con una prueba de ADN.— Esos eran los planes de ella.
—Eso no es necesario, sé que es mío a pesar que ella usaba anticonceptivos pero si en verdad esta embarazada sé que es mío. – Le repito. — ¿Por qué piensa hacer eso? ¿Lo sabes?
—Miedo a que dudes de ella, si vine hasta aquí es para aclararte que ella nunca volvería conmigo y también la causa de su miedo más grande. – Me dice.
—¿Miedo más grande? – No entendía.
Si Antonella no te dirá nada es porqué tiene miedo a que no le creas y la lastimes, tal vez pierda al bebé. Yo hice eso con ella. – Me resume pero no comprendo.
—¿Qué quieres decir? Explícate.– Le exijo.
—Antonella estuvo antes embarazada. – Me quede con los ojos como platos y con más dudas.
—¿Qué paso con su hijo? – Pregunto.
En ese tiempo estuve de viaje en Tailandia junto a la que en ese entonces era mi amante, Alexandra, así que no disfrute para nada esa etapa de la vida de Antonella, todo porque sembraron tanto mi padre como Alexandra sobre que Antonella tenía un amorío con Michael, naciendo la duda sobre si ese bebe era mío. En todo ese tiempo la evite. Lo poco que hablamos ella me contaba todo y sobre lo feliz que se sentía por mi parte tenía ira… Ella me pedía estar en las ecografías, nunca fui a ninguna incluso cuando me las mandaba por correo tampoco las revise, lamento tanto aquello. – Hace una pausa.
—¿Qué sucedió con el bebe? ¿Por qué ella no lo tiene con ella? – Supuse lo peor sin embargo no deseaba creerlo.
—El siete de diciembre le dirían el sexo del bebe, ella quería que estuviera ahí. Como siempre no asistí, ese día llegue y mi padre me entrego unas fotos en las que ella salía del consultorio me lleno de más ideas que como estúpido creí, termine emborrachándome en un bar, bebí como nunca. No recuerdo bien lo que hice. Lo que si sé es que llegue en la madrugada del ocho de diciembre, supongo que como siempre ella me espero dormida en el sillón, seguro le grite y encare su supuesta infidelidad recalcándole que ese niño no era mío, golpeándola hasta que quedo inconsciente. Lo único que recuerdo es como me pidió que no lo lastime y cayo desmayada… En ese momento la borrachera se me fue creí que la mate porque vi sangre. En lugar de llamar a una ambulancia huí como un maldito cobarde. – Me cuenta y es cuando entiendo lo que sucedió el día que se fue, tal vez esos días que deseaba hablar conmigo era para contarme aquello y no le hice caso la deje sola. – Para rematar las cosas en lugar de pedirle perdón por lo que hice mande la demanda de divorcio, ella pidió una prueba de ADN al bebe ya fallecido, como supondrás era mío, siempre fue mío y yo lo mate… Quise recuperarla pero fue demasiado tarde y al tener tanta frustración y quien sabe que más la busque trate de recuperarla pero como ella no quería, es lógico que no lo hiciera, casi la mato a golpes a ella… Así es como termino nuestro tortuoso matrimonio… Ese es el daño más grande que le hice a ella. – Termina.
Quería golpearlo por lo que le hizo pero que caso tenía: ¿Qué sucedió el pasado ocho de diciembre? ¿Por qué se vieron?
—Eso… Fue accidente, ella… Ella por lo visto al doctor que la atendió esa vez le pidió que le entregara los restos de nuestro bebe y los enterró en el jardín de en la que fue nuestra casa, así que ese día fue a dejarle flores. Yo no sabía nada, si fui ese día es para no olvidar lo que hice y castigarme con mis recuerdos pero la encontré a ella y hablamos… Ella se puso mal supongo que en algo tuvo que ver su embarazo. – Me explica.
—¿Ella lo sabía desde entonces? – Me siento mal.
—No, ella recién se ha enterado el lunes, está muy angustiada por su futuro. Piensa renunciar a su trabajo buscar uno nuevo todo para que no te enteres de su estado. – Me informa.
—No entiendo que haces aquí si ella no quiere que sepa de su embarazo. – Hablo.
Ya te lo explique antes, deseo verla feliz. Se lo merece, no quiero que sufra. Debes ir por ella. – Me dice.
—Es lo que más deseo pero nadie piensa ayudarme. Todos me han dado la espalda y a diferencia tuya creen que lo mejor para ella es que este sin mi. Así que mientras no pueda valerme por mi mismo no puedo hacer nada. – Que frustración tengo.
—Si quieres te llevo donde ella ¿Qué está usando muletas o silla de ruedas? – No creo lo que dice.
—¿No me estás bromeando? Enserio me vas a llevar donde ella. – Estoy emocionado.
—Si, no me gusta verla llorar. – Mueve los hombros. – Apresúrate que es un camino largo.
—Claro pásame las muletas de ahí. – Le señalo.
—Toma. – Me las entrega.
Antes debo meter esto. – Cojo una bolsa con los medicamento que me recetaron. – Puedes llevarla.
—Que me queda ¿Puedes solo? – No está del todo seguro.
—Claro. – Me levanto como puedo y salgo en compañía de él sonriendo como nunca. Vería a mi Antonella y lo mejor de todo es que ella espera a nuestro hijo.
Antonella:Las cosas que me ha contado ese hombre han sido terribles, pero ahora comprendo las razones que tiene Giancarlo para sentirse así, Giovanni estaba tan sorprendido como yo, y yo, simplemente Sali de allí tan rápido como pude, no he logrado comunicarme con Giancarlo, tiene su celular apagado, seguramente esta demasiado ocupado con sus pendientes, y quizás es mejor que no le cuente nada de lo que he averiguado, aunque admito que me duele que me oculte una cosa así, realmente, no se ni que debo pensar al respecto, han pasado solo unas horas desde que me entere de la verdad y no se como debo sentirme o como debo reaccionar al respecto.Giancarlo:Me siento hecho una furia, tan es así que realmente no puedo ni me quiero controlar. Se demasiado bien de que se trata todo este repentino interés después de tantos años, y esos regalos supuestamente desinteres
Giancarlo:Antonella esta rara, es como si me escondiera algo y si intento preguntar me advierte que no está para interrogatorios. Lo único bueno de hoy que fuimos donde Michael para que nos diga que todo está bien y que en unos días los sentiremos. Porque lo del sexo de los gemelos vamos a dejarlo como para nuestro aniversario de relación, es decir al día siguiente de la vendimia, ella lo decidió sin consultarme, pero mejor no la contradije porque me vio con mirada asesina si protestaba.Al final me pidió quedarse en casa de su madre porque deseaba ponerse al día con ella tal vez hasta ir de compras. Me ha dejado de lado. Aprovechare para hacer una visita pendiente, una que espero que me de la paz que estoy buscando.Antonella:Hace tiempo que no venía a la casa de los Spencer, la última vez fue cuando Alondra me hizo queda
Hola mis lectores, quiero pedir una disculpa si no he subido actualizaciones, e estado ocupada con cuestiones familiares, a partir del lunes retomo la actualizacion para el final de esta hermosa historia, gracias por su paciencia. Espero puedan comprender que la situacion se fue de mis manos y por ello les ofreco una disculpa. Espero sus comentarios y esperen tambien una nueva historia que pronto estara disponible en la aplicacion, se que han preguntado pro las actualizaciones pero hasta hoy tuve tiempo de avisar, nuevamente espero comprension y amor, de verdad una gran disculpa por las molestias que esto genero, no era mi intencion fallarles. Yubel.
Adam:Antonella sale más temprano de lo habitual y también al irse, siempre se va antes que llegue Giancarlo. Estoy segura que ese par a discutido por algo lo peor es que ninguno de los dos se abre. Antes ella lo hacia pero desde lo sucedido con Teodora le cuesta confiar, no hay necesidad que lo diga sus acciones lo muestran. Tal vez ya no esta tan contenta aquí y quiere irse, después de aquello quien no. Todos conocíamos la historia entre Giancarlo y Teodora, ninguno fue digno de advertirle.—Chau Adam, te veo mañana. – Se despide igual que todos los días.—Antonella ¿Podemos hablar un momento? – Le pregunto.Duda un momento: Está bien.—Acompáñame al otro salón. – Le indico, no es bueno discutir esto en público.—¿Qu&ea
Antonella: Desde la operación Giancarlo a estado serio y extremadamente sobreprotector. No entiendo el motivo, mi madre dice que es por el embarazo sin embargo antes no estuvo así, sin olvidar esos obsequios que llegan a los bebes. Quiero reclamarles a los de la tienda y exigir saber quien los envía porque puede ser algún loco, Giancarlo no deja. Según él porque son tonterías sin importancia, lo peor es que sospecho que conoce al misterioso remitente. Supongo que no tendría que preocuparme pero me es molesto. Lo que ha sido más difícil en este tiempo es tener quieto a Giancarlo, es peor que niño chiquito. Desde la operación si no esta a mi lado saca loco a Adam para ver las cosechas. Al menos ya tomo de nuevo el interés en el trabajo porque Adam me conto que desde que me fui su único plan era como comunicarse conmigo y solucionar todo, después cuando se entero que iba a ser padre se leyó todos los libros sobre paternidad, cuidados en el
Giancarlo:Despierto y lo primero que busco con la mirada es a Antonella o a Adam.—Hasta que por fin despiertas. – Escucho una voz indeseable.—¿Qué haces aquí?— Mi tono es molesto.—No deberías alterarte luego de una operación, es riesgoso. – Por desgracia tiene razón.—¿Qué quieres? Hasta donde recuerdo usted y yo no tenemos ningún parentesco. – Le contesto.—Negar lo innegable. Mírate, eres igual a mi. – Me dice.Me rio: Yo no le quite su herencia a nadie, ni abandone a una mujer embarazada y menos a mi hijo. Tampoco soy un golpeador.—El enojo se ve en su rostro.—Son situaciones que ameritaron dichas acciones. – Se justifica.—No me interesa







