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Mentiras parte 1

last update Veröffentlichungsdatum: 29.03.2022 05:42:29

Antonella:

Es tarde, no consigo poder dormir. Estoy intranquila al igual que ansiosa. Las náuseas siguen aunque no he vomitado. No sé si es bueno, me preocupa, pero no hay con quien compartirlo sin que se angustie y desee llevarme a emergencias, eso me da más miedo. Lo peor es que no dejo de pensar en cómo serían las cosas si estuviera Giancarlo aquí, si el supiera del bebé. Aún recuerdo sus palabras diciendo que no tenga miedo porque él estaría ahí.

—Te extraño mucho Giancarlo. – Digo a la nada

Ding, dong. – Suena el timbre ¿Quién será a estas horas?

—Hablo desde el recibidor. — ¿Quién es?

—Hola Antonella, soy Giovanni pasaba por aquí y te traje unas cosas que puedas necesitar. – Ese Giovanni, seguro piensa que estoy en las últimas.

—No te hubieras molestado. – Le contesto.

—No lo es, déjame subir para dejártelas. – Pide.

—Ok, sube. – Apretó el botón.

Aprovecho para ir al baño lavarme la cara y no sé note tan hinchado mi rostro por el llanto, me puse bien la ropa, me miro en el espejo y ya no me veo tan mal. No paso mucho hasta sentir como tocan la puerta, preparo mi sonrisa falsa de todo está bien. Abro y lo que encuentro no es lo que espero.

—Giancarlo… — Susurro.

Giancarlo:

—Giancarlo. – Susurra al verme parado en la entrada.

—Hola. – La saludo.

—¿Qué haces aquí? Además quien debería estar aquí es Giovanni y no tú. – Habla.

—Puedo pasar, es molesto estar parado con las muletas. – Le pido y por lo visto recién se da cuenta del yeso en mi pierna.

—Claro, pasa. – Me abre el paso y cierra la puerta. Se adelanta y me indica el camino hacia una silla del comedor. Después de todo no fue tan malo que me enyesaran porque estoy seguro que si estuviera bien me hubiera cerrado la puerta en la cara: Gracias. –

—No es nada. Coloca tu pierna aquí.— Pone un cojín en otra silla.— ¿Estás cómodo?

—No deberías tomarte demasiadas molestias.— Le digo.

—¿Qué te sucedió? – Se preocupa, es como si lo que paso no ocurrió.

—El día que te fuiste, apenas leí la carta fui tras de ti. Tome una curva a demasiada velocidad y me choque. – Ella abre la boca como no creyendo lo sucedido.

—¿Te lastimaste mucho? No debías hacer aquello. – Me regaña.

—Me rompí el peroné en tres partes, tuvieron que ponerme clavos. Además de una contusión en la cabeza que me dejo inconsciente un día. – Le cuento. – Tenía que ir por ti.

—Pudiste matarte y yo no lo valgo. – Sigue riñéndome.

—Lo vales, entiende que te amo. Lamento todas las estupideces que pude hacer. – Soy sincero.

—No seas mentiroso. Te escuche que sentías amor por Teodora, que quisiste olvidarla pero bueno no soy el mejor prospecto para que puedas hacerlo. – Hace una pausa. – Decidí irme antes que me echaras.

—Yo nunca te botaría— Le aseguro.

—Te oí, así que no lo niegues. – Me ve seria.

—Mal interpretaste todo, ni siquiera te enteraste de todo… — Quiero explicarle.

—Claro seguro tengo problemas en el oído “Quieres que le diga que no la quiero. Que todo este tiempo solo jugué con ella, que la utilice para olvidar el amor que sentía por Teodora pero que no resulto que ha sido todo un fracaso y que se vaya.” – Repite aquellas palabras.

—Que no la amo. – Termino esa parte. – Pues te tengo una mala noticia. Yo a ella la amo y pienso casarme con ella. Por Teodora solo siento un cariño de hermano… Así que déjame tranquilo. Lisai.

—Como sé si lo que dices es verdad… Y.. aparte yo no soy alguien buena para ti. Busca una mujer sin problemas, que no tenga miedos. – Mira a la ventana, aprovecho para levantarme lo más rápido que puedo y me coloco detrás de ella.

—Eres la mejor y la mujer que me hace feliz sobre todo porque eres la madre de mi hijo. – Coloco mis manos en su vientre.

Ella se asusta separándose de improviso, casi me caigo si no es porque conseguí sujetarme de las muletas.

—¿Cómo te enteraste?— Podía percibir su miedo. – Este bebe no es tuyo.

—Antonella, sé perfectamente que es mío. – Sueno calmado.

—No además tu dijiste que te era infiel que me acostaba con Giovanni y vete tu a saber si no estado con más hombres.— Se altera.

—Antonella no digas tonterías, ese niño es nuestro. No lo niegues.— Quiero que entienda.

—No quiero seguir esta charla sin sentido así que retírate. – Alza el brazo en forma de que me valla.

—No puedo hacerlo. – Le confieso.

—Es sencillo, coges tus muletas tomas un taxi a tu apartamento o llamas a Adam para que venga por ti. – Esta molesta.

—Me escape de la hacienda. – Le digo.

—Explícate. Se sinceró. – Me exige, por lo visto diga lo que diga ella no me va a creer.

—Desde el accidente nadie me ha querido ayudar para ir a buscarte, ni siquiera me han dado un teléfono para poder llamarte dicen que estas mejor sin mi, yo no lo creo. – La miro fijo y ella desvía la mirada.

—Tal vez tengan razón. – Sus palabras me hieren. – Tu mereces una mujer sin tantos problemas, que no te agobie con sus miedos. Tú ya te haz hastiado de mi o lo olvidaste.

—Estaba enojado ese día y no medí mis palabras. – Me excuso.

—Pero es lo que en verdad piensas. – Suspira. – No te culpo ya que sé que soy una molestia.

No lo eres, me gustas, te amo así tal cual eres. Desde que te vi me enamore de ti. – Confieso.

—Deja aquello, que no te creo. Si estás aquí es por el bebe. – Esta triste.

—Estoy por ambos. –La contradigo.

Ya no quiero discutir. – Me responde.

—Tu no quieres entender que te quiero…— Sigo.

—Porque mientes, juegas con mis sentimientos. Es lo que haz hecho todo este tiempo. – Agrega.

—Si solo hubieras sido un juego, no estaría aquí pidiéndote que volvamos, ni siquiera hubiera insistido en que tengamos una relación… Por favor Antonella confía en mi. – Le pido.

—No puedo. – Hace una pausa, coge el teléfono. – toma y llama a Adam para que te recojo o a un taxi. —Se va dejándome solo. Resonando en mis oídos las palabras de Laura, no quiero perder a Antonella no deseo volver estar sin ella y quedarme solo.

Antonella:

Me levanto de improviso, de nuevo esa pesadilla me agobia, toco mi vientre y temo por el porvenir de mi bebe ¿Acaso ese sueño será un mal presagio? Espero que no, amo a este niño desde el momento en que me entere de su existencia a pesar que me mostré renuente al creer estar embarazada, supuestamente me cuidaba y ahora estoy en cinta, en sí no sé como estar. Lo último que recuerdo es quedarme dormida llorando porque él vino a buscarme y queriendo convencerme que en verdad esta enamorado de mi cuando la verdad es otra. Supongo que si lo hizo primero es por el bebe y dos supongo que tal vez la culpa o no quiere estar solo.

Pero que gano estando con alguien que no me quiere, de solo pensar que en todo este tiempo él quiso estar con ella. Eso significa que cuando intimábamos Giancarlo deseo estar con ella quizá hasta la imagino. Duele, ver lo ciega que fui porque no es la primera vez que lo he vivido, Giovanni fue igual todas esas veces, solo quería estar Alexandra o con que mujer, seguro con quien sea menos yo. Todo seria mejor si de nuevo no hubiese arrastrado a un inocente. Aunque esta vez prometo cuidarlo y protegerlo así a mi me cueste la vida.

De nuevo las lágrimas amenazan mis ojos tentadas a escapar a expresar lo que siento aunque a la vez estoy feliz ya que él no reacciono tan mal con lo del embarazo, no dudo hasta me contra dijo cuándo insinué la posibilidad que fuera de otro. Eso más sus palabras dulces me hicieron creer por un momento que tal vez me quería sin embargo esta vez en juego no esta solamente mi vida si no la de mi pequeño, primero estará él sobre todo lo demás.

Estoy segura que cuando salga, Giancarlo ya se habrá ido. Hubiese querido despedirme aunque sería más difícil. A veces me pregunto que tan malo hubiera sido vivir una mentira aunque tarde o temprano me enteraría de la verdad o tal vez él me echaba, después de todo escuche decirle que quería que me vaya. Darle tantas vueltas al asunto no hace bien, debo ir acostumbrando a vivir una vida sin él aunque no estoy sola mi pequeñito está conmigo y debo ser fuerte, ya no estar triste sino feliz.

Me miro en el espejo del peinador, me arreglo un poco el cabello y salgo a ver Amelie y Romeo. Abro la puerta y siento la radio junto un delicioso olor.

—Fetuccini con salsa Alfredo. –Susurro dejándome llevar por el olor.

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